sábado, 22 de enero de 2011

Lima, 476 años

Artículos en honor al aniversario de Lima, en el suplemento "El Dominical", diario El Comercio, 16/01/2011


Unión de culturas
Luis Miro Quesada Garland

Hace 450 años Pizarro y sus huestes fundaron en lo que era el curacazgo de Taulichusco lo que es la metrópolis de Lima. Una larga historia, un dilatado destino. Lima nació ese día de una decisión que hoy llamaría geopolítica, aquella, bien conocida, de que los españoles requerían de una capital céntrica dentro de las tierras conquistadas pero vecina al mar que le aseguraba su anexo a la tierra natal. Nace pues como una ciudad española, con un plano que se traza según las pragmáticas urbanísticas de Carlos V, céntricamente ubicada para gobernar las nuevas tierras conquistadas. ...

Lima, ciudad afro
Yobani Gonzales Jáuregui

La presencia africana en el Perú colonial fue importante, principalmente en la costa, donde una elevada cantidad de mano de obra esclava fue empleada en los campos de caña de azúcar y haciendas de panllevar. Si bien parte importante de los africanos trabajó en las economías de plantación, su presencia fue más significativa en la ciudad de Lima, donde según los censos coloniales llegaron a representar el 40% y 50% del total de la población de la ciudad, por lo que se consideró a Lima una ciudad negra. ...

Una Lima de todas las sangres
Eduardo Arroyo
El 18 de enero, aniversario 476 de la ciudad de Lima, se conmemora también el centenario del nacimiento del gran amauta José María Arguedas. La capital peruana es hoy una ciudad globalizada y nacional, cosmopolita y popular, mestiza y andina como él la quiso y vislumbró. ...

miércoles, 5 de enero de 2011

Arquitectura en la vida cotidiana ('Architecture in Everyday Life' D. Upton)

"Lo cotidiano comprende 'actividades aparentemente sin importancia'. O se trata de 'un conjunto de funciones que conectan y unen sistemas que pueden aparecer como distintos' (Lefebvre) [...].

Para un arquitecto, 'Lo cotidiano es aquello que permanece luego que uno haya eliminado todas las actividades especializadas' (Harris). Según otro, el espacio cotidiano se encuentra 'entre los ambientes definidos y físicamente definibles, como la casa, el lugar de trabajo y la institución, [este] es el tejido conector que uno las vidas cotidianas' (Crawford) [...].

La arquitectura es concreta de un modo ineludible y forma el tejido y el escenario de la vida cotidiana. Consecuentemente, para aproximarnos a la vida cotidiana a través de la arquitectura - arquitectura con a minúscula, entendida en su sentido más amplio, al abarcar todo el mundo material (o "paisaje cultural"), que la gente hace y piensa - debemos forzarnos a precisar, en modos que muy frecuentemente están ausentes de las teorías de lo cotidiano, las maneras precisas en las que la vida cotidiana es experimentada y los detalles de sus relaciones con otros aspectos de la vida y del paisaje. Es así que la materialidad de la arquitectura la hace un conducto natural para la especificidad de la vida cotidiana. [...]


De modo diferente a, digamos, los críticos o los sociólogos, quienes estudian los trabajos, acciones y valores de otras personas a la distancia, los constructores intervienen directamente en la vida cotidiana. Esto significa que los arquitectos deben examinar sus propias prácticas profesionales e identidades sociales, así como las de las personas para quienes construyen. Este hábito de auto-escrutinio ha precedido largamente el así llamado interés de la Arquitectura por lo cotidiano. Desde los comienzos de la profesionalización Europeo-Americana hace dos siglos, los arquitectos (expandiendo el término para incluir paisajistas y planificadores urbanos) han luchado por diferenciarse a sí mismos de los constructores y de los clientes, y por establecer una identidad social clara que les pueda dar la autoridad cultural para dominar el mercado constructivo y controlar el diseño del paisaje. Han fracasado. Muchos no-arquitectos - constructores, clientes, críticos - continúan reivindicando algún conocimiento autoritario en el campo, y rechazan el dar a los arquitectos la autoridad absoluta que estos buscan. [...]

La idea de lo cotidiano nos fuerza el reconocer que la Arquitectura es parte de la arquitectura, que los diseñadores son parte del mundo cotidiano, en lugar de exploradores venidos de una sociedad más civilizada o hacedores desvinculados de sus clientes y de sus ciudades."

Upton, Dell (2002) "Architecture in Everyday Life". In: New Literary History, Vol. 33, No. 4, pp. 707-723. The Johns Hopkins University Press.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Honestidad (I)

Probablemente uno de los valores de la arquitectura más arraigado en nostros es la honestidad. Los arquitectos que postularon los principios de la modernidad enfatizaron en "la lucha por un diseño nuevo y audaz, por la honestidad en el uso de los materiales y por la verdad." (Hirdina, 1926; en Heynen, 1999: 45). Mucho antes aún, ya se hablaba de la bondad, la verdad y la belleza como una triada indisoluble que servía de marco tanto para la producción como para la crítica arquitectónica.

¿Hasta que punto podemos hablar entonces de honestidad (o la verdad) en la arquitectura? Esta idea tiene una serie de connotaciones que van desde lo constructivo hasta lo ético, pasando, por supuesto, por lo formal.

Los materiales, por ejemplo, deben utilizarse considerando sus características intrínsecas y las posibilidades que éstas ofrecen. Recuerdo una de las primeras lecciones "al paso" de arquitectura, cuando era niña. En una casa, aún en obra, se había colocado unas viguetas prefabricadas de concreto armado y los futuros habitantes no decidían qué "acabado" darle. Yo sugerí pintarlas para que parecieran de madera (mi casa tenía vigas de madera) y la arquitecta de turno casi me come viva: "Nunca pintes algo para que parezca otra cosa".

Pero entremos ahora al punto de vista formal. Se podría decir que la honestidad en la arquitectura, consiste en hacer que el edificio sea aquello que supone ser: un cine debe parecer un cine, una agencia bancaria debe parecer una agencia bancaria. Pero, ¿cómo se ve un cine? ¿cómo supone ser una agencia bancaria?

Palacio de Justicia, Lima (images.travelpod.com)
Durante el predominio estilístico de los "neos" (Neoclásico, Neobarroco, Neogótico) las cosas estaban más claras. Si había que diseñar una corte de justicia, uno se sumergía en la historia de la humanidad y llegaba a la conclusión que la civilización romana había sido la precursora del derecho moderno. Entonces, una corte de justicia debía ser Neoclásica, es decir, debía hacernos pensar en el arquetipo del derecho, en Roma antigua: columnas corintias, composición en base a zócalo, cuerpo y remate, tímpanos con bajorrelieves que representen ilustres personajes, etc. La arquitectura representaba aquello que el ciudadano más o menos culto relacionaba con justicia.

Sin embargo, si seguimos hablando de arquitectura moderna, esto no es honesto, no es verdadero. Los "neos" colocaron a la Historia al centro de sus referentes y se volvieron a ella en busca de soluciones formales. La arquitectura moderna, enérgicamente, rechaza estas actitudes, y se aferra al Zeitgeist (al espíritu de su tiempo) para buscar en él los referentes formales de sus creaciones. 

La arquitectura de inicios del siglo XX postula una verdad que no dependa del ornamento o de la decoración para manifestarse. Aboga por una abstracción de las volutas y una liberación de las demás artes con el fin de crear edificios honestos en su esencia de obra arquitectónica. Sin deudas con otras épocas, sin referencias a otros estilos, sin ornamento, sin delito.

Ahora los cines, las agencias bancarias, las cortes de justicia reflejan honestamente las cualidades de los materiales con las que fueron hechas: el cristal permite transparencias e integración interior-exterior; el concreto, geometrías complejas y texturas ricas; el metal, impresionantes estructuras que alardean de su propio poder.

Y el usuario ya no distingue, entre tanta honestidad, dónde comprar sus entradas al cine y dónde cobrar su cheques.

martes, 23 de noviembre de 2010

El Dominical

"Enconté un blog en 'El Dominical' de hace algunas semanas. Pensé que te podía interesar y ya te estaba escribiendo un mail para recomendártelo cuando me di cuenta que... ¡era el tuyo!"

Más allá de lo anecdótico, qué genial. En esta mini-columna del suplemento 'El Dominical' de el diario El Comercio, el domingo 7 de noviembre, se mencionó este blog como uno de los recomendados de la semana.

Sólo quisiera hacer una salvedad: este blog no "critica el 'mal gusto' en el crecimiento urbano", como se cita en la resaña. Lejos de eso, este blog busca apreciar la originalidad en recursos, formas y procesos. Sin perder el ojo crítico, quiere rescatar aquellos aspectos, que fácilmente denóminamos "de mal gusto" sin pararnos a reflexionar en el valor que puedan tener y, por qué no, también en su potencial como recursos creadores.

Arquitectura Huachafa no es una crítica... o, en todo caso, no es esencialmente una crítica. Es una voluntad de echar luz sobre esos fenómenos arquitectónicos marginales tan fáciles de ignorar o rechazar.

http://elcomercio.pe/impresa/edicion/2010-11-07/ecl2071110z02/09

domingo, 14 de noviembre de 2010

La casa "otra" (E. Allen, ed.)

"Financiera y emocionalmente, la casa es, para cada persona, una de las cosas más importantes de su vida, si bien, pese a ello, son muy pocos los individuos que logran tener algún grado de incidencia en su diseño y el mínimo poder como para modificarla en forma efectiva durante el tiempo que la habitan. Y la situación empeora a medida que los promotores se valen cada día más de la producción masiva y de los métodos industrializados de producción con técnicas típicas y standards de su actividad. Los últimos vestigios de la posibilidad de elección son intentos que se hacen por fuera de la problemática específica de la vivienda."

"La "Sesión en mangas de camisa" (sesión informal sobre "Tecnologías capaces de respuesta en la construcción de viviendas") está basada en la idea de que las viviendas deben adecuarse a la gente y no la gente a las viviendas; que las tecnologías de construcción deben ser flexibles y cambiables, capaces de una estricta adecuación física a las pautas de uso humano; de que la gente debe poder participar mucho más fácil y completamente, en forma directa o a través de máquinas, en el diseño, la construcción y las posteriores modificaciones de sus viviendas; de que las pocas personas que en el mundo han hecho trabajos basados en ideas como estas u otras similares se deben poder reunir informalmente, arremangarse y compartir sus conocimientos."

Allen, Edward, ed. (1978) La casa "otra". La autoconstrucción según el M.I.T.
Gustavo Gili, Barcelona.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La huachafería reina en construcciones de Lima - Comentarios

Comentarios al artículo original publicado el 24 de enero del 2009 en El Comercio.

Ante el 'boom' de la construcción que vive Lima, los municipios multiplican sus esfuerzos para controlar la seguridad de las nuevas edificaciones, pero no se atreven a juzgar en gustos y colores. Salvo en los centros históricos de Lima y Barranco, ningún distrito regula la estética de sus fachadas o monumentos públicos.

Hay aquí una importante confusión de términos. Estética es la ciencia que estudia la relación subjetica (emocional, visceral incluso) entre sujeto y objeto, siendo este último, generalmente, una producción como lo es la arquitectura. No se puede, por lo tanto "regular" la estética. El término está siendo utilizado, de manera coloquial, en lugar de "aspecto externo" o "aspecto formal".

De todos modos, y como el mismo artículo explica líneas más a
bajo, ¿hasta qué punto es útil (o sano) que los municipios "juzguen en gustos y colores", si el fruto de dichos juicios es frecuentemente considerado huachafo? ¿Quién dio a los administradores públicos los recursos o el poder de señalar qué es lo que gusta o disgusta a la gente?

Es que tampoco existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no lo es. [...]

Esto, por supuesto, dificulta mucho la labor de artistas y arquitectos, al mismo tiempo que nos da una libertad casi absoluta. ¡Pero felizmente! Felizmente que no existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no, porque aún si existieran, éstos no garantizarían que la gente estuviese de acuerdo con los mismos. Sucedería, entonces, que "el gobierno" o "la administración" o "el municipio" establecerían parámetros que, más que probablemente, no coincidirían con la opinión de la mayoría de ciudadanos.

Similar contradicción genera la serie de esculturas que se ubica frente a la playa Agua Dulce, en Chorrillos, que busca plasmar el amor conyugal. "Son mamotretos cursis y en absoluto carentes de arte", critica el reconocido urbanista Augusto Ortiz de Zevallos.
Muy a su pesar, una decena de limusinas llega hasta allí cada sábado con parejas de recién casados que hacen cola para fotografiarse con la vilipendiada obra.

Hay entonces un abismo entre lo que piensa Ortiz de Zevallos y lo que siente el ciudadano común. Finalmente ¿para quiénes están diseñadas las ciudades? ¿Para arquitectos o profesionales afines, que pertenecen a un pequeñísimo grupo poseedor de una cierta cultura en materia de arte, arquitectura y estética? ¿O para el ciudadano común, representante de una fuerte mayoría, que quiere simplemente disfrutar de algo que le produce una experiencia estética positiva?

En este punto, el lector debe estar preguntándose si es mejor tomar partido por la opinión académica o si, por el contrario, debe respaldar el gusto popular.

Ésta es, precisamente LA pregunta.

[...] "Siempre se ha acusado a los conos de tener fachadas con mayólicas, pero la llamada huachafería también domina los barrios de clase alta, donde la imitación de arquitecturas foráneas e inadecuadas para el clima de Lima es producto del complejo y la desinformación", reflexionó Ortiz de Zevallos. Se refiere a los techos a dos aguas, chimeneas y ventanas templadas que abundan, por ejemplo, en la urbanización La Laguna, en La Molina.

Efectivamente, nadie se libra de ser huachafo (me atrevería a decir, con todo el respeto del mundo, que AOZ tampoco). Y eso no tiene nada de malo.

"Las fachadas son de todos y los dueños de los casinos no tienen derecho a imponernos semejante ruido visual", dijo Ludeña en referencia a la estridente decoración exterior de algunos locales de juego de la Av. La Marina.

Es cierto. Pero dichas fachadas también recrean pseudo-universos, pequeños mundos traídos de una realidad que nos es bastante ajena, pero que sin embargo nos gusta. Porque si esos neones, esas formas, esos recursos colocados sobre la arquitectura no gustaran a un grupo importante de gente, no estarían ahí.


El artículo, finalmente, trata el tema de manera bastante superficial. No propone soluciones, ni ideas nuevas, ni siquiera una firme postura a favor o en contra de las opiniones citadas. Pero plantea, eso sí, LA pregunta fundamental:

¿Es mejor tomar partido por la opinión académica o, por el contrario, se debe respaldar el gusto popular?

Yo quisiera agregar una pregunta adicional:

¿Por qué existe una distancia tan abismal entre una opinión y la otra?

La huachafería reina en construcciones de Lima (R. Ramón)

Ante el 'boom' de la construcción que vive Lima, los municipios multiplican sus esfuerzos para controlar la seguridad de las nuevas edificaciones, pero no se atreven a juzgar en gustos y colores. Salvo en los centros históricos de Lima y Barranco, ningún distrito regula la estética de sus fachadas o monumentos públicos.

Desde el 2006, el Reglamento Nacional de Edificaciones del Ministerio de Vivienda ordena en su primer artículo "que (la construcción) se integre a la zona de manera armónica", y aclara que son los municipios provinciales los que deben emitir normas complementarias para que esta directiva se cumpla. Sin embargo, la Gerencia de Desarrollo Urbano del concejo limeño admitió que a la fecha no existe una sola de dichas normas en la provincia.

Es que tampoco existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no lo es. Quizá por eso, cuando Gregorio Yauri abre cada mañana la puerta de su casa, lo asalta la imagen de un malhumorado dinosaurio con aspecto de iguana. "Cuando los muertos se levanten, este nos va a defender echando fuego por la boca", dice Yauri, que confunde al reptil prehistórico con un dragón.

Desde que el monumento apareció hace seis años en la alameda que separa la Av. Plácido Jiménez del cementerio Padre Eterno, en El Agustino, los más connotados urbanistas de Lima han opinado que es de pésimo gusto. Sin embargo, el dinosaurio se ha vuelto familiar y hasta querido para Yauri y sus vecinos.

Similar contradicción genera la serie de esculturas que se ubica frente a la playa Agua Dulce, en Chorrillos, que busca plasmar el amor conyugal. "Son mamotretos cursis y en absoluto carentes de arte", critica el reconocido urbanista Augusto Ortiz de Zevallos.

Muy a su pesar, una decena de limusinas llega hasta allí cada sábado con parejas de recién casados que hacen cola para fotografiarse con la vilipendiada obra.

En este punto, el lector debe estar preguntándose si es mejor tomar partido por la opinión académica o si, por el contrario, debe respaldar el gusto popular.

Las casitas del Barrio Alto

"Siempre se ha acusado a los conos de tener fachadas con mayólicas, pero la llamada huachafería también domina los barrios de clase alta, donde la imitación de arquitecturas foráneas e inadecuadas para el clima de Lima es producto del complejo y la desinformación", reflexionó Ortiz de Zevallos. Se refiere a los techos a dos aguas, chimeneas y ventanas templadas que abundan, por ejemplo, en la urbanización La Laguna, en La Molina.

"En una ciudad donde no llueve, no se requiere calefacción y las ventanas deben estar abiertas, eso solo puede obedecer a una vanidad ingenua", sentenció a su turno el especialista Wiley Ludeña.

En un recorrido por La Molina y Surco fue fácil descubrir fachadas con forzados estilos orientales, escandinavos, coloniales y hasta medievales.

En La Molina, cerca del Cementerio de La Planicie, también se erige una escultura en forma de ala de pollo. "No la entiendo. Es horrorosa", señala la vecina Raquel Villar.

Pero si de monumentos se trata, el clip rojo que ostenta el bulevar del Parque Norte, en San Borja, ganaría un concurso de desconciertos. "Ahora cualquier cosa es arte", reclama, escéptico, el taxista Miguel Cuadros.

"Las fachadas son de todos y los dueños de los casinos no tienen derecho a imponernos semejante ruido visual", dijo Ludeña en referencia a la estridente decoración exterior de algunos locales de juego de la Av. La Marina.

Ramón Huaroto, Roxabel
En: El Comercio. 24 de enero del 2009.


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