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martes, 24 de junio de 2014

Clubs (François Prost)

François Prost es un fotógrafo autodidacta. Su más reciente proyecto consite en fotografiar clubes nocturnos y discotecas en las afueras de ciudades.

"Sin la distracción de las multitudes y el destello de las luces de disco y los ojos borrosos, los clubes se ven un poco tristes y empobrecidos, y se hace aparente cuán extraños y, en cierta forma, distópicos son algunos de los diseños" - It's nice that.








Imágenes: http://www.francoisprost.com/photography/

viernes, 30 de mayo de 2014

Juego de construcción estilo Indio

Traducción e imágenes del artículo de Françoise Dorget "Jeux de construction 'a l'indienne".

"En Tirunamavalai, al sur de la India, las casas coloreadas como los juegos de niños parecen haber salido del universo del arquitecto Ettore Sorrsass. ¿Qué es realmente? [...]

Cada casa es, ante todo, la obra de una familia, responsable del diseño de las plantas y de la inundación de formas y de colores donde les parezca. "Soy yo (y mi esposa/mis hijos) quien los ha escogido", respondes con orgullo e inevitablemente a mis preguntas. Una de las construcciones más espectaculares que he visto es de un sacerdote brahamán. Contento que su casa haya sido fotografiada, nos invitó ceremoniosamente a entrar: el interior era un increíble montón kitschísimo de altares cubiertos con ofrendas, de camas con tejidos brillantes... La computadora está sobre una mesa de esquinas asimétricas, llena de decoraciones [...]: geometrías oblicuas, cubos, puntitos, organización de colores... 

Ningún reparo en mezclar los estilos: libertad, consumismo, conservadurismo, adaptación inmediata a las aportaciones de otros lugares, a las posibles experimentaciones, voluntad de mostrar la riqueza material de la familia, inmersión en los colores extremos de la India. Puede ser que la forma de pensar hinduista particularmente, permita el no tener que escoger entre una época y otra, y autorice entonces las cohabitaciones más extrañas. Pero si las fachadas multicolores de las casas de Tirunamavalai son una provocación estética pura, su organización interior responde ni más ni menos a un modo de vida tradicional de sus propietarios, sin conflicto alguno."











miércoles, 16 de abril de 2014

Kitsch urbano (V. Gregotti)

Chorrillos (www.flickr.com)
"En lo que respecta al hecho urbano, aquello que domina es el crecimiento como valor autónomo y, por lo tanto, la satisfacción representada por este. La expansión se deposita a los márgenes de la ciudad como 'sprawl' y en el centro como acumulación de lo construido, cuya única regla es la competencia entre objetos engrandecidos, de fachadas como soporte publicitario, fundamento de un kitsch urbano perseguido y deseado que es, más que una compleja confusión, un voluntario desprecio por el diseño urbano. Incluso el monumento antiguo se ha vuelto sobre todo un valor económico turístico y es en este aspecto, más que en su conservación y en el cuidado de su contexto, en lo que se concentra la atención pública.

[...] Todo esto parece querer seguir el camino indicado por el principio 'form follows the market' en lugar de 'the function'; pero hoy se ha volcado hacia la célebre frase de Raymond Lowey, que afirmaba que 'la fealdad se vende mal' en el sentido en el que sólo el nuevo kitsch, en la forma de bizarría inútil de la última moda, se vende bien. En realidad sólo los instrumentos electrónicos parece, por ahora, haber conservado una forma digna y precisa. De cualquier como, como escribí entonces [en 1968], 'mientras que las estructuras productivas y los mismos diseñadores continúen considerando el design de un objeto como publicidad en lugar de proyecto, todo esto no dejará de proponerse como kitsch'. Y así ha sucedido.

Que todo esto, además, encuentre hoy en la arquitectura un éxito mediático, en sus extrañezas sin necesidad, en los propios monumentos, no hace sino confirmar cómo la situación refleja el kitsch urbano."

