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lunes, 24 de febrero de 2014

La actividad del ocupante (N. J. Habraken)

“Las actividades que el AM [alojamiento de masas] ha hecho imposibles no son, por decirlo de nuevo, de naturaleza arquitectónica, que ésas podemos dejárselas tranquilamente al profesional. Son actividades relacionadas con la construcción y el habitar. Se refieren a consideraciones y decisiones personales, a la formulación de nuestros propios deseos y a la del juicio que nos merezca una obra determinada. Consisten en la evaluación y la elección de numerosos pequeños detalles, la manifestación de preferencias y antojos. Estriban en la libertad de saber mejor que los demás lo que nos interesa a nosotros mismos. Tienen que ver con los cuidados de mantenimiento, o con el descuido de lo que es nuestro; con la repentina ansia de cambio, así como con el empeño en conservar y retener. Radican en la necesidad de exhibir y de crear nuestro propio rededor, pero también en el deseo de compartirlo con otros, o de seguir una moda. La necesidad de imprimir nuestro propio sello puede ser tan importante como la inclinación a pasar desapercibido. En resumen, todo ello se cifra en la necesidad de un rededor personal donde uno pueda hacer lo que quiera; representa, desde luego, uno de los más fuertes impulsos de la humanidad: el deseo de poseer.”


Habraken, N. J. (1962) Soportes: una alternativa al alojamiento de masas. Madrid: Alberto Corazón. p. 32.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Transformación y control (N. J. Habraken)

"El entorno construido, en toda su complejidad, es creado por las personas. Sin embargo es sencillamente demasiado complejo, demasiado grande y demasiado evidente como para ser percibido como una sola entidad, un artefacto como una silla, un carro, una pintura, o incluso un edificio.

Más aún, los entornos construidos tienen vidas propias: crecen, se renuevan y resisten por milenios. La restauración puede servir para congelar obras de arte en el tiempo, resistir los efectos del tiempo. Pero el ambiente habitable sólo puede persistir a través de cambio y adaptación. Es así que la conservación de las casas de los canales del Amsterdam, del siglo XVII, propicia un debate sostenida sobre qué es lo que debe ser conservado y qué podría ser transformado. Las fachadas alineadas en los canales fueron construidas a través de siglos que fueron testigos de profundos cambios en vida doméstica, tecnología, materiales disponibles y estilo. La restauración, como la de una catedral construida en generaciones y subsecuentemente modificada, significa de modo similar congelar un collage de intervenciones. 

Al crecer y cambiar a través del tiempo, el entorno construido parece ser un organismo más que un artefacto. Sin embargo, aún al estar en constante cambio, posee cualidades que trascienden el tiempo. Las identidades de los edificios y de las ciudades persisten por milenios. A pesar de las transformaciones, éstas representan valores compartidos con ancestros y legados a descendientes, juntando pasado y futuro. Una continuidad similar existe en espacios públicos - calles, boulevards, plazas y vecindarios - e incluso en detalles, en el modo cómo es hecha una puerta o ventana, o cómo una habitación es distribuida.

La antigüedad de los monumentos y espacios públicos, y el significado con el que éstos son investidos, revela qué tanto cambia permanentemente. Los edificios son demolidos; calles antiguas se amplían; nuevas calles se insinúan dentro del tejido urbano existente. Incluso las cualidades del espacio público - en apariencia tan permanentes - son gradualmente alteradas por la transformación de los edificios y de las calles que las definen.

En breve, la misma durabilidad y trascendencia el entorno construido es posible sólo porque hay continuo cambio. En este respecto, el entorno construido es, efectivamente, orgánico: la constante renovación y re-ubicación de células individuales lo conserva y le da la habilidad de persistir."

LiMAC: Nicole-Franchy, Residencial San Felipe (li-mac.org)

Habraken, N. J. (1998) The Structure of the Ordinary. Cambridge: MIT Press. pp 6-7.

domingo, 20 de mayo de 2012

Un medio de auto-expresión (N. J. Habraken)

"Los habitantes de una ciudad de alojamiento de masas no pueden poseer su ciudad. Permanecen alojados en un rededor que no es parte de sí mismos. Para identificarse con tal rededor tendrían que cambiar; no existe otra manera. Por eso se dice a veces que los habitantes "tienen que hacerse a ello". Tal afirmación es justamente lo opuesto de la intención de todo alojamientos. [...] La cuestión es si tenemos que adaptarnos con dificultad a lo que ha sido producido con una dificultad aún mayor o, por el contrario, si llegaremos a hacer algo que, desde su origen, forme parte de nosotros mismos, para bien o para mal. Así que lo que hoy se da no es más que la producción de cuarteles perfeccionados. El concepto de vivienda para pobres ha salido del slum, ha sido provisto de alcantarillado, de aire y luz y puesto a la vista. Por importante que sea el que el alcantarillado, la luz y el aire sean accesibles a todos, el hecho es que sólo les fueron concedidos en una situación gigantesca de acuartelamiento. La única manera que le queda a la población de dejar su impronta en las inmensas formaciones de bloques de viviendas varados alrededor del centro de nuestras ciudades es el arruinarlos. La destrucción como único escape. 

Las iniciativas [...] siempre han entrado en operación cuando habitantes y vivienda han tomado contacto. Las viejas casas legadas por nuestros antepasados son prueba de ello. Cada generación, cada ocupante, cambió aquello con que se encontró. [...] Estas alteraciones no siempre fueron hechas con un propósito funcional. Lo fueron para ponerse de acuerdo con los tiempos o porque las ideas sobre la manera de vivir cambiaron, porque no podía uno identificarse con lo recibido o porque ello era de otra generación diferente. El ocupante raramente estaría interesado en valores estéticos, y, de cualquier forma, tales consideraciones cambiarían tanto como la casa misma. Pero lo que la casa le suponía era un medio importante de ilustrar su posición en la vida. Era su expresión social, la manera de establecer su ego. Para ello era necesario que el ocupante poseyera la vivienda en el sentido más amplio de la palabra. Si llevaba a cabo cambios no era con el fin de preservar el edificio, sino porque no podía tirar la casa abajo y empezar de nuevo. El ocupante no tenía ningún interés por la apariencia original de la casa en que, en ese momento, le había tocado vivir. Sólo se preguntaba si el aspecto total correspondía con su idea del que una casa debería tener, y si no ocurría así, trataba de conseguir que así fuera."

Habraken, N. J. (1962) Soportes: una alternativa al alojamiento de masas. pp 34,35. Alberto Corazón Editor, Madrid.

domingo, 10 de abril de 2011

Huaycán, zona O

“Si investigamos sobre la naturaleza de la influencia que el habitante puede ejercer, vemos inmediatamente que ésta no es despreciable, porque, originándose en las acciones cotidianas de la gente, está íntimamente ligada a las actividades humanas esenciales […] que resultan no ser la indeseable interferencia que el alojamiento de masas las ha hecho parecer, sino que son, por el contrario, tan naturales y se presentan con tal evidencia, son tan simples y tan de todos los días, que parece superfluo siquiera mencionarlas. Al mismo tiempo, a tal extremo se entretejen con la felicidad y la dignidad humanas que son mucho más que una mera influencia en el proceso de alojamiento.”

Habraken, N. J. (1962) Soportes: una alternativa al alojamiento de masas. pp 27, 28.
Alberto Corazón Editor, Madrid.
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