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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Estética e informalidad (video)

Compartimos el video del conversatorio "Estética e Informalidad" con Jaime  Bailón y Cristina Dreifuss, moderado por Christopher Schreier y organizado por la Carrera de Arquitectura de la Universidad de Lima.


sábado, 19 de junio de 2010

Los productos artísticos (J. Acha)


Juan Acha: Los productos artísticos, 1979
(upload.wikimedia.org)

Clasificación contemporñanea de los productos artísticos según el filósofo Juan Acha. Se considera una suerte de "espina dorsal" central, basada en las tradicionales bellas artes, y una serie de producciones artísticas relacionadas. 

jueves, 17 de junio de 2010

Kitsch and Tendentious Art (H. Broch)

"The essence of kitsch is the confusion of ethical and esthetic categories; kitsch wants to produce not the "good" but the "beautiful". And if this means that the kitsch novel, even while often using quite naturalistic language, i.e., the vocabulary of reality, describes the world not as it really is but as it is hoped and feared to be, and if quite analogous tendencies turn up in the fine arts as well, if kitsch in music depends exclusively on effect - one need only think of the so-called bourgeois salon music, remembering that in many respects the music industry of today is its overbred offspring - still one must concede that no art can work without some effect, without a smattering of kitsch. In the dramatic arts, kitsch becomes a structural bourgeois one, namely, opera, in which effect is the principal structuring element; and one should not forget that opera by its very nature is distinctly "historical", and that that relationship between artwork and public where the "effect" is actually revealed is a matter of the empirical, the earthbound. The means employed for effect are always "proven", and they can hardly be increased any more that the number of possible dramatic situations could be increased: that which is past and proven appears over and over again in kitsch; in other words (a troll through any art exhibit will confirm this), kitsch is always subject to the dogmatic influence of the past - it will never take its vocabulary of reality from the world directly but will apply pre-used vocabularies, which in its hands rigidify into cliché, and here is the nolitio, the rejecting of goodwill, the turning away from the divine cosmic creation of values." (pp 32,33)

Broch, Hermann. "Kitsch and Tendentious Art (1955). In: Geist and Zeitgeist. The Spirit in an Unspiritual Age, Hermann Broch, 31-39. New York: Counterpoint, 2002.

domingo, 30 de mayo de 2010

Estética moderna - Línea de tiempo


Principales pensadores que tratan diversos aspectos de la estética desde el siglo XVII hasta la actualidad, agrupados según las corrientes a las que pertenecen.

Fuente:
Franzini, Elio; Mazzocut-Mis, Maddalena: Estetica. I nomi, i concetti, le correnti. Mondadori. Milano, 1996.

Cuadro elaborado por Cristina Dreifuss Serrano para el curso de Estética del Postgrado en Arquitectura - Teoría, Historia y Crítica en la Univerisidad Nacional de Ingeniería.

jueves, 20 de mayo de 2010

El momento estético

En las artes visuales el momento estético es ese instante fugaz, tan breve hasta ser casi sin tiempo, cuando el espectador es un todo con la obra de arte que está contemplando, o con la realidad de cualquier género que el espectador mismo ve en términos de arte, como son la forma y el color. [...] Ambos se convierten en una sola entidad: el tiempo y el espacio son abolidos, y el espectador está poseído de un único conocimiento. [...] el momento estético es un momento de visión mística.


Berenson, B. (1966 (1948)). Estética e historia en las artes visuales. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. p 86.

viernes, 7 de mayo de 2010

Categorías estéticas


Diagrama elaborado por Cristina Dreifuss Serrano (Many Eyes). 
Fuente: FRANZINI, Elio y MAZZOCUT-MIS, Maddalena (2000): Estetica. I nomi, i concetti, le correnti. Mondadori, Milano.

viernes, 16 de octubre de 2009

Decadencia y ocaso de lo huachafo (E. Rivera Martínez)


"La connotación peyorativa (del término huachafo), por otro lado, se fue entretejiendo de otra más benévola, y no exenta de malicia. Se veía en la huachafa, además del mal gusto, una cierta ingenuidad, al par que una fundamenta alegría y desenfado. Esa resonancia era casi afectuosa tratándose de muchas solteras y agraciadas. Tener por ahí una huachafita, más o menos encubierta, era para un mozo de sociedad etapa obligada, deleitoso aprendizaje. Ese nimbo se desvanecía, en cambio, si se trataba de mujeres casadas, animadas por una voluntad ya más sistemática de ascenso. Ya la calificación se hacía especialmente malévola si las víctimas eran esposas de diputados, de coroneles, de nuevos ricos.