Gregotti, V. (2012) Il kitsch urbano. En: Dorfles, G. Oggi il kitsch. Bologna: Editrice Compositori. pp 18-19.

lunes, 15 de abril de 2013

California Crazy










Heimann, Jim (2001) California Crazy & Beyond. Roadside vernacular architecture. San Francisco: Chronicle Books.

sábado, 30 de marzo de 2013

El gusto del CAP contraataca

Foto de portada del Facebook del Colegio de Arquitectos del Perú

Criticar los aspectos formales de algo (lo que coloquialmente se conoce como "la estética") es complicado. Básicamente porque se trata de una esfera subjetiva, donde se supone que todo es posible. Todos tenemos derecho a nuestro propio gusto; pretender juzgar el gusto de los demás cae pesado y, peor aún, querer imponer nuestro gusto a otros es una titánica tarea que pocas veces tiene buenos resultados.

Dicho esto, sin embargo, quisiera criticar esta imagen. 

Con ustedes, la sede del Colegio de Arquitectos del Perú en Lima, versión Photoshop intenso.

Dejemos de lado el muchas veces cuestionado diseño arquitectónico y el criticadísimo recubrimiento en cerámicos (... y luego nos preguntaremos por qué en las viviendas auto-construidas la gente tiende a recubrir sus propias fachadas con cerámicos). No me refiero a la arquitectura en sí, sólo a la imagen.

Un edificio sólo, como el único rezago del planeta, con los vecinos cuidadosamente removidos de la foto. Sin carros, sin combis, sin ambulantes, sin gente que pasea. Como si fuera el último superviviente de un Apocalipsis. Completamente limpio, eso sí, recién bañadito, con un blanco que refleja sospechosamente la luz de un sol inexistente, y un verde sobre el que nunca ha caído polvo.

Y, por supuesto, lo mejor: el cielo. No creo que ni siquiera el cielo de Puno tenga un azul tan intenso. Estoy segura que el de Lima no es así, ni siquiera en el mejor día de verano. No tenemos esos cielos, no tenemos esas nubes.

La gran pregunta es ¿por qué el CAP querría representar su propia sede de una manera tan imposible? ¿Por qué forzar la realidad, Photoshopearla, limpiarla e ignorar en el camino muchos de sus componentes? ¿Cuál es el mensaje que esa imagen da? 

¿Es que acaso nuestra arquitectura es, o debería ser, una producción visual de 3D? ¿Significa entonces que , con nuestra arquitectura, tenemos que ignorar una realidad polvorienta, gris nueve meses al año, llena de tráfico, peatones y ambulantes? ¿Debemos apuntar a un edificio-objeto, "limpio" de usuarios y de conflicto?

viernes, 8 de marzo de 2013

El gusto del CAP


La imagen primero me hizo estremecer. Luego pasó lo que pasa con cierta frecuencia cuando uno ve algo feo: no podía dejar de mirarla.

Lo primero que pensé fue que si los fundadores de la Arquitectura (con mayúscula) en el Perú pudieran ver la imagen que el Colegio decide publicar para conmemorar el 8 de marzo, se estarían revolcando en sus tumbas.

Se me ocurre que estos grandes nombres que hemos estudiando en la facultad - Marquina, Malachowski, Miró-Quesada, Seoane -, miembros de élite destinados a encabezar las esferas artísticas locales, hubieran tenido grandes dificultades para entender cómo es posible una imagen como ésta.

¿Qué hubieran hecho ellos en una situación similar? Imagino que una tarjeta bastante sobria, carente de ornamento superficial, con un mensaje sobrio y bien pensado, entendiendo que hoy no se felicita a las mujeres, sino se las reconoce, reflexionando sobre la importancia y las implicancias de la fecha en nuestra coyuntura.

¿Qué tenemos hoy? El Colegio de Arquitectos del Perú nos obsequia con una imagen de falsos dorados, flores rosadas, recargada de íconos-cliché, con un mensaje superficial y un gran error de redacción (¿no falta una palabra luego de ese "Les"?) y sobre todo, facilista. Kitsch.

¿La imagen hubiera sido más sobria, geométrica y abstracta si se tratara de una festividad masculina? Creo que no.

El gusto de la mayoría pocas veces ha sido el gusto de las élites. Aparentemente, ahora ese gusto ha llegado a la directiva de una de las instituciones que, se supone, representa algo de la dirección hacia la que va o debería ir nuestra cultura.

¿Cuál es nuestra cultura? ¿Cómo es nuestro gusto? ¿Qué imágenes nos representan? Y, sobre todo, ¿qué hacer con la brecha que hace que, a muchos, la imagen nos inquiete?

miércoles, 29 de febrero de 2012

Relatividad o cómo se dice huachafo en chino

Los barrios chinos tienen una magia especial. En ningún otro tipo de barrio he tenido tan clara la idea de la ciudad dentro de la ciudad y sé que en gran medida esto se debe a dos factores: el que de repente la mayoría de textos estén en caracteres chinos y, por lo tanto, el espacio se nos haga hermético en información, y la experiencia estética con tantos motivos tradicionales importados, adaptados e inspirados en el arte y la arquitectura tradicional no sólo de China, sino de otros países del Oriente.

Lo que me lleva una dificultad.

¿Cómo se aprecia el valor formal de los objetos pertenecientes a culturas que nos son ajenas? Y ya que entramos a relativizar la belleza, ¿por qué no otras categorías?

¿Cómo se dice huachafo en chino?

Estas son unas cuantas imágenes tomadas en el Chinatown de Chicago. No es ni el más grande ni el más intenso que he visitado, pero sirve de ejemplo. Desde mi escasez de recursos con los cuales juzgar este tipo de arte, de un modo bastante arbitrario (y demostrando mi completa ignorancia) diré que estas cosas me parecieron huachafas. Kitsch, si queremos usar un término más internacional. Pero, desde el punto de vista de la cultura que los origina, ¿lo son?








sábado, 14 de mayo de 2011

Kitsch, huachafo, chicha - Bibliografía

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jueves, 17 de junio de 2010

Kitsch and Tendentious Art (H. Broch)

"The essence of kitsch is the confusion of ethical and esthetic categories; kitsch wants to produce not the "good" but the "beautiful". And if this means that the kitsch novel, even while often using quite naturalistic language, i.e., the vocabulary of reality, describes the world not as it really is but as it is hoped and feared to be, and if quite analogous tendencies turn up in the fine arts as well, if kitsch in music depends exclusively on effect - one need only think of the so-called bourgeois salon music, remembering that in many respects the music industry of today is its overbred offspring - still one must concede that no art can work without some effect, without a smattering of kitsch. In the dramatic arts, kitsch becomes a structural bourgeois one, namely, opera, in which effect is the principal structuring element; and one should not forget that opera by its very nature is distinctly "historical", and that that relationship between artwork and public where the "effect" is actually revealed is a matter of the empirical, the earthbound. The means employed for effect are always "proven", and they can hardly be increased any more that the number of possible dramatic situations could be increased: that which is past and proven appears over and over again in kitsch; in other words (a troll through any art exhibit will confirm this), kitsch is always subject to the dogmatic influence of the past - it will never take its vocabulary of reality from the world directly but will apply pre-used vocabularies, which in its hands rigidify into cliché, and here is the nolitio, the rejecting of goodwill, the turning away from the divine cosmic creation of values." (pp 32,33)

Broch, Hermann. "Kitsch and Tendentious Art (1955). In: Geist and Zeitgeist. The Spirit in an Unspiritual Age, Hermann Broch, 31-39. New York: Counterpoint, 2002.

viernes, 19 de marzo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

viernes, 26 de febrero de 2010

¿Estética subjetiva? (L. Giesz)

"Frente a la estética como filosofía de la bellas artes, es decir ciencia objetivista del arte, que (por razones diversas) no hace caso del kitsch, estaría una 'estética de abajo', como diríamos con G. Th. Fechner. Claro está que no en el mismo sentido que él. Su intento de una estética científica, que investiga experimentalmente los elementos psicológicos de la satisfacción artística, según el ejemplo de las ciencias naturales, se opone totalmente a una 'estética de arriba' que parte de la obra de arte, que estudia las condiciones 'subjetivas' de la experiencia estética. [...] la estética experimental, esta 'ciencia de la belleza sin lo bello', sufre el defesto básico de abarcar la esfera propia de lo estético como resultado de hipótesis no-estéticas. Lo mismo ocurre con los seguidores de Fechner, incluida la estética americana de lo behavioristas. Con otras palabras, una 'estética de abajo' debería lograr dos cosas: en primer lugar, estudiar desde sí misma la esfera peculiar de lo estético, y al mismo tiempo poder deducir de los actos estéticos pre-artísticos los diferenciados o artísticos. Entonces se darían las condiciones previas para aclarar el fenómeno del kitsch, así como el de su relación con el arte, de manera más satisfactoria que hasta ahora. Pero, que nosotros sepamos, no existe una estética de este tipo.

