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martes, 14 de noviembre de 2017

Atlas sonoro - Perú (I Thays)

(blogs.elpais.com)
Con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Panamá en 2013, se elaboró un Atlas Sonoro, en el que escritores de los diferentes países participantes proponían la palabra que más representaba a su país.

¿Cuál es el peruanismo más peruano?

"Perú: HUACHAFO 

Iván Thays. Aunque se considera un sinónimo de cursi, su significado es más amplio y va de lo gramatical a lo sociológico. La huachafería es imitar o pretender ser lo que no es. Además, está relacionado a lo ostentoso, falta imperdonable en un país donde se sobrestima el perfil bajo. Su uso es tan subjetivo que resulta incluso huachafo el andar señalando las huachaferías de los demás."

Leer la nota completa de El País, aquí.

martes, 20 de junio de 2017

¿Qué es huachafo? (N. Majluf)

"La huachafería no es cuestión de gustos; es una forma de travestismo que no tiene conciencia de su propia inadecuación. Es una pretensión necesariamente ignorante. En el caso del ornato público, la desinfomración y la improvisación (producto de la ignorancia) han sembrado una polución visual udaz e inaudita generando verdaderas obras maestras de la huachafería: el óvalo Gutiérrez, el Norky's de José Pardo y la avenida La Marina todita entera. Seleccionar, en el vastísimo mar kitsch que es el paisaje urbano limeño, una obra que ejemplifique la huachafería, se convierte así en una tarea virtualmente imposible.

Pero podemos escoger un ejemplo que llega a ser instructivo: el proyecto muralista "Tren eléctrico". Éste se basa en el falso supuesto que no puede haber un espacio público sin adorno. Como parte integral de esta consigna municipal - y no sólo en Lima - surge la idea de que toda superficie vertical y horizontal debe ser necesariamente cubierta de pintura. Y nada más ridículo que intentar desaparecer estos verdaderos monstruos de concreto con caricaturas de paisajes andinos, alpinos y hasta escandinavos. Hacer "cultura" a brochazo limpio de Vencedor.

La huachafería hace escuela. Al otro lado de la avenida Angamos, Surquillo ha querido superar la iniciativa sanborjina. Ha optado en este caso por ahorrar un poco en pintura y dejar recuadros mal acabados para dibujar sobre ellos diversas especies naturales, que han convertido los bloques de cemento en la versión monumental del álbum de figuritas Navarrete, colores estridentes y todo. Han coronado esta Alamenda de la Fauna y la Flora con una pileta-tina de donde salen "volando" unas indescriptibles aves de neón. Me imagino que sus autores habrán pensado que creaban conciencia ecológica.

Pero ya en San Borja, la naturaleza misma se ha encargado de ofrecer una alternativa al problema estético del tren eléctrico: varios basamentos ubicados en ese distrito empiezan a cubrirse de enredaderas. Queda la esperanza de que esta original propuesta de áreas verdes verticales termine, de una vez por todas, con el ornato oficial. La naturaleza lograría así revertir completamente la huachafería implícita de estos bosques travestidos."

De Aucahuasi - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16700639


Revista DEBATE, Vol. XX, No. 104. Dic-Ene 1998-1999 (pp 49-50).

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Qué es lo huachafo en la arquitectura?

Publicado en archdaily el 3 de mayo de 2016.


"El uso del huachafo nace de la necesidad humana universal de decorar y hacer propio un espacio. Muchos modelos de la arquitectura contemporánea son abstractos, simples en forma e incluso difíciles de entender. Se prefiere, en su lugar, la acumulación de símbolos familiares – el ingreso, la ventana, la cortina, el techo a dos aguas – y el resultado final es una suerte de horror al vacío manifestada en el uso de muchos elementos que, ya sea por sus características formales que por sus características simbólicas, contribuyen a llenar el espacio y, según el pensamiento del usuario, hacerlo más rico. Esta es la primera premisa social que se desprende del huachafo: el enriquecimiento de la experiencia por medio de la combinación de un gran número de recursos formales y estilísticos que dejen poco lugar al espacio libre. Se prefiere la mezcla de colores y materiales, la multiplicidad de usos de un mismo objeto y la combinación de muchos objetos de diferentes procedencias."

Vivienda en etapa inicial (M. Jumpa)
Leer el artículo completo AQUÍ.

jueves, 22 de enero de 2015

Arquitectura (I. Chtgheglov)

Arquitectura:

"La forma más sencilla de articular el tiempo y el espacio, de modular la realidad, de hacer soñar. No solo es una articulación y modulación plásticas, que son expresión de una belleza pasajera, sino también una modulación influencial que se inscribe en la curva eterna de los deseos humanos y de los progresos en la materialización de dichos deseos.

Así pues, la arquitectura del mañana será un instrumento para modificar las concepciones actuales del tiempo y del espacio. Será un instrumento para conocer y para actuar.

Los conjuntos arquitectónicos podrán modificarse. Su aspecto cambiará total o parcialmente en función de la voluntad de sus habitantes."

Chtgheglov, Ivan (alias Gilles Ivain), "Formulaire pour un nouveau urbanisme", Internationale Situationniste, N 01, París, 1958.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Costumbristas y huachafos (L. Loayza)

(www.pufperu.com)
"Varios autores costumbristas se han extasiado ante las sutilezas que encierran las palabras huachafo, huachafa, huachafería y una colección de estas páginas formaría un volumen de pésima literatura. Lo huachafo no es sino la versión limeña de lo cursi, sin duda con sus notas propias, pero la palabra entraña casi siempre una connotación social: huachafa es la gente que aparenta los modales de una clase superior a la suya y a quien tal pretensión hace ridícula. Esto bastaría para adivinar que las burlas cuyo tema es la huachafería no son muy nobles ni muy valientes, puesto que se encarnizan en personas débiles que no pueden defenderse. Los huachafos son la imitación irrisoria de la gente decente, es decir las buenas familias que disponen a su favor del nacimiento, la educación, el poder, el dinero: la clase dominante, en suma, contra la cual no se escriben sátiras. El tema de la huachafería es típico de la sociedad limeña tradicional, sociedad jerarquizada en la que cada uno debía permanecer en su lugar, aunque la Independencia hubiera suprimido, al menos en teoría, las divisiones coloniales. Durante el siglo XX, a medida que aumenta la movilidad social, ese tema tiende a desaparecer y con él todo el llamado costumbrismo.

No es extraño que a comienzos del siglo XIX, los modelos literarios del costumbrismo vinieran de España, país resistente a la modernidad. En Francia e Inglaterra, en cambio, la literatura costumbrista fue marginal, y uno de los temas centrales de la novela sería, durante todo el siglo, la historia del joven sin títulos y sin dinero que consigue imponerse a la sociedad. Señalemos dos versiones extremas de las muchas propuestas. La primera, más o menos idílica es el joven lleno de virtudes que gracias a sus esfuerzos o a una intervención providencial, alcanza la felicidad del burgués, como algunos personajes de Dickens. La segunda es más realista: el ambicioso recurre a cualquier medio, honesto o deshonesto, y los escrúpulos son una rémora más que otra cosa, como en tres ejemplos de la literatura francesa: Julien Sorel, Rastignac, Bel-Ami. Naturalmente en la sociedad peruana no faltaron ejemplos semejantes pero no llegaron a la literatura, no fueron personajes ejemplares de la sociedad. No es sólo que nos faltaran escritores como Stendhal, Balzac o Maupassant, sino que no podíamos tenerlos, nuestro atraso de país semi-colonial hecía imposible que aparecieran entre nosotros tales manifestaciones de la conciencia crítica. ¿El propio Balzac no hubiera parecido un huachafo a los señores limeños?