Han transcurrido los años. El campo se vuelca cada vez más a la ciudad. Los limeños genuinos son reducida minoría en la capital. Y la emergencia de grupos medios con cierta cultura - profesionales, intelectuales, artistas, técnicos calificados -, y la difusión masiva facilitada por la televisión y los periódicos, determinan una extensión correlativa de usos, vocablos, hábitos y distintivos que antes eran de unos pocos. Acontece también que el formalismo que imperaba en las costumbres de otras décadas, ha cedido ahora antes formas mucho más fluidas, laxas e incluso cambiantes. ¿Cómo podría conservarse entonces, y tener la misma vigencia, el criterio de lo "huachafo"?

Más aún, lo huachafo tenía que ver con singularidades fácilmente detectables en un medio conocido y homogéneo. Había un consenso, por así decir, en la identificación inmediata del fenómeno. Ahora, con cientos de miles de ambulantes, con innumerables barriadas, con el crecimiento masivo de los grupos medios - y su actual y masivo empobrecimiento -, y en una ciudad que es ya una urbe, la aplicación de esa palabra resulta inadecuada, y , en todo caso, fuera de época. Tiene lugar, pues, en este sentido, un ocaso de lo huachafo.

No desaparecen, por cierto, las contradicciones y estridencias en el uso de palabras y vestidos. El mal gusto es fenómeno de todas las épocas. No han desaparecido las ambiciones emergentes de los grupos de menores recursos. No, desde luego. Sucede más bien que hoy son otras las armas de que se vale la élite, y quienes ingresan a ella, para defender el cerrado círculo de sus intereses y privilegios."

Edgardo Rivera Martínez
Correo, 14/01/1979.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Estética (II)



En la actualidad, luego de la proliferación y eventual desgaste de las vanguardias del siglo XX, el arte se encuentra en un período de eclecticismo y omnipresencia en el sentido en que hoy, más que nunca, casi todos los productos son llevados a la categoría de “lo artístico”, mientras que, cada vez son más los artistas que exploran alternativas novedosas en cuanto a materiales, formas y la aplicación de nuevas tecnologías.[1]

En este contexto, hablar de estética implica siempre una revisión de las acepciones del término en si historia y de las nuevas posibilidades que éste nos plantea como herramienta (medio) para el análisis, la comprensión y la valoración de la producción contemporánea.

La estética no es el estudio de un constructo intelectual producto de un proceso racional y consciente, sino que muchas veces ocurre, ya que podemos emitir un juicio estético incluso antes de haber terminado de entender la obra y las motivaciones en su creación.

Este tipo de juicio se manifestará con apreciaciones del tipo “me gusta, no me gusta, es feo, es interesante, es ridículo”. Es así que el juicio del gusto, o del placer, no se constituye en un proceso lógico, sino que se trata de la apreciación subjetiva de ciertas acciones humanas. La estética como disciplina busca ordenar los procesos tras dicha apreciación y producir un sistema – en constante reinvención – que nos permita llevarla al plano de lo consciente, ya que no de lo racional.

La principal característica de la estética de nuestro tiempo, a diferencia de lo ocurrido durante el siglo XVIII e inicios del siglo XIX, e incluso lo enunciado durante el apogeo de la modernidad, es que ya no se puede referir al arte y a la producción artística cualquiera en términos absolutos. Ya no es la rama de la filosofía que se encarga de valorar lo bueno, lo bello y lo verdadero en el arte como categorías absolutas y ya no puede enjuiciar una obra de manera tajante. Nuestro tiempo no nos provee de herramientas o normas para definir categorías estéticas que sean válidas para las manifestaciones artísticas de la historia, ni acepta aquellas que los diferentes períodos históricos nos ofrecen.

Esta realidad ha devenido en un arte y una crítica del arte donde, en apariencia, todo es válido. La severidad del arte académico en donde el término estética comenzó a ser empleado, ha sido reemplazada por una indulgencia que hace sumamente complicado el análisis de lo que la obra nos provoca y su valoración.

En la arquitectura, las proporciones, el orden compositivo – zócalo, cuerpo y remate – la simetría, los ritmos, el equilibrio y otras muchas categorías tradicionalmente identificadas con la coherencia estética han sido hoy reemplazadas por categorías que constituyen una distorsión de las antes mencionadas o incluso, se refieren a lo opuesto: ambigüedad, asimetría, descomposición, sobreposición, yuxtaposición, entre muchas otras.

Si ya no podemos analizar el arte en función a términos absolutos, y los nuevos recursos y manifestaciones de éste hacen imposible el establecimiento de categorías de estudio en base a su forma que no esté condenadas a su propia caducidad, ¿en qué consiste, entonces, el debate estético contemporáneo?

La estética actual se basa en la subjetividad, tanto creadora como de aquel que se encuentra frente a la obra. Las categorías de bello o feo, entonces, se relativizan. Éstas deben ser vistas desde diversos ángulos que no parten de una norma o canon establecido, sino que van a depender de las subjetividades e intersubjetividades de los individuos que crean el objeto y de aquellos que lo perciben.

Los cánones formales han sido reemplazados por las voluntades de crear, representar y comunicar. Creemos que es en éstas que debe centrarse el quehacer de la estética. Sin embargo, las características formales del objeto son indispensables, en cuanto lo configuran y constituyen el lenguaje mediante el cual dicho objeto transmite un determinado mensaje (con o sin el consenso y la voluntad del creador).

Desde una perspectiva práctica, operacional, se enuncia en un primer momento que el análisis de la estética parte de la forma, como un todo y como un conjunto de partes que la constituyen. Dicha forma debe ser entendida y analizada no sólo como forma en sí misma (según las categorías ya mencionadas de proporción, simetría, etc.), sino en función a lo que ésta representa. La forma, dejará entrever las ideas, aspiraciones, sueños, mitos y creencias de quien la concibió. [2]

En un segundo momento, la estética debe ocuparse de la idea tras la creación, y cómo ésta viene representada por la forma previamente analizada. El conjunto de ambos elementos: forma e idea, nos dan la caracterización del objeto.

Existe, además, un tercer elemento fundamental: la llegada que el objeto en cuestión tiene en los demás individuos. Hemos hablado de un mensaje que se transmite, independientemente a la voluntad del creador, a través de la forma, pero no debemos olvidar la decodificación que el receptor hará de dicho mensaje, que podrá coincidir o no con la voluntad creativa que motiva la existencia o las características de de dicho objeto.


[1] “El régimen estético del arte es el tejido sensible, la red de nuevas relaciones entre el “arte” y la “vida” constituido a la vez por las invenciones artísticas, los nuevos lenguajes que no cesan de aparecer sin necesidad de asesinar a los lenguajes clásicos y las mutaciones en la percepción y en la sensibilidad ordinarias.” ALZURU, Pedro: “Una querella sin fin”. Revista de arte y estética contemporánea. Enero – Junio 2007. Mérida. P 98.

[2] “Estudiar la estética del imaginario, en las manifestaciones iconográficas postmodernas precisa el rescate de conceptos de la modernidad, que, siendo un estilo, posee paradigmas definidos tales como el progreso, el avant-garde, la búsqueda por lo nuevo, por lo único y lo original. […] La postmodernidad, a su vez, es inclusiva, es una tendencia, o una condición que acepta prácticamente todas las manifestaciones del imaginario humano […]. Esta condición postmoderna, entonces, valora lo ecléctico, la ambigüedad, la polisemia, la hibridación de muchas formas, mantiene un juego de una iconografía ecléctica y busca la multidimensionalidad y la libertad.” FURTADO RAHDE, Maria Beatriz y DALPIZZOLO, Jaqueline: “Considerações sobre uma estética contemporânea”. Revista da Associação Nacional dos Programas de Pós-Graduação em Comunicação. Abril 2007. P 7.

Estetica (II)



Nell’attualità, dopo la proliferazione e decrescita delle avanguardie del XX secolo, l’arte si trova in un periodo di eclettismo e onnipresenza nel senso che oggi, più che mai, un grande numero di prodotti cerca di essere portati alla categoria dell’“artistico” mentre che il più delle volte sono gli artisti che esplorano nuove scelte in materiali, forme e applicazioni di nuove tecnologie. [1]

In questa situazione, parlare d’estetica implica sempre un esame delle accezioni del termine nella sua storia e delle nuove possibilità che esse ci offrono come attrezzo (mezzo) per l’analisi, la comprensione e la valutazione della produzione artistica contemporanea.

L’estetica non è lo studio di una costruzione intellettuale, prodotta da un processo razionale e cosciente. Ci capita frequentemente che si possa emettere un giudizio estetico anche prima di capire il senso dell’opera e le motivazioni della sua creazione.

Questo tipo di giudizio si manifesterà con opinioni come “mi piace, non mi piace; è brutto, è interessante, è ridicolo”. È così che il giudizio del gusto o del piacere non si costituisce come un processo logico, ma è il godimento soggettivo di certe azioni umane. L’estetica come disciplina vuole ordinare i processi dietro di questo sentire di fronte all’opera d’arte e produrre un sistema – in costante reinvenzione – che ci permetta di portarla nel piano della coscienza, se non della razionalità.

La principale caratteristica dello studio contemporaneo dell’estetica - a differenza di quello che succedeva nel XVIII secolo e all’inizio del XIX, e anche con i postulati dalla modernità - è che non è più possibile fare riferimento all’arte e a una qualunque produzione artistica in termini assoluti.L’estetica non è più il ramo della filosofia che ha come compito la valutazione del buono, del bello e del vero nell’arte come categorie assolute e allora non può esprimere un giudizio tassativo su l’opera d’arte. Il nostro tempo non ci offre mezzi o regole che descrivano categorie estetiche valide per le manifestazioni artistiche della storia, né accetta quelle che i diversi periodi storici ci offrono.

Questa realtà ha prodotto un'arte e una critica dell'arte nella quale sembra che tutto sia valido. La severità dell'arte accademico dove il termine "estetica" si origina, è spostata da un'indulgenza che rende difficile l'analisi di quello che l'opera significa, di quello che provoca in noi, e quindi, della sua valutazione.

Nell’architettura le proporzioni, l’ordine compositivo, la simmetria, i ritmi, l’equilibrio e tante altre categorie tradizionalmente identificate con la coerenza estetica sono stati sostituiti da categorie che si costituiscono come una distorsione di quelle o che, addirittura, si riferiscono proprio al loro contrario: ambiguità, asimmetria, decomposizione, sovrapposizione, giustapposizione e forme originate dal computer, tra tante altre.

Se adesso non possiamo continuare ad analizzare l’arte basandoci su termini assoluti e se i nuovi risorsi rendono impossibile lo stabilimento di categorie di studio che partano dalla forma e che non siano condannate alla sua caducità, come si organizza il dibattito estetico contemporaneo?

Da una prospettiva pratica, operazionale, diciamo in un primo momento che l’analisi dell’estetica parte della forma come un insieme ma anche come il complesso di parti che la costituiscono. Questa forma deve essere capita e analizzata non solo come forma in se stessa (secondo le categorie già note di proporzione, simmetria, ecc.), ma in funzione di quello che essa rappresenta. La forma ci permette di intravedere le idee, i sogni, i miti e quello che crede chi la concepisce. [2]

In un secondo momento, l’estetica deve occuparsi della motivazione che sta dietro la creazione e di come questa sia rappresentata attraverso la forma. L’insieme di questi due elementi: forma e idea, ci offrono la caratterizzazione dell’oggetto.

Esiste ancora un terzo elemento fondamentale: la ricezione che il suddetto oggetto ha negli altri individui. Abbiamo già parlato di un messaggio che è trasmesso - al di là della volontà del creatore - attraverso la forma. Non dobbiamo dimenticar però il processo di decodificazione che il fruitore segue di fronte al messaggio, che potrebbe coincidere o no con la volontà creativa che motiva l’esistenza o le caratteristiche specifiche di quell’oggetto.



[1] “Il regime estetico dell’arte e il tessuto sensibile, la rete di nuove relazioni tra l’“arte” e la “vita”, costituito alla sua volta dall’invenzioni artistiche, i nuovi linguaggi che continuano ad apparire senza assassinare i linguaggi classici e le mutazioni nella percezione e nella sensibilità ordinaria.” ALZURU, Pedro: “Una querella sin fin”. Revista de arte y estética contemporánea. Gennaio – Giugno 2007. Mérida. P 98.

[2] “Studiare l’estetica dell’immaginario, nelle manifestazioni iconografiche postmoderne, precisa il recupero de concetti della modernità che, essendo uno stile, possiede paradigmi definiti come il progresso, il avant-garde, la ricerca del nuovo, per essere unico e originale. […] La postmodernità, alla sua volta, è inclusiva, è una tendenza, oppure una condizione che accetta praticamente tutte le manifestazioni dell’immaginario umano […]. Questa condizione postmoderna, quindi, valorizza quello che è eclettico, l’ambiguità, la polisemia, l’ibridazione di molteplice forme, trattene un gioco di un’iconografia eclettica e cerca la multidimensionalità e la libertà.” FURTADO RAHDE, Maria Beatriz y DALPIZZOLO, Jaqueline: “Considerações sobre uma estética contemporânea”. Revista da Associação Nacional dos Programas de Pós-Graduação em Comunicação. Abril 2007. P 7.

domingo, 10 de mayo de 2009

Estetica (Elio Franzini & Maddalena Mazzocut-Mis)

"L'estetica è di per sé (...) un territorio dagli incerti confini e volerli fissare in via preliminare all'interno di una troppo rigida griglie può costituire un pericolo metodologico. (...)

In quando tale, con il nome che oggi conosciamo, (l'estetica) nasce nel 1735, quando (...) Gotlieb Alexander Baumgarten (...) parla per la prima volta di estetica nella sua opera Meditazioni filosofiche su alcuni aspetti del poema. In quest'opera, dedicata alla poetica e all'oratoria, (...) si giunge a un'importante conclusione: filosofia poetica, afferma Baumgarten, è la scienza che dirige verso la perfezione l'orazione sensitiva. Bisogna dunque supporre nel poeta una facoltà sensitiva inferiore, che dovrebbe essere diretta da una "logica". Ma la logica è ritenuta la scienza della conoscenza filosofica, cioè una scienza che dirige, nel conoscere la veritá, la facoltá conoscitiva superiore. Bisogna allora supporre un'"altra" logica e ipotizzare che "si possa dare una scienza la quale diriga la facoltá conoscitiva inferiore: o scienza del conoscere sensitivo". Cosí, utilizzando la ben nota distinzione tra rappresentazioni estetiche e rappresentazioni noetiche (...) Baumgarten conclude che le rappresentazioni noetiche sono da conoscersi mediante la facoltá conoscitiva superiore, oggetto della logica, "mentre le rappresentazioni estetiche sono oggetto della scienza estetica ovvero della estetica". (Baumgarten, Meditazioni..., 1735)

(...) Baumgarten afferma che l'estetica non deve temere la confusione, osservando al contrario che essa "a) è peró condizione irrinunciabile per poter scoprire la veritá, dato che la natura non fa salti passando dall'oscuritá alla distinzione. Il mezzodí viene dalla notte, passando per l'aurora; b) e proprio per questo bisogna prendersi cura della confusione, affinché non ne scaturiscano errori, come appunto (e quanti!) sopravvengono a chi li trascura; c) non lodiamo la confusione, ma intendiamo perfezionare la conoscenza in quanto le sia, come necessariamente le è, misto un po' di confusione". (Baumgarten: Estetica, 1750).

(...) Baumgarten permette di costruire l'estetica non solo come generico nome in grado di raccogliere, leibnizianamente, una "unitá nella varietá", in un asettico quadro armonico, non solo dunque consente di riconoscere in un nome le ricerche, antiche e moderne, sul bello, sull'arte, sull'immaginazione, sul sublime, sulla poetica o sulla retorica, ma anche, e sopratutto, istituzionalizza al di lá dell'etimologia, quasi a sigillo della sua essenziale "confusione", il carattere poisemantico del termine estetica: polisemanticitá in cui siamo ancora oggi immersi.

L'estetica è allora (...) la scienza della sensibilitá, lo studio el bello nelle sue varie forme, la teoria dell'arte, il punto di raccordo dei caratteri sensuali di poetica e retorica, la disciplina in cui si confrontano quei poteri dell'uomo che, come l'immaginazione, costruiscono rappresentazioni extralogiche."

FRANZINI, Elio & MAZZOCUT-MIS, Maddalena: Estetica
Bruno Mondadori. Milano, 2000.
(pp. 1-6)

viernes, 3 de abril de 2009

Estética (I)

Es casi redundante señalar que el arte popular ha existido siempre. Se podría llegar a afirmar que el arte tiene su origen en lo popular, en la voluntad de expresión de una colectividad, entre la que, posteriormente, se distinguen individuos que, por su talento, son encomendados con la tarea de la producción artística. El arte, entonces, se separa: por un lado, el arte culta, “oficial”, y por otro la producción del pueblo y de cada individuo.

“È sempre accaduto che i membri delle classi “alte”giudicassero sgradevoli o ridicoli i gusti delle classi “basse”. Si potrebbe certo dire che in queste discriminazioni hanno sempre giocato fattori economici, nel senso che l’eleganza è sempre stata associata all’uso di tessuti, colori e gemme costosissimi.” (Eco, 2007: 394)

En la actualidad, el arte popular podría dividirse en dos grupos, según su origen. El primero, un arte popular “tradicional”, herencia histórica que hoy se sigue poniendo en práctica (por medio de la artesanía, las danzas típicas o los festivales, por ejemplo). El segundo es un arte popular “moderno”, identificado con conceptos como la reproductibilidad técnica (Walter Benjamin), la industrialización (Celeste Olarquiaga), el incremento del poder adquisitivo y el desarrollo de los medios de comunicación (Abraham Moles).

Sin embargo, a diferencia de otras épocas, la distinción entre el arte de museo y al arte popular ha dejado de ser clara y tajante. El arte, ahora, es para todos y está a disposición de todos, ya sea por medio de la reproducción a distintas escalas de obras de arte culto “famosas” o por la creación de objetos que buscan despertar el placer estético, y que son estratégicamente colocados en el mercado.

Para fines del presente estudio, reconoceremos un arte popular tradicional, identificado con el folklore y la artesanía, como un arte popular-rural. El paralelo, reconocemos el arte de origen popular desarrollado en las ciudades, de cara a y bajo el influjo de la modernidad – identificado por Dwight Macdonald como Masscult (Macdonald, 1997) – como arte popular-urbano.

“Se percibe […] en el imaginario visual del postmoderno, que la división entre cultura de élite (el arte culto) y cultura popular (el kitsch, el collage) ya no tiene sentido, una vez que la obra híbrida es combinatoria y deconstructivista, alimentada por lo imaginario.” (Furtado y Dalpizzolo, 2007: 11)


FURTADO M. B. & DALPIZZOLO, J.: “Considerações sobre uma estética contemporânea"
ECO, Umberto:
Apocalittici e integrati

sábado, 7 de marzo de 2009

La estética de (lo huachafo en) la arquitectura limeña contemporánea

... es el título de mi tesis de doctorado.

Como casi todo en una tesis, es provisional. Pero los elementos clave están y, probablemente, se quedarán: estética, arquitectura, Lima.

Lo huachafo es un tema aparte. Es una palabra que me gusta rumiar, saborear, descubrir. Es, además, una palabra que no tiene equivalente en ningún otro idioma. Hay quienes opinan que es un sinónimo de kitsch, pero espero poder convencer de que aunque sean primos hermanos, el huachafo y el kitsch son categorías distintas.

Dado que esta tesis se gesta bajo el ¿amparo? de una universidad italiana, trataré de escribir también en italiano. Pido disculpas por los errores gramaticales y los horrores ortográficos.

Y paciencia, que algo saldrá.
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