domingo, 11 de agosto de 2013

Los factores socioculturales y la forma de la casa (A. Rapoport)

“Las soluciones o adaptaciones [en una casa] no tienen lugar simplemente porque son posibles. El marco físico ofrece las posibilidades, entre las cuales se hacen elecciones a través de tabús, costumbres y caminos tradicionales de una cultura. Aun cuando las posibilidades físicas son numerosas, las elecciones reales pueden estar gravemente limitadas por la matriz cultural; esta limitación puede ser el aspecto más típico de las viviendas y asentamientos de una cultura.

Palomino, Lima
Entonces, mi hipótesis básica es que la forma de la casa no es únicamente el resultado de unas fuerzas físicas o de un solo factor causal, sino la consecuencia de una serie de factores socioculturales considerados en los términos más amplios. La forma es, a su vez, modificada por las condiciones climáticas (el entorno físico que imposibilita algunas cosas y facilita otras) y por los métodos de construcción, los materiales disponibles y la tecnología (los instrumentos para lograr el ambiente deseado). A las fuerzas socioculturales las llamaré primarias y, a las demás, secundarias o modificantes.

Dados un cierto clima, la disponibilidad de ciertos materiales y las coacciones y capacidades de un nivel de tecnología dado, lo que finalmente decide la forma de una vivienda y moldea sus espacios y sus relaciones es la visión que tienen las personas de la vida ideal. El ambiente perseguido refleja muchas fuerzas socioculturales, las cuales comprenden las creencias religiosas, la estructura de la familia y del clan y las relaciones sociales entre los individuos. Esto contesta al por qué las soluciones son mucho más variadas que las necesidades biológicas, los ingenios técnicos y las condiciones climáticas y, también, a por qué en una cultura un aspecto puede ser más dominantes que los demás. Los edificios y los asentamientos son la expresión visible de la importancia relativa atribuida a diferentes aspectos de la vida y de los distintos modos de percibir la realidad. La casa, el pueblo y la ciudad expresan el hecho de que las sociedades comparten ciertas metas y valores aceptados de un modo general."

Rapoport, Amos (1972 [1969]) Vivienda y cultura. Barcelona: Gustavo Gili

viernes, 26 de julio de 2013

Arquitectura con la gente... (Y. Friedman)

Arquitectura con la gente, por la gente, para la gente

(www.yonafriedman.nl)
"Escogí este título porque parafrasea la definición de democracia de Lincoln, una definición que es justa, pero que muy rara vez se implemente. Si tuviera que dar un calificativo a mi acercamiento a la arquitectura, sería "democrático", en el sentido de la interpretación de Lincoln. La arquitectura tiene que concebirse con la gente, y ser materializada en la medida de lo posible, por la gente. El término "para la gente" es evidente. Esto no significa que el arquitecto no tenga ningún papel en el proceso: puede aportar ideas, técnicas, estéticas nuevas, que tendrán que ser validadas con la gente, por la gente, para la gente únicamente. Por cierto, los arquitectos también son gente... pertenecen a la gente."

Friedman, Yona (2011) Arquitectura con la gente, por la gente, para la gente. Actar: Barcelona. p 14.

viernes, 19 de julio de 2013

Formalidad / Informalidad: Por una arquitectura peruana que sea nuestra

"La ciudad informal:

No es sólo la ciudad de los pobres, sino una articulación y ocupación del espacio temporal.

No sólo crea una sensibilidad más rica de la ocupación espacial, sino que además sugiere cómo se expanden los límites espaciales para incluir usos que, desde la formalidad, son inimaginables."

R. Mehotra, 2010

domingo, 30 de junio de 2013

Territorios comunes, mirando hacia el hemisferio sur

Publicado en "La Chimenea", N° 7. Mayo 2013.

El león de oro de la última Bienal de Arquitectura de Venecia le fue otorgado a Urban Think Tank (Alfredo Brillembourg y Hubert Klumpner), en colaboración con Justin McBurk y Iwan Baan. Un grupo ecléctico e interdisciplinario que presentó una propuesta que, sin duda, fue polémica. La respuesta a la premisa “Common Ground” (Territorio común) fue un espacio al interior del Pabellón del Arsenal, separado por un muro de ladrillo expuesto, poético en su precariedad, que encerraba un café. Esta intervención, titulada Torre David / Gran Horizonte, 2012, servía de escenario a fotografías, videos y reflexiones en torno al edificio hoy llamado “Torre David”, una ocupación informal de un edificio que había quedado en casco, en uno de los barrios más céntricos de Caracas.


La premiación fue sumamente criticada, entre otras razones, por no tratarse de una producción arquitectónica original del estudio, pero por sobre todo, creo, por lo mucho que incomodó la instalación. En un evento diseñado por arquitectos y para arquitectos, lo último que se quiere ver es esa cruda realidad en la que el ser humano “de a pie” decide ocupar el territorio – natural o artificial – y actuar sobre él sin asesoría de arquitectos o ingenieros. El resultado formal, que se aleja de modo diametral de las soluciones oníricas que los arquitectos estrella buscan producir hoy en día, es aquello que nos gustaría ignorar: precariamente construido, impuro, decorado, colorido, cambiante.

No era, evidentemente, arquitectura de moda.

Sin embargo, es cada vez más frecuente percibir un nuevo enfoque dentro de la arquitectura contemporánea. Pequeños estudios, con pequeñas obras generalmente publicadas en soportes virtuales, empiezan a preguntarse sobre esos incómodos temas que, tradicionalmente, asustan al arquitecto que quiere tener el control sobre su obra: espontaneidad, emergencia, hibridación, crecimiento progresivo, cotidianeidad, escasez de recursos.

Ante los flujos migratorios hacia diversas zonas de Europa y Norte América, algo ha cambiado. Los tradicionales centros de la arquitectura mundial, hacia donde los arquitectos solíamos mirar en busca de referencias, se están viendo a sí mismos rodeados de informalidad, de poblaciones mixtas, de gustos populares y de situaciones en las que la arquitectura como objeto terminado no tiene mayor cabida. De pronto, las situaciones son emergentes y espontáneas, y requieren de una respuesta distinta a la del solitario arquitecto en su tablero.

Esto tiene como consecuencia un fenómeno muy curioso: desde hace algo más de una década, por primera vez en la historia, los tradicionales centros están mirando hacia las periferias para aprender algo de lo que aquí sucede. Dentro de contextos en los que la informalidad y la hibridación han sido una constante, un gran número de arquitectos y teóricos buscan las respuestas a situaciones que les son nuevas y desconcertantes. Eventos y simposios sobre informalidad, charlas de grandes arquitectos, viajes de estudio y grupos de investigación miran hacia el hemisferio sur, ya no necesariamente con una curiosidad antropológica o con una indulgente fascinación, sino con una seria voluntad de aprender de las maneras de hacer arquitectura y ciudad que nosotros desarrollamos desde hace más de medio siglo.

El que los recursos de estas partes del mundo sean buenos o no, el que tengamos soluciones practicables y sustentables o no, no es el tema de discusión. Son, sí, soluciones a las que vale la pena mirar, soluciones que cambian en el tiempo, que entienden, por primera vez, que la arquitectura no es un producto final, sino un constante proceso.

Muchas de las nuevas propuestas se detienen en la imagen exterior del edificio. Proyectos como la casa Kokuban, de Hari Architects (2011), plantean una imagen y unos materiales que podrían haber sido sacados de un barrio informal. Son obras con composiciones volumétricas simples, que aspiran a un lenguaje cotidiano por medio del uso de materiales económicos, utilizados de un modo diverso. A diferencia de la casa de Frank O. Gehry en Santa Mónica (1978-1991), primer referente al uso de materiales banales en una vivienda que no quiere serlo, estas propuestas muchas veces carecen de la originalidad propuesta por el propio material, y muestran soluciones que poco tienen que ver con lo único y lo espectacular.

Otras formulaciones parten de adoptar los procesos, interdisciplinarios y de diálogo y conciliación, dentro de la configuración de espacios. Se trata frecuentemente de programas en los que el arquitecto no es la figura principal o quien dirige las propuestas, sino uno más dentro de un equipo que incluye sociólogos, economistas y, por supuesto, los mismos usuarios y participantes de los proyectos a diseñar. Muchos de estos grupos trabajan en entornos precarios con grupos de poblaciones marginales en los suburbios de las grandes ciudades.

Finalmente hay un tercer grupo de propuestas, que parte de asumir que el usuario de los edificios hace cambios en estos con el paso del tiempo. Proyectos como la Quinta Monroy, de Elemental (2003-2004), buscan ser “completados” con estas intervenciones y se resignan a la idea de no tener control sobre la forma final del edificio e, incluso, que ésta nunca será permanente.

El proyecto ganador de la Bienal no pertenece a ninguna de estas categorías. Parte de una intervención sin arquitectos, en la que se nos cuestiona la esencia misma de nuestra profesión y que responde, de un modo casi literal, a una premisa que nos es complicada: “cuestionar las prioridades que parecen dominar nuestro tiempo, prioridades que se enfocan en lo individual, en el privilegio, en lo espectacular y en lo especial. Estas prioridades parecen pasar por alto lo normal, lo social, lo común. […] Considerar nuestras influencias, preocupaciones y visiones comunes puede ayudarnos a entender mejor la disciplina de la arquitectura y su relación con la sociedad” (Chipperfield, David, 2012).

Los arquitectos no llegamos a un mundo que se nos presenta convenientemente vacío, listo para recibir esas intervenciones singulares y muchas veces espectaculares. Somos parte del territorio común, compartido con gente común y con procesos cotidianos de crecimiento y adecuación a dinámicas siempre cambiantes. ¿Será posible que las tímidas propuestas de la arquitectura contemporánea se conviertan en una tendencia global de diálogo? ¿Hay lugar en nuestras mentes para un arquitecto que deja de ser la voz principal para convertirse en uno más de los agentes participativos? ¿Podremos entender que, a diferencia de lo aprendido en las escuelas, la arquitectura es, efectivamente, un proceso en constante cambio?

miércoles, 19 de junio de 2013

Arquitecto y habitante (Y. Friedman)

"Si consideramos un 'objeto arquitectónico' (un edificio, un complejo de edificios, un paisaje), sabemos ya que éste contiene en sí mismo dos procesos: el de su realización y el de su utilización (entendiendo aquí el término 'utilización' en su sentido más amplio, es decir, incluyendo como usuarios del objeto en cuestión a cualquier individuo que de cualquier manera sufra sus 'efectos')

Cada uno de los dos procesos, realización y utilización, da un rol determinante a dos protagonistas que usualmente llamamos el 'arquitecto' y el 'habitante'. (Es evidente que, según la definición que daremos de objeto arquitectónico, el usuario no es necesariamente un habitante, pero al inicio he preferido usar la expresión 'habitante' para evitar el error involuntario al que se caería si consideramos que quien disfruta principalmente del objeto sea su propietario o su admirador. El habitante es, en cualquier modo, el 'esposo' del objeto arquitectónico).

Son, quizás, sutilezas [...]. Podemos constatar las ventajas de de esta postura a penas formulemos las siguientes preguntas:

a) ¿Cuál es la razón de ser de un objeto arquitectónico?
b) ¿Quién, entre el arquitecto y el habitante, debe tener la prioridad?
c) ¿Estos dos roles no podrían ser desarrollados por una misma persona?

Las respuestas aparentan ser fáciles y dictadas por el sentido común.

Evidentemente, la razón de ser de un objeto arquitectónico (un edificio, una casa, una villa, un jardín) es el satisfacer al habitante y 'servirle'.

Yona Friedman
(hacedordetrampas.blogspot.com)
En consecuencia, es también evidente que el habitante debe tener derecho de prioridad sobre el constructor del objeto.

Parece, entonces, absolutamente lógico pensar que si una misma persona asumiese ambos roles - el del habitante y el del constructor - no habría ningún problema a resolver [...].

Lamentablemente hoy nos encontramos en una situación tan absurda (y esto ninguna person
as con sentido común podrá negarlo) que en la práctica sucede exactamente lo contrario: un objeto arquitectónico raramente satisface al habitante, encima de quien se coloca el constructor, e cada sistema económico y social parece haber sido concebido con el único objetivo de multiplicar los esfuerzos para evitar que el constructor y el habitante sean una única persona. El sentido común tiene, sin embargo, una ventaja sobre las leyes y sobre los sistemas económicos y sociales: es inexorable; pero tiene también un gran inconveniente: es frecuentemente lento - una violación de la razón y del sentido común, por lo tanto, será siempre castigada. Es inevitable, ¿pero cuánto tardará? Nuestra arquitectura actual viola el sentido común."

Friedman, Yona (2010 [2003]) L'architettura di sopravvivenza. Una filosofia della povertà. Torino: Bollati Boringhieri. pp 15-16.

sábado, 27 de abril de 2013

Buen gusto (C. Moore, G. Allen & D. Lyndon)

(guadalajara.olx.com.mx)
"Nos dicen que el buen gusto es un factor muy importante en el diseño de una casa. Y esto nos lo puede decir alguien que se supone lo tiene y que generalmente procura que todo el mundo se percate de que así es, de que hay gente que no lo tiene, que en esa gente está incluido uno y que uno habrá de esforzarse mucho por superar tal deficiencia. Nosotros partiremos de la idea de que todo esto es un puro absurdo. Nuestras tradiciones dependen de los "hacedores del gusto" mucho menos de lo que suele creerse. Las tradiciones tienen un gran poder precisamente porque nos ofrecen posibilidades y guías capaces de sostener la innovación; en cambio, el buen gusto pretende intimidarnos con reglas y limitaciones que asfixian las elecciones personales.

La premisa fundamental [...] es que cualquiera que se esfuerce lo bastante puede crear una casa de gran calidad. Basta con preocuparse lo bastante. Uno combina los bienes y adornos de su vida con los sueños para hacer un lugar que sólo es de uno. Y al hacerlo construye una imagen del mundo que conoce y la suma a la comunidad que le rodea."

Moore, Charles; Allen, Gerald; Lyndon, Donlyn (1999) La casa: forma y diseño. Barcelona: Gustavo Gili. p vii.

lunes, 15 de abril de 2013

California Crazy










Heimann, Jim (2001) California Crazy & Beyond. Roadside vernacular architecture. San Francisco: Chronicle Books.
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