Loayza, Luis (1981) "Costumbristas y Huachafos". Hueso Húmero, Nº 9, Lima, abril-junio de 1981, pp. 90-91. En: Rivera Martínez,Edgardo (2002) Antología de Lima. Lima: Fundación Bustamante de la Fuente. pp. 210-211.

viernes, 8 de marzo de 2013

Interculturalidad (J. I. López Soria)

"La interculturalidad es, en primer lugar, una convocatoria a todos a tomar conciencia de que tanto el proyecto colonizador como el republicano de ayer y de hoy están montados sobre una violencia cultural y simbólica que, por cierto, acompaña y facilita la violencia económica y política que ejercemos sobre las poblaciones originarias y afrodescendientes. De hecho, la inclusión en la sociedad a la que llamamos moderna pasa por una neutralización de las pertenencias culturales de los incluidos. La ganancia con la inclusión exige la pérdida de componentes tan importantes para la realización personal y colectiva como la lengua, las creencias, las nociones de vida buena, las vinculaciones sociales, la relación con el territorio, etc. Dudo de que estas pérdidas puedan ser compensadas con “cheques netos” a favor de los perdedores. [...]

La interculturalidad, por otra parte, es mucho más que un expediente para la identificación y la resolución de conflictos. La perspectiva intercultural propone al Estado y, en general, al poder la reconciliación con la diversidad cultural, lingüística y de formas que vida que enriquece a la sociedad peruana. Acostumbrados a mirar la diversidad como desventaja, venimos esforzándonos desde antiguo en la construcción de homogeneidad. Por eso no es raro que veamos la ciudad como un vehículo “de unificación cultural”, cuando, en realidad, en sociedades multiculturales como la nuestra, la ciudad es también y principalmente un espacio de encuentro de diversidades.

Finalmente, pero no en último lugar, la perspectiva intercultural apunta a la construcción de una convivencia digna, enriquecedora y hasta gozosa de las diversidades que nos constituyen como comunidad histórica. Y en ese proceso, la equidad es a lo económico y la participación es a lo político como la interculturalidad es al mundo simbólico. Sin estos tres componentes caminando de la mano es difícil pensar en una gestión de los conflictos que no solo apague fuegos, sino que contribuya a reestructurar los términos de la convivencia."

Leer la carta completa.

López Soria, José Ignacio (2011) "¿Descartar la interculturalidad? (Carta a Alfredo Barnechea) Inédito no publicado por Caretas, sept. 2011". En: Compartiendo. http://jilopezsoria.blogspot.com

sábado, 2 de marzo de 2013

Cuidado con la huachafería, darling (J. Barrón)

"Peruanismo. No por eso huachafo es exclusivamente peruano. Los hay siúticos, horteras, tackies y, aunque no existiese palabra para señalarlos, suelen ser reconocidos por la manada. De algo sirven: nos hacen sentir distinguidos. Si pretendemos precisar qué es huachafería, nos daremos con una pituca y otra popular; entre ambas, como el relleno del sánguche, la huachafería pequeñoburguesa, emblemática sazón que anima lo nacional. Como la salsita criolla. 

Pero ¿qué es huachafo? Aquello que no es honesto ni natural. Lo que pretende y, pretendiendo, chirria. El tinte azabache del pelo del viejo galán, la ricurita de ojos de plástico azul añil, sus uñas demasiado largas, las de los pies.

Es la arquitectura 'wannabe' que convierte en glamoroso al ricacachón, es la culinaria caviar, esa que congrega en un cilindro la entraña Angus con el hongo de Porcón.

coladelmundo.blogspot.com
Demasías, bisoñés, purpurinas, imitaciones finas, relojes bamba. Meter la nariz en la botella de pisco y sacar la fecha de la cosecha, el lugar, la hora y el dueño de la pata que pisó la uva. El sport elegante, el bohemio elegante, el anfitrión cinco estrellas aspirante a embajador, la novia de blanco que por cuarta vez se casa y sus quince damitas de honor, el 'mi reina' que una operadora nos suelta al teléfono, la causa inspirada en la forma del maní del Señor de Sipán, la maskaipacha de hojalata coronando un casino de San Miguel, el que hizo montar una biblioteca entera como parte de su decoración. Las botas blancas de charol.

Llamar hacienda a unos metros de tierra, caballo de paso a un burrito coquetón, darle agua mineral al chihuahua que lleva el nombre del exmarido, llevarlo en la cartera de marca, desparramar choleos como quien salpica agua bendita. Ser sobón.

Resulta que en la década de 1890 llegó a Lima una modesta familia de colombianos que se puso a vivir en la quinta cuadra del actual jirón Andahuaylas, próxima al cuartel Santa Catalina. En esa casa había jóvenes casamenteras que todo el tiempo organizaban reuniones muy animadas a las que ellas solían llamar guachafas, colombianismo que significa fiesta, jolgorio. La expresión, y las fiestas, tuvieron gran acogida entre los limeños vecinos. Con el tiempo, las dueñas de casa, de apellido difícil de recordar, eran conocidas con el sobrenombre de huachafas. 

Mario Vargas Llosa escribió alguna vez que ponerse una "y" entre apellidos es huachafo. Alguien refutó que componerlos lo es más.

Al final son las madres las que se perpetúan en este gesto, para bien y para mal. Así llegaron lejos la señora Llosa, esposa del señor Vargas, la señora Prada, la del señor Gonzáles, la Canseco, del señor Diez.

Hay palabras que pululan en Lima como las enfermedades respiratorias, los sicarios, las combatientes en blumer: flamante, nosocomio, 'darling' y, por sobre todas ellas, agendar.

Hay cosas que no son huachafas porque están hechas desde adentro; cosas pintorescas, como las corbatas de Beto; folclóricas, como las pestañas de Susy; extravagantes, como las crenchas de Guerrero; eclécticas, como las páginas sociales de una Lima que no puede parar."

Barrón, Josefina (2013) "Cuidado con la huachafería, darling". En: El Comercio. Domingo 24 de febrero de 2013, p a17.

martes, 23 de octubre de 2012

Cultura (A. Grimson)

"El primer concepto antropológico de cultura se opuso a la idea de que hay gente "con cultura" y gente "sin cultura", de que el mundo se divide entre personas "cultas" e "incultas". Ya en 1871 Tylor había planteado un concepto de cultura asociado a los conocimientos, creencias y hábitos que el ser humano adquiere como miembro de la sociedad. Esa noción contrastaba con la idea de que la cultura se restringía a la llamada "alta cultura", a la perfección espiritual de la música clásica o las artes plásticas consagradas. Todas las actividades y pensamientos humanos son aspectos de la cultura. Hay diferentes culturas, pero todos los seres humanos tienen en común el hecho de ser seres culturales. 

 [...] Ninguna cuestión genética puede explicar las diferentes cosmovisiones, mitos, celebraciones, ideologías y rituales de la humanidad. Esta heterogeneidad es cultura, y la cultura no se lleva en la sangre. Se aprende en la vida social. 

[...] Boas introdujo la idea de pluralidad cultural, según la cual no sólo era importante "la cultura" en singular sin también el estudio de "culturas" específicas. En su perspectiva, una cultura particular sólo es comprensible a partir de su historia. Una creencia o un hábito cultural sólo pueden ser comprendidos en el marco de un universo específico de sentido. Pretender evaluar las creencias o las prácticas diferentes de las nuestras fuera de sus contextos, a la luz de nuestros propios valores, no sólo implica desconocer la diversidad humana, sino también actuar de modo etnocéntrico. [...]

Para poder comprender una cultura es necesario comprender a los otros en sus propios términos, sin proyectar nuestras propias categorías de modo etnocéntrico. Al mismo tiempo, resulta imprescindible tomar distancia de nuestra propia sociedad para poder estudiarla y comprenderla: "hacer antropología es realizar esa transformación de lo familiar en lo exótico y de lo exótico en lo familiar" (DaMatta, 1987:14)."

Grimson, Alejandro (2011) Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. pp 55-57.

jueves, 17 de mayo de 2012

Según el diccionario...

casadellibro.com
Por primera vez me encuentro con la definición de la palabra huachafo en un diccionario general (y no uno específico de peruanismos).

huachafo, fa adj. col. En zonas del español meridional, cursi: Mi amiga peruana dice que estos encajes le parecen huachafos.
huachafería s.f. col. En zonas del español meridional, cursilería: Mi amigo peruano siempre está diciendo que todo le parece una huachafería.


Me llaman la atención dos cosas: la primera, que los dos ejemplos son peruanos; la segunda, que en realidad este diccionario no ofrece una definición propia a la palabra huachafo. Me voy entonces a la palabra referida:

cursi adj.inc./s.com. col. Que pretende ser elegante y refinado sin serlo: Por querer ser más que nadie, se presentó en la boda con un vestido de lentejuelas muy cursi.
cursilería s.f. 1 Propiedad de lo que es cursi: Todo el mundo se reía de su cursilería al hablar. 2.  Lo que es cursi: Esa película es una cursilería.


Creo que, desde el punto de vista formal, la palabra cursi nos sirve, por el momento, para explicar qué significa "huachafo". Nuevamente, sin embargo, encuentro que la definición no llega a explicar los procesos particulares y las razones detrás de la actitud. Se queda en lo formal y no indaga en las razones.

Sólo por curiosidad, una definición más:

kitsch (al.) adj.inv. 1 Referido esp. a un objeto decorativo, que resulta cursi o desfasado: Me envió una postal kitsch horrorosa. | s.m. 2 Estilo o tendencia estética caracterizados por la mezcla de elementos que se consideran cursis y desfasados: Para muchos críticos de arte, el kitsch es una estética decadente.


SM (2006 [1997]) Clave. Diccionario de uso del español actual. Madrid: SM Ediciones.


viernes, 30 de marzo de 2012

Huachafo y chicha (II)

Primera parte


"Dentro de las particularidades de lo huachafo, sin embargo, encontramos que aún “en lo risible […] siempre hay algo de miseria que nos conmueve. Cuando la forma no llega a superar al fondo íntegramente, se rompe el equilibrio, vamos a lo cómico, pero no se produce la independencia de la forma que anula el dolor. La huachafería permanece lejana, pero ligada al fondo; por eso hay en ella suspiros y melancolía.” (Velarde, Contribución al estudio de la huachafería en el arte 1966, 394)
Estos “suspiros y melancolía” son en realidad la manifestación del fuerte componente social de aspiración, de lucha, de fricción, del querer ser y el querer pertenecer, que hace que el huachafo sea distinto que el kitsch.
Sin embargo, es también en la estética que el huachafo se distingue del kitsch, o, para ser más exactos, se constituye en una variante regional del mismo. Es por eso que no puede establecerse una distinción tajante entre qué es huachafo y qué es kitsch, especialmente si no conocemos las motivaciones sociales del contexto.
Ambos términos parten de un principio de inadecuación y de no pertenencia, pero también de una idea de mescolanza de cosas que pertenecen a ámbitos diversos. En la situación Peruana podemos distinguir grosso modo que el huachafo surge de la mezcla de elementos “modernos”, occidentales y que tienen que ver con las modas contemporáneas, con elementos de las culturas tradicionales, ligados a lo vernacular y a lo artesanal.
El factor del querer ser es una voluntad explícita que se manifiesta por medio de la imitación de formas, modas, estilos, elementos de aquel grupo que se considera mejor y al que se aspira ingresar. Sin embargo existe una pulsión tan o más fuerte: la de la cultura o grupo de origen, al cual se pertenece. Sobre esta dicotomía profundizaremos más adelante con el estudio de ejemplos.
Existe una palabra que, en algunos contextos es utilizada como sinónimo de huachafo: chicha. La palabra, en su acepción tradicional, designa una bebida alcohólica hecha de la fermentación de maíz u otros cereales. En un lenguaje coloquial, netamente urbano y contemporáneo, el término designa un tipo de producción cultural producto de la hibridación.
En un inicio se llamó chicha a “un nuevo género musical híbrido de cumbia colombiana, guaracha cubana y huaino peruano […]. Y, a partir de la expresión música chicha, se ha desarrollado un importante uso adjetivo, sin flexión genérica o numérica y con matiz peyorativo: ‘comedia chicha’, ‘gobiernos chicha’, ‘tecnología chicha’.” (Hildebrandt 1994, 127)
Hay que enfatizar, como señala Pezo, que el término no nace al interior de estas culturas de múltiples influencias, sino que es aplicado desde el exterior, de manera peyorativa – de modo análogo al huachafo –, identificado con la migración del campo a las ciudades, y con el objetivo de “exagerar los aspectos negativos del migrante.” [1] (Pezo 2009, 173)
Matos Mar opina que lo chicha “expresa un nuevo patrón cultural en ascenso. Su presencia y avance constituyen una muestra notable del peso que han llegado a tener los migrantes y la cultura que portan, en la decisión de la dinámica viva de la cultura metropolitana y en la formación de una conciencia nacional unitaria.” (Matos Mar, Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después 2004, 85-86)
En cualquier producción o evento de mestizaje, especialmente si éste involucra la mezcla de aspectos urbanos y rurales, o aspectos de una alta cultura y populares, la palabra chicha es el término de más común utilización. Se habla entonces, además de la música, de moda chicha, de pintura chicha e incluso de urbanismo y arquitectura chicha.
¿Por qué entonces es que preferimos utilizar el término huachafo en lugar de la palabra chicha?
Existen dos motivaciones: la primera de carácter formal, y a la segunda corresponden razones más profundas. Creemos que la investigación y el debate realizados sobre este tipo de producción, sobre todo en la arquitectura, está aún en una etapa embrionaria. Los escasos documentos y estudios producidos son básicamente descriptivos y, en la mayoría de casos, cargados de ese tono peyorativo descrito líneas arriba. Creemos que el uso de la palabra huachafo nos fuerza a pensar en el fenómeno en otros términos e ir más allá de las acepciones ya conocidas del término chicha que, inevitablemente, nos lleva a ver la producción popular urbana sólo en términos de su forma.
Esto nos lleva a la segunda motivación, que tiene que ver con realizar un estudio que abarque, además de las formas y elementos compositivos, los procesos de gestación detrás de la producción estética en esta arquitectura. Dicha estética, entonces, se entiende no sólo como la forma externa o los elementos compositivos, sino además como las motivaciones y los mecanismos que los originan."


[1] “El término chicha está muy ligado a esta otra Lima, a lo migrante, a lo cholo y a lo popular. Pero, por otro lado, también se le suele asociar a lo huachafo, inacabado, desordenado, mal hecho, informal, delincuencial, etcétera, es decir contiene un significado negativo.” (Pezo 2009, 173)

En: Dreifuss Serrano, C. (2011). L'estetica (del huachafo) nell'architettura contemporanea a Lima. Roma: Tesi per ottenere il grado di Dottore di Ricerca in Architettura, Dipartimento di Architettura e Progettazione, Università degli Studi di Roma La Sapienza.

Referencias:
Hildebrandt, M. (1994). Peruanismos. Lima: Biblioteca Nacional de Perú.
Matos Mar, J. (2004). Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
Pezo, D. (2009). Arquitectura chicha: lo cholo en la arquitectura. In S. Bedoya, Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixtura (pp. 173-180). Lima: Biblioteca Nacional del Perú.
Schwab, F. (1940). Lo huachafo como fenómeno social. Revista 3, No. 4 , 17-18.
Velarde, H. (1966). Contribución al estudio de la huachafería en el arte. In H. Velarde, Obras completas (II) (pp. 393-196). Lima: Francisco Moncloa Editores.

viernes, 16 de marzo de 2012

Huachafo y chicha (I)

"Huachafo es una de aquellas palabras de uso cotidiano, que todos los pertenecientes a un determinado contexto – el limeño – parecen entender pero que termina siendo difícil de describir. En primer lugar, la dificultad estriba en su relatividad. Todos somos susceptibles de huachafear y de ser huachafeados, es decir, de ser considerados huachafos por determinadas personas, y de poder, a nuestro turno, determinar que otras personas son huachafas[1].
En principio pareciera tratarse de uno de tantos términos regionales, o peruanismo, que como muchos otros, se utiliza durante un tiempo determinado para ser luego olvidado o reemplazado por otro. Pero es ahí donde el huachafo comienza a distinguirse de otros términos similares. Se trata de un vocablo que tiene cerca de cien años en circulación, y su uso lejos de haber disminuido, se ha generalizado al punto de abarcar esferas sociales diversas y, manteniendo casi intacto su significado original, ampliar su uso a un sinnúmero de situaciones.
Estuardo Núñez, en comunicaciones personales, citadas tanto por Jorge Schwab como por Martha Hildebrandt (Schwab 1940, Hildebrandt 1994), señala que la palabra es de origen colombiano, donde es un sinónimo de jarana o fiesta popular.
“Alrededor de 1890, llegó a Lima una modesta familia de emigrados colombianos (probablemente algún político exiliado y los suyos) y se avecindó en la calle del General, muy próxima al cuartel de Santa Catalina. Como en dicha familia se contaban unas jóvenes casaderas y atractivas, éstas solían organizar frecuentemente fiestas bastante alegres a las que llamaban guachafas. La expresión fue bien acogida por los concurrentes a las fiestas – vecinos de barrio y, sobre todo, oficiales del contiguo cuartel – y con el tiempo las dueñas de casa, que tenían un apellido poco común y algo difícil, eran conocidas por el sobrenombre de huachafas. La denominación de la fiesta pasó a aplicarse a sus organizadoras que eran modestas muchachas de clase media, de cierta estrechez económica y que se esforzaban por aparentar ante sus invitados y vecinos más de lo que eran o tenían. Esta versión la he recogido de dos fuentes distintas: el testimonio de una antigua señora de Lima avecindada a fines de siglo en la calle del General (mi abuela materna), que sufrió un tanto con el estruendo de las mentadas fiestas, y el dicho de un militar entonces oficial acantonado en el cuartel de Santa Catalina (mi padre) que, como sus compañeros, era asiduo concurrente a las fiestas de las alegres colombianitas.” (Hildebrandt 1994, 235)
Rápidamente el término se generalizó para designar a las personas que, en base a gestos, vestimenta y modos de hablar y comportarse, buscaban aparentar “ser más” de lo que en realidad eran. Este “ser más” tiene que ver con un estándar social en primer lugar, pero también cultural, y es relativo a los grupos a los que se aspira pertenecer.
Entonces podríamos decir que el origen del huachafo es, antes que estético, social. Y es éste aspecto fundamental el que lo diferencia de lo kitsch o lo cursi (palabra española equivalente): Mientras estas palabras designan “únicamente la oposición sustancial entre el espíritu y la forma de expresión en general, sin tener en cuenta el factor social. El hombre cursi [o el hombre kitsch] fracasa en una pretensión estética; el huachafo en una pretensión social o cultural” (Schwab 1940, 19)
Héctor Velarde se refiere a ésta diferencia en términos de la relación entre la figura y el fondo de las cosas. Para el autor, lo huachafo se da cuando la forma supera al fondo, alejándose de una ideal situación de equilibrio entre un factor y otro. Se desprende entonces que el kitsch es la superación total del fondo por la forma[2]."

Segunda parte.


[1] “En nuestra habla familiar huachafo tiene el sentido aproximado de ‘cursi’. En uso sustantivo predomina el femenino: huachafa es la mujer de mal gusto, sobre todo en el vestir, y huachafita es la muchacha de origen modesto que presume de una situación social y económica que no tiene.” (Hildebrandt 1994, 231)
[2] “Aristóteles, que sabía mucho, dijo algo bastante cómodo y que hasta ahora se emplea. Dijo que todo tiene fondo y forma; que la serenidad se establece cuando el fondo y la forma coinciden, se equilibran o igualan; que el dolor surge cuando el fondo domina y desborda a la forma y que lo cómico estalla cuando la forma supera al fondo hasta quedar suelta y a solas.” (Velarde, Contribución al estudio de la huachafería en el arte 1966, 393)

En: Dreifuss Serrano, C. (2011). L'estetica (del huachafo) nell'architettura contemporanea a Lima. Roma: Tesi per ottenere il grado di Dottore di Ricerca in Architettura, Dipartimento di Architettura e Progettazione, Università degli Studi di Roma La Sapienza.

Referencias:
Hildebrandt, M. (1994). Peruanismos. Lima: Biblioteca Nacional de Perú.
Matos Mar, J. (2004). Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
Pezo, D. (2009). Arquitectura chicha: lo cholo en la arquitectura. In S. Bedoya, Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixtura (pp. 173-180). Lima: Biblioteca Nacional del Perú.
Schwab, F. (1940). Lo huachafo como fenómeno social. Revista 3, No. 4 , 17-18.
Velarde, H. (1966). Contribución al estudio de la huachafería en el arte. In H. Velarde, Obras completas (II) (pp. 393-196). Lima: Francisco Moncloa Editores.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Introducción a la psicosociología de la vida cotidiana II (H. Lefebvre)

"Y ahora podemos dar algunas definiciones científicas:

a) En la cotidianidad se entremezclan sistemas de signos y señales, a los que se añaden símbolos que no forman sistemas. Se traducen todos en un sistema parcial y privilegiado a un tiempo: el lenguaje. El conocimiento critico de la vida cotidiana se define como una parte importante de una ciencia que llamaremos semántica general.

b) Llamaremos campo semántico total al conjunto más amplio de significaciones que el lenguaje (que sólo es una parte del campo semántico total) se esfuerza en explorar y busca igualar. El conocimiento de la cotidianidad se sitúa, pues, en este campo. Sobre él se abren los sectores parciales que se distinguen (por ejemplo, el señor X... juzga su profesión aburrida. o decepcionante, o apasionante; por esta apreciación, motivada o no, coherente o no, entra en el campo global. El matrimonio del señor y la señora Y... es bueno o malo, un logro o un fracaso, lo que le da un sentido, etc).

c) Contrariamente a lo que piensan algunos "semánticos", la significación no agota el campo semántico; no es suficiente y no se satisface. No tenemos el derecho de olvidar lo expresivo en beneficio de lo significativo. No hay expresión, es cierto, sin signos y significados que se esfuercen en decirla, o sea, en agotarla; pero tampoco hay significado sin lo expresivo, que ésta, la expresión, traduce fijándalo, trivializándolo. Entre los dos términos existe una unidad y un conflicto (una dialéctica). El sentido resulta de esta relación móvil entre la expresión y la significación. Contrariamente a las señales, los símbolos son oscuros e inagotables; los signos se desplazan entre la claridad fija de las señales y la obscuridad fascinante de los símbolos, de pronto cercanos a la vacía claridad, de pronto más cerca de la profundidad incierta.

El campo semántico total une (en proporciones variables según los lugares y momentos) la profundidad simbólica y la claridad de las señales. Los signos (y especialmente el lenguaje) permiten decir el sentido.

d) En términos más precisos todavía, las señales que dirigen imperativamente y no enseñan nada, que se repiten idénticas a sí mismas, constituyen socialmente una redundancia. Los símbolos siempre aportan sorpresas, novedades, imprevistos, incluso en su reaparición; sorprenden, tienen carácter estético. Cuando son demasiado numerosos, demasiado ricos, abruman y se convierten en ininteligibles. Los signos (o señales y símbolos conjuntamente) tienen un papel informativo.

e) De esta forma se define ante nosotros el texto social. Éste resulta de la combinación, en proporciones infinitamente variadas, de los aspectos y elementos mencionados anteriormente. Sobrecargado de símbolos, cesa de ser legible por ser demasiado rico. Reducido a señales, cae en la trivialidad. Demasiado claro, resulta tedioso (redundante), reiterativo. Un buen texto social es legible e infonnativo; sorprende, pero no demasiado; enseña sin agobiar. Se comprende fácilmente, sin exceso de trivialidad.

La riqueza del texto socíal se mide entonces por su variación accesible: por la riqueza de posibilidades que ofrece a los índividuos (que lo descifran y forman parte de él). Estas posibílidades exigen opciones, tan numerosas como aperturas tiene lo posible, pues lo posible y lo imposible van parejos; hay que escoger, y lo posible no escogido deviene imposible. De esta forma, la gran ciudad ofrece opciones más numerosas que la pequeña ciudad o el pueblo, es lo que llamamos sus "seducciones", sus "tentaciones", sus "llamadas", se trate de bienes que ambicionar, de oficios que aprender, de amigos que frecuentar, de amores que conquistar. La opción y la duda de escoger acompañan la multiplicidad de los posibles que se leen en el texto social. De ahí, la inquietud inherente a la cotidianidad más rica, inquietud proporcionada a las solicitaciones multiplicadas y a las exigencias de la decisión que compromete, realiza un posible, e impide volverse atrás."

Lefebvre, Henri (1978 [1971]) De lo rural a lo urbano. Barcelona: Ediciones Península. pp 90-92.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Introducción a la psicosociología de la vida cotidiana I (H. Lefebvre)

"¿Cómo definir la vida cotidiana? Nos rodea y nos cerca; en el mismo tiempo y el mismo espacio, está en nosotros y nosotros en ella y estamos fuera de ella, tratando sin cesar de proscribirla para lanzarnos en la ficción y lo imaginario, nunca seguros de salirnos de ella, aun en el delirio del sujeto. Todos la conocemos (y sólo a ella conocemos) y cada uno de nosotros la ignora. La historia de las ideas nos muestra que hombres y pueblos, épocas y civilizaciones, no alcanzan sino en última instancia lo que eran en sus inicios. Para expresar claramente lo que son, necesitan verlo fuera de ellos, comparándolo a otras formas de vida. Algunos llegan hasta a pretender que una cultura no se define y no se hace consciente hasta que se agota, de tal suerte que la consciencia, esta claridad, llevarla también el signo negro del destino. Sin llegar hasta este punto, ¿no tiene esto algo de verdadero en lo que concierne a nuestra vida cotidiana? Si llegamos a tomar consciencia de la cotidianidad ¿no es acaso porque la aventura humana la desborda ya? Si hoy concebimos el mundo humano, la  tierra de los hombres, y la práctica cotidiana, ¿no será porque el hombre y las técnicas y las posibilidades sobrepasan ya lo que somos sin que sepamos a dónde se dirigen?

¿Qué es, pues, la cotidianidad? No avanzaremos mucho ni nos comprometeremos demasiado diciendo que es la mejor y la peor de las cosas, como la lengua y el lenguaje según Esopo. La mejor: en la vida cotidiana entramos en contacto con el mundo humano ya realizado, con innumerables objetos producidos en lugares lejanos o escondidos (talleres, fábricas) y que se convierten en bienes; el conjunto de estos bienes se ofrece a las ambiciones y estimula los deseos; algunos de entre ellos se nos escapan y son inaccesibles. La ciencia de la realidad social no puede confundir este campo de experiencias con la producción y la distribución, aspectos de la economía política. Un especialista en publicidad conoce mejor las relaciones entre .bienes. y deseos que el economista o el estadístico. Ni la sociología, que se ocupa de los grupos, ni el psicólogo, que se interesa por los individuos, ni siquiera el psicólogo social, que se preocupa de opiniones y actitudes, consiguen captar en toda su extensión este vasto campo, que puede ser definido, sin embargo, por una sola palabra: apropiación (por los seres humanos, de la vida en general, de su propia vida en particular).

En la vida cotidiana, sector privilegiado de la práctica, las necesidades se convierten en deseos, éstos toman forma en ella, y en ella pasan de biológicos (es decir animales y vitales) a humanos. Esta metamorfosis se opera a través de duras pruebas; el autocontrol y la posposición, a veces ilimitada, de las más legítimas satisfacciones, las de la elección y las opciones inevitables entre los objetos posibles del deseo. La necesidad pasa a través de los filtros del lenguaje, de las prohibiciones y las permisiones exteriores, de las inhibiciones y las excitaciones, del esfuerzo y el logro. Las necesidades están presentes en el lote general de los humanos: necesidad sexual, necesidad alimenticia, necesidad de hábitat y vestido, necesidad de juego y actividad, etc. Los deseos se individualizan, en función del grupo propio. La socialización y humanización de la necesidad van parejas con la individualización del deseo, pero no sin conflictos, no sin daños, a veces irreparables. Cada hombre y cada mujer semejan un árbol, con ramas torcidas, muertas, desgajadas, y otras ramas obstinadamente llenas de savia.

Riqueza de la cotidianidad: en ella se esbozan las más auténticas creaciones, los estilos y formas de vida que enlazan los gestos y palabras corrientes con la cultura. En ella se opera la renovación incesante de los hombres: el nacimiento y formación de los hijos, el empuje de las generaciones. Un arte, una imagen, un mito que no entren en la cotidianidad (en lo vivido) permanecen abstractos o mueren. A la inversa, los más profundos deseos y las aspiraciones más válidas se arraigan y permanecen en ella. [...]

Por ir más lejos, indiquemos rápidamente los determinantes científicos de la cotidianidad. 

Signos y señales pueblan el espacio y el tiempo. Las señales son simples, precisas. reducidas al mínimo (verde, rojo, trazo continuo, trazo discontinuo, etc.), con frecuencia a sistemas binarios. Las señales dirigen y condicionan los comportamientos. Los signos son más vagos y complejos; constituyen sistemas abiertos. Una palabra es un signo, pero también lo es una puerta, una ventana, una corbata, un vestido, un sombrero, un gesto como estrechar la mano de alguien diciéndole "Buenos días". La puerta significa una entrada, un pasillo prohibido a algunos y abierto para otros, los habitantes de la casa y sus relaciones.

Mi apartamento está poblado de objetos funcionales que al mismo tiempo son signos, colocados en cierto orden que estudia la "logística" de la cotidianidad. Las fuentes y cacerolas en la cocina significan mis gustos alimenticios. La calle está también repleta de signos: el vestido de esta mujer significa que va de paseo y el de esta otra que va a su trabajo. En la vida cotidiana sabemos (mejor o peor) traducir al lenguaje corriente estos sistemas complejos de signos. Si no sabemos traducirlos, si ignoramos algo, nos considerarán raros, o forasteros, o fuera de la Historia.

Pero esto no es todo. Consideremos ahora los monumentos (Notre-Dame, el Arco de Triunfo, el Louvre...), o simplemente una cara conocida o desconocida. No podemos compararlos ni a un sistema de señales como el que regula la circulación, ni incluso a los sistemas de signos, enigmáticos pero rigurosos, de los que se sirven los matemáticos. No dicen todo lo que tienen que decimos; lo dicen con lentitud y no terminan nunca. Por esta razón los compararemos a símbolos, ricos de un sentido inagotable. Los juzgaremos expresivos además de significativos. De esta forma, Notre Dame simboliza la continuidad de París y la grandeza de una época pasada y la fe de sus constructores; resume a un tiempo una concepción del mundo y algunos siglos de Historia. Rostros, monumentos, símbolos que introducen profundidad en la vida cotidiana: presencia del pasado, actos y dramas individuales o colectivos, posibilidades mal determinadas y por tanto más comprensivas de belleza y grandeza. En el espectáculo de lo cotidiano y en la participación de los individuos en la vida son nudos, centros, puntos de penetración a algo más profundo que la trivialidad reiterativa, de la que sin embargo, no se separa ni un ápice. París es: calles, personas, signos, señales innumerables, y también símbolos sin los que la presencia de la ciudad, de su pueblo y de su historia se echaría de menos. La trivialidad de las señales, de los signos conocidos y repetidos, reinaría sin los símbolos sobre el espacio y el tiempo privados de lo desconocido y de sentido. Se puede decir otro tanto de Marsella o de Lila; de un pueblo o de un paisaje."

Lefebvre, Henri (1978 [1971]) De lo rural a lo urbano. Barcelona: Ediciones Península. pp 86-90.

sábado, 12 de marzo de 2011

Contribución al estudio de la huachafería en al arte II (Héctor Velarde)

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"Los genios pueden ser huachafos, como los es a veces la naturaleza. Shakespeare puede permitirse huachaferías como se permite Dios la creación de la chupa-jeringa, del pavo real y del perrito faldero, esencialmente huachafos. El genio de Rubén Darío es peligrosísimo a este respecto. Imitarlo es caer fatalmente en una huachafería. Hay flores y paisajes huachafos, pero éstos están en el orden cósmico de las cosas. Son dignos del mayor respeto. En este caso, el fondo es constante y está más allá de nuestra crítica.

La música y la arquitectura, que están más cerca de la armonía universal que del sentimentalismo humano, sólo son huachafos cuando insisten en expresar únicamente este sentimentalismo. En este caso el fondo, que no puede perecer, porque es ordenación pura de tiempo o de espacio, resulta como olvidado por la presencia de todos los atributos y formas aisladas del amor fácil y voluptuoso, del dulce recuerdo, del suspiro, de la coquetería y del dengue. En arquitectura aparecen las guirnaldas con lacitos, ninfas púdicas con el dedito en la boca, palomitas besándose, conchitas, florecillas y angelitos volando. En la música aparecen ritmos cadenciosos (generalmente de vals) con trinos, perlados y desmayos. El orden, en el fondo, permanece inalterable. Lo que hace la huachafería es la ornamentación libre, la forma suelta, el sentimentalismo meloso o patético que se aplica y cubre la estructura.

El columpio - Jean-Honoré Fragonard (1767)
En la pintura, en la escultura, la huachafería implica una compenetración y dominio íntimo de la forma sobre el fondo. Aquí la expresión humana es directa. El tema es siempre concreto y su interpretación no admite dudas. Ya no se trata tan sólo del color, la línea, la superficie o el volumen, sino de gestos y posturas definidas que llegan a hacernos sonreír con cierta pena. La forma, en este caso, se apoya sobre el fondo para superarlo con insistencia, desea acentuarlo, hacerlo perdurar eternamente por medio de mil recursos hasta que termina aniquilándolo. Si, por ejemplo, para expresar la poesía de las violetas se hace toda una alegoría de niñas vestidas de tules morados formando un bouquet y con dos faunillos a cada lado que desean cogerlas, las violetas han desaparecido y la huachafería ha triunfado.

En la vida, la huachafería es de composición elemental.

Nada primitivo es huachafo: los salvajes, los rusos, los niños.

Los niños aparecen huachafos cuando se presentan como gente mayor. Un niño de seis años con sarita y bastón es huachafosísimo. Una niñita recitando versos de amor es horrible. Da risa y lástima. La forma no sólo ha superado al fondo, sino que el fondo se convierte en miseria.

Una mujer bonita es huachafa si da saltitos, pega de grititos, se pone listones y dice tonterías para hacer resaltar su belleza. La forma se come al fondo.

Un hombre de talento es huachafo si le da por aumentarlo con el gesto importante y el discurso entonado y hueco. El fondo queda ridículo junto a la forma.

Las mujeres feas y los hombres corrientes son huachafos cuando desean lucir su vacío a fuerza de falta de naturalidad, de pulcritud, de palabritas rebuscadas, de colorcitos en el traje, de prendedores, sortijas y lamiditos de labios. Estos son los más excusables. La forma para ellos es una defensa, un biombo con el que pretenden adquirir el interés que les falta.

La huachafería se encuentra siempre al final de una evolución, ya lo hemos dicho: es un matiz risible, de perduración vana y enternecedora ante lo ya pasado y establecido.

Ese matiz fue posterior a Aristóteles."

Velarde, Héctor. "Contribución al estudio de la huachafería en el arte." In Obras completas (II), by Héctor Velarde, 393-196. Lima: Francisco Moncloa Editores, 1966.

domingo, 6 de marzo de 2011

Contribución al estudio de la huachafería en al arte I (Héctor Velarde)

"Huachafería es peruanismo.

Aristóteles, que sabía mucho, dijo algo bastante cómodo y que hasta ahora se emplea. Dijo que todo tiene fondo y forma; que la serenidad se establece cuando el fondo y la forma coinciden, se equilibran o igualan; que el dolor surge cuando el fondo domina y desborda a la forma yq eu lo cómico estalla cuando la forma supera al fondo hasta quedar suelta y a solas. Esto último está de acuerdo con Bergson: 'Una cosa es ridícula porque lo mecánico se ha aplicado a la vida'. Bergson ha tecnificado a Aristóteles. Hoy la forma es la mecánica y el fondo es la vida.

Tratemos ahora de saber que hubiera pensado Aristóteles de la huachafería. ¿Cómo actúa el fondo y cómo aparece la forma en esta expresión abundante, enternecedora y dulcete del espíritu humano?

Veámoslo.

Cuando la huachafería asoma, se observa ante todo un desequilibrio, se nota falta de estabilidad y reposo, la serenidad desaparece, el fondo y la forma no coinciden. Estamos, según Aristóteles, en el dolor o en lo ridículo. Si la huachafería estuviera únicamente en el dolor, el fondo estaría por encima de la forma y la huachafería está, por consiguiente, según Aristóteles, en la categoría de lo ridículo. Esto ya lo sabemos sin necesidad de Aristóteles, pero comprendemos que hay algo más que Aristóteles no podía percibir en su época, en que Grecia estaba aún muy armoniosa.

Estamos de acuerdo en que la huachafería es helénicamente cómica, pero eso no basta. Eso la ubica pero no la define. Es lo risible de la huachafería siempre hay algo de miseria que nos conmueve. Cuando la forma no llega a superar al fondo íntegramente, se rompe el equilibrio, vamos a lo cómico, pero no se produce la independencia de la forma que anula el dolor. La huachafería permanece lejana pero ligada al fondo; por eso hay en ella suspiros y melancolía. Este matiz en el camino que parte de la armonía para aproximarse al disparate, que sale de la unidad a la casi descomposición, se observa en el arte y en la vida con mayor claridad, gracias a Aristóteles y a lo que acabamos de exponer.

Las épocas de decadencia en la historia se producen cuando el fondo de las culturas principia a ser superado por las formas civilizadores, cuando la quietud de lo clásico comienza a perder su natural reposo para convertirse en etiqueta, academia y protocolo. La sensibilidad patética o melosa es lo que queda después de las grandes épocas de equilibrio, después del drama y la contemplación. La huachafería de Pérgamo y de Alejandría es evidente. El fin del Imperio Romano es dolorosamente huachafo. El barroco italiano es bellamente huachafo. El rococó francés es deliciosamente huachafo. El arte de 1900, el 'art nouveau', ha sido nauseabundamente huachafo. La forma trata de llenar el fondo ya perforado de esas épocas. Es el fin de un proceso. En la huachafería no se puede negar que hay una mezcla profunda de ingenio, poesía y mál gusto."

Continuará...


Velarde, Héctor. "Contribución al estudio de la huachafería en el arte." In Obras completas (II), by Héctor Velarde, 393-196. Lima: Francisco Moncloa Editores, 1966.

jueves, 29 de julio de 2010

Las huachafas (E. Núñez)


"Alrededor de 1890, llegó a Lima una modesta familia de emigrados colombianos (probablemente algún político exiliado y los suyos) y se avecinó en la calle del General, muy próxima al cuartel de Santa Catalina. Como en dicha familia se contaban unas jóvenes casaderas y atractivas, estas solían organizar frecuentes fiestas bastante alegres a la que llamaban huachafas. La expresión fue bien acogida por los concurrentes del contiguo cuartel y con el tiempo las dueñas eran conocidas por el sobrenombre de huachafas. La denominación de la fiesta para a plicarse a sus organizadores que eran modestas muchachas de clase media, de cierta estrechez económica y que se esforzaban por aparentar ante sus invitados y vecinos más de lo que eran o tenían."


Núñez, Estuardo, en Peruanismos, citado por Pinto Gamboa, Willy. Envés y reflexión de lo huachafo. Lima: Juan Mejía Baca, 1978 (p 140)

sábado, 19 de junio de 2010

Los productos artísticos (J. Acha)


Juan Acha: Los productos artísticos, 1979
(upload.wikimedia.org)

Clasificación contemporñanea de los productos artísticos según el filósofo Juan Acha. Se considera una suerte de "espina dorsal" central, basada en las tradicionales bellas artes, y una serie de producciones artísticas relacionadas. 

jueves, 17 de junio de 2010

Kitsch and Tendentious Art (H. Broch)

"The essence of kitsch is the confusion of ethical and esthetic categories; kitsch wants to produce not the "good" but the "beautiful". And if this means that the kitsch novel, even while often using quite naturalistic language, i.e., the vocabulary of reality, describes the world not as it really is but as it is hoped and feared to be, and if quite analogous tendencies turn up in the fine arts as well, if kitsch in music depends exclusively on effect - one need only think of the so-called bourgeois salon music, remembering that in many respects the music industry of today is its overbred offspring - still one must concede that no art can work without some effect, without a smattering of kitsch. In the dramatic arts, kitsch becomes a structural bourgeois one, namely, opera, in which effect is the principal structuring element; and one should not forget that opera by its very nature is distinctly "historical", and that that relationship between artwork and public where the "effect" is actually revealed is a matter of the empirical, the earthbound. The means employed for effect are always "proven", and they can hardly be increased any more that the number of possible dramatic situations could be increased: that which is past and proven appears over and over again in kitsch; in other words (a troll through any art exhibit will confirm this), kitsch is always subject to the dogmatic influence of the past - it will never take its vocabulary of reality from the world directly but will apply pre-used vocabularies, which in its hands rigidify into cliché, and here is the nolitio, the rejecting of goodwill, the turning away from the divine cosmic creation of values." (pp 32,33)

Broch, Hermann. "Kitsch and Tendentious Art (1955). In: Geist and Zeitgeist. The Spirit in an Unspiritual Age, Hermann Broch, 31-39. New York: Counterpoint, 2002.

lunes, 19 de abril de 2010

10 ideas sobre lo huachafo (desarrolladas)

1. Huachafo es un adjetivo que describe una situación y, por lo tanto, lleva implícito un amplio conjunto de eventos.

Limitarse a considerar sólo el carácter peyorativo del término induce a análisis superficiales que, lejos de entender la complejidad de lo huachafo, conducen al conjunto de prejuicios que tradicionalmente ha acompañado a la palabra. Lo huachafo no es solamente una característica estética, ni es sinónimo de mal gusto o pobreza de recursos: se trata de la representación de un fenómeno complejo.


2. Los eventos relacionados con el huachafo pueden clasificarse en tres grupos:

a) Estéticos: características relacionadas con la forma
Solemos designar, sin ningún esfuerzo, que es huachafo el discurso de un político en el que se emplea una gran cantidad de términos rebuscados, el empleo de luces de colores de fuentes públicas, recortar setos en los parques para darles forma de animales y los trajes de colores vivos y lentejuelas usados en ciertas ocasiones. Probablemente no sepamos decir por qué, pero la forma de estos elementos nos hace pensar en la palabra y es frecuente centrarse sólo en estos aspectos formales y desechar el objeto sólo por el hecho de ser huachafo.

b) Situacionales: modo de comportamiento
Del mismo modo que con los aspectos estéticos, las situaciones huachafas tienen que ver también con la forma: la forma de hacer las cosas. Reconocemos entonces que es huachafo bailar una versión remix de "Tiempo de vals" en una fiesta de quince años, utilizar palabras en otros idiomas para dar una imagen de sofisticación y ponerse lentes de sol en un día nublado.

c) Sociales: búsqueda de caracterización, distinción o diferenciación
La característica común dentro de todas estas manifestaciones tiene que ver con el querer ser o querer aparentar. El político quisiera poder convencer a sus electores; para ello cree mostrarse a sí mismo como una persona capaz al darse aires de erudición. La fiesta de quince años es la ocasión de mostrar a la niña como una princesa y se construye una "corte" alrededor del evento, con lo que se asimila como clásico.


3. Busca señalar de manera explícita una diferenciación social, que se reconoce por medio del modo de comportamiento y/o las características formales. Es por eso que se trata de un fenómeno complejo que abarca distintos niveles de profundidad.

El empleo de la palabra traza de manera automática una línea entre un grupo - los "normales", cultos, educados - y otro - los huachafos, cursis, ingenuos, ignorantes - que reconoce no sólo las diferencias en el gusto, sino y por sobre todo, las razones que las motivan, culturales, sociales, económicas, etc.


4. El término ha sido y es ampliamente utilizado de manera peyorativa. Sin embargo, el ser huachafo no es intríseco de las clases populares, del mismo modo que las clases altas (o de un nivel cultural elevado) no están exentas de serlo.

Podría llegar a decirse que es tan huachafo el cartel en la ventana trasera de una combi que reza "Made in Patricio", como la señora que usa términos en francés al hablar porque "no sabe cómo decirlo en castellano". Es tan huachafa una vivienda de pueblo joven con fachada de cristal reflejante turquesa como una casa de barrio residencial cuya fachada imita un templo griego. Es tan huachafa la tradición de los cisnes en el matrimonio, como la de la liga.


5. Por su carácter social, ligado estrechamente con lo regional, huachafo no es lo mismo que kitsch, hortera o cursi. Dicho componente social regionaliza cada uno de estos términos y les da un significado propio dependiendo de las circunstancias específicas.

En palabras de Federico Schwab: "El peruano culto, el peruano educado en una tradición cultural que remonta siglos atrás, tuvo una risa iróonica para aquellos individuos que en virtud de su situación económica, trataron de invadir su esfera, imitando toscamente sus modales, vistiando a la última moda, pero sin elegancia y hablando de todo, pero sin gracia y sin espíritu. Así el peruano culto encontró expresión plástica para su disgusto y su burla en el término huachafo, ocurrencia humorística de una mente ingeniosa, pero que reflejó una sensibilidad colectiva y que, por tanto, no tardó en ser bien lingüístico general, es decir, un peruanismo verdadero."

[…]

9. Las manifestaciones artísticas y culturares huachafas corresponden en su mayoría a un grupo creativo que podríamos llamar popular-urbano y son, por lo tanto, parte importante de la cultura popular contemporánea en el Perú.

Muchas de las características formales de la cultura popular-urbana tienen que ver con la combinación de arte tradicional (herencia, muchas veces, de las zonas del interior de donde vienen sus creadores) y elementos artísticos y/o tecnológicos que sean entendidos como "modernos". Se trata de manifestaciones masivas, que buscan, generalmente, corresponder con las preferencias de grandes públicos.


10. Como en el camp, existe actualmente una moda del huachafo: las formas tradicionalmente relacionadas con las clases populares están siendo tomadas y estilizadas por los productores de arte "oficial", y son en la actualidad consumidas, parcialmente, por aquellos grupos que originalmente las despreciaban.

Unos de los primeros ejemplos de este camp-huachafo se da en la ropa, con la creación de las llamadas "modas urbanas", que incorporan conocidos íconos de la cultura popular-urbana en prendas de vestir destinadas a segmentos socioeconómicos altos. Otros ejemplos se han dado en la publicidad y las artes gráficas; en estas últimas, en paralelo a las corrientes que han buscado un constante diálogo con la cultura popular (corrientes con presencia continua, pero muchas veces marginal), aparecen artistas de renombre que utilizan imágenes recurrentes del huachafo y las "academizan", para ser luego colocadas en un museo.

lunes, 12 de abril de 2010

10 ideas sobre lo huachafo

1. Huachafo es un adjetivo que describe una situación y, por lo tanto, lleva implícito un amplio conjunto de eventos.

2. Los eventos relacionados con el huachafo pueden clasificarse en tres grupos:

a) Estéticos: características relacionadas con la forma
b) Situacionales: modo de comportamiento
c) Sociales: búsqueda de caracterización, distinción o diferenciación

3. Busca señalar de manera explícita una diferenciación social, que se reconoce por medio del modo de comportamiento y/o las características formales. Es por eso que se trata de un fenómeno complejo que abarca distintos niveles de profundidad.

4. El término ha sido y es ampliamente utilizado de manera peyorativa. Sin embargo, el ser huachafo no es intríseco de las clases populares, del mismo modo que las clases altas (o de un nivel cultural elevado) no están exentas de serlo.

5. Por su carácter social, ligado estrechamente con lo regional, huachafo no es lo mismo que kitsch, hortera o cursi. Dicho componente social regionaliza cada uno de estos términos y les da un significado propio dependiendo de las circunstancias específicas.

6. En su dimensión estética lo huachafo se distingue por el uso de elementos formales de diversas proveniencias; por una producción que tiene como objetivo aparentar, impresionar o conmover, empleando recursos formales de conocimiento público; por el empleo frecuente de materiales baratos y/o factura mediocre; y por el poco respeto de reglas y normas consideradas pertinentes por el arte académico o culto (los cánones).

7. En su dimensión situacional el querer aparentar cobra especial inportancia. Las situaciones o actitudes huachafas incorporan actitudes exageradas que imitan distinción; que quieren demostrar una gran cultura o un elevado poder adquisitivo; que se preocupan más por el cómo se comunica, que por el mensaje en sí.

8. En su dimensión social es tan relevante aquel que es considerado huachafo por los demás, como aquellos que utilizan el adjetivo como medio de diferenciación. Al apoyarse en las dos dimensiones ya mencionadas, la caracterización de huachafo surge como una conclusión cuyo principal objetivo es distinguirse y tomar distancia de aquello considerado poco pertinente.

9. Las manifestaciones artísticas y culturares huachafas corresponden en su mayoría a un grupo creativo que podríamos llamar popular-urbano y son, por lo tanto, parte importante de la cultura popular contemporánea en el Perú.

10. Como en el camp, existe actualmente una moda del huachafo: las formas tradicionalmente relacionadas con las clases populares están siendo tomadas y estilizadas por los productores de arte "oficial", y son en la actualidad consumidas, parcialmente, por aquellos grupos que originalmente las despreciaban.

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