Preferiríamos hablar de una estética antropológica y queremos dedicarnos a un estudios de los estados estéticos. Aquí el concepto de estado debe alcanzar una amplitud que la psicología de la conciencia del siglo XIX no había conseguido cuando hablaba de 'estados anímicos'. Nuestro vocablo tiene su origen en Nietsche, quien - como ya lo habían dicho Hamann y Schiller - entendía con este concepto un aspecto humano total: estado es en cualquier caso más amplio que 'situación de conciencia'; el 'estado apolíneo' o el 'dionisíaco' de Nietsche ya son estados generales o metapsicológicos de la persona.

[...] Una estética antropológica que estuviera interesada en estudiar los estados, podría evitar la tentación mencionada con métodos interrogativos teórico-cognoscitivos y psicológicos. A esto se añadiría la ventaja de que la estética ya no dependería meramente del estudio más o menos objetivo de los objetos de arte. Todas estas ventajas parecen favorecer especialmente un estudios del kitsch, porque - como veremos más adelante - las relaciones de sujeto/objeto se confunden de forma verdaderamente peculiar en el estado cursi. Los predicados, aparentemente objetivos, de dulce, viscoso, penetrante, perfumado, etcétera, serán comprendidos por los análisis de estados.

Pero este método, ¿no es demasiado 'subjetivo'? ¿No es un retorno a la psicología de la 'vivencia' estética, de la 'conciencia estética'?

[...] Tras estas notas escépticas de introducción, sería lo más razonable dar una teoría antropológica fundamental, una teoría de los actos y estados estéticos, par aclarar - en parte por deducción - el fenómeno del kitsch. La solución más satisfactoria sería seguramente localizar con precisión el kitsch dentro de la esfera de lo estético en general. Pero desgraciadamente no podemos realizar esta solución ideal, ya que no existe ni una antropología, que nos vendría muy bien, ni unos análisis del kitsch que nos permitan proceder de forma metódicamente exacta. Ni siquiera existen [...] definiciones claras de lo que se llama kitsch. Naturalmente no faltan esquemas filosóficos totales que se esfuerzan por conseguir una definición feneral de la esencia humana (a nosotros nos atañen fundamentalmente Scheler, Heidegger, Jaspers, Plessner y Sartre). Pero las concretísimas cuestiones que plantea el problema del kitsch necesitan unos horizones interrogativos más especiales y también un saber más detallado. De lo contrario, nos arriesgamos a condenar simplemente, con general solemnidad, el kitsch, este paria de la estética, en lugar de compranderlo, si no con afecto, sí al menos en profundidad."

Giesz, Ludwig: Fenomenología del kitsch.
Tusquets. Barcelona, 1973. (pp 16-22)

sábado, 20 de febrero de 2010

Funciones del kitsch (A. Moles)

La función económica del kitsch

Las fronteras al interior de las cuales el sistema kitsch opera en la sociedad, posibilitan un análisis antropológico que conduce, curiosamente, a la justificación de muchos de sus aspectos.

El kitsch ofrece,en primer lugar, una función de placer al individuo, o, mejor dicho de esponteneidad en el placer que parece ajena a la idea de lo bello o de la fealdad trascendente, y da al individuo la oportunidad de participación limitada y, por proximidad, le da acceso a la extravagancia. En este sentido, la moda "hasta donde se puede exagerar estando siempre a la mitad" es uno de los ejemplos precisos. El kitsch es la recuperación del talento artesanal y, de manera general, constituye la recuperación del arte subversiva en la Gemütlichkeit, en el confort de la vida cotidiana. Lo kitsch es la gran victoria del talento contra el genio (Morin).


La función pedagógica del kitsch

Por ese motivo, una de las funciones fundamentales del kitsch es su función pedagógica o educadora. Para llegar al "buen gusto", la vía más simple es pasar por el "mal gusto" mediante un proceso de depuraciones sucesivas, o incluso, por la asención de una pirámide de calidad paralela a la pirámide meritocrática (Young). [...]

La función pedagógica del kitsch fue casi siempre tratada con negligencia tanto por las innumerables connotaciones negativas del kitsch como por la tendencia instintiva de todos aquellos que escriben de sobrestimar su juicio estético. En una sociedad burguesa y, por regla general, mediocrática, el paso por lo kitsch es un pasaje normal para tener acceso a lo auténtico, sin que la palabra "normal" aquí utilizada implique cualquier juicio de valor, sino sólo un aspecto estilístico. El kitsch da placer a los miembros de la sociedad de masa y, de esta manera, les permite el acceso a exigencias suplementarias y a pasar de sentimentalismo a sensación. Las relaciones entre lo kitsch y el arte son particularmente ambiguas, las mismas que existen entre la sociedad de masa y la sociedad creativa. El kitsch permanece esencialmente como un sistema estético de comunicación de masa.

Fotos: Pablo C. Herrera

Reconocer el Kitsch (A. Moles)

"Lidiamos con un fenómeno difícil, cuya teoría no está elaborada. [...] Para la adopción de diversos puntos de vista sobre el fenómeno t habiendo definido un gran número de items marcados por el caracter "kitsch" - sin definir todavía lo que puede significar este término - el tipólogo va a intentar establecer alguna correlación entre dos signos numericos, cuya diferenciación es arbitraria. Si uno de los signos xi está presente, probablemente un otroxjtambién lo estará, o, por el contrario, estará sistemáticamente ausente. Se contruye así una red de interrelaciones, una estructura de items típicamente kitsch, o por lo menos, un conjunto discreto de items en relación a un conjunto mayor. [...]

De esta manera podremos constatar, por ejemplo, que no hay grandeza geométrica subyacente al kitsch: el hecho de que un objeto sea grande o pequeño no tiene nada de kitsch en sí mismo. Sin embargo, la idea de una desproporción de las dimensions en relación al objeto representado producirá objetos kitsch como el Arco del Triunfo en llavero, un elefante en miniatura de porcelana, o un ratón gigante estilizado en bronce. [...]

Hay una intencionalidad y una relatividad del kitsch. Una copia del Museo Imaginario (Malraux) será kitsch para un coleccionista y obra de arte para un otro miembro de la sociedad de consumo situado en otro punto de la pirámide de las necesidades. El término valdrá, por lo tanto, solamento en función del público al que se destina." (pp 45, 46)

"Hay dos aspectos esenciales del Kitsch a los cuales se puede aplicar una tipología:

1) Los objetos o mensajes unitarios que reúnen en ellos mismos las características (features) kitsch, formas, colores, dimensiones, naturaleza, etc., y para eso utilizamos criterios morfológicos con respecto a esos items.
2) Los conjuntos de objetos, o mejor dicho, los grupos que constituyen juntos un sistema kitsch, a pesar de que sus elementos constitutivos no tengan nada de kitsch en sí mismos.

[...] En resumen, es preciso distinguir: situaciones kitsch, actos kitsch y objetos kitsch. Para cada uno de ellos se puede establecer una tipología como etapa preparatoria al estudio de las relaciones entre estos elementos." (pp 50, 51)


Los principios del kitsch

1) Principio de inadecuación: "existe un desvío en cualquier aspecto u objeto, un desvío permanente en relación a su objetivo nominal, desvío en relación a la función que se supone deberá cumplir. [...] El kitsch es siempre un poco superficial, sustituye lo puro por lo impuro, incluso al describir la pureza. Gigantismo o miniaturización del objeto; efigie de político sobre tapas de botella, baño de oro en los últimos metros de una vía férrea en expansión, cabeza de Jesús en formato A7 como señalador de libro de oraciones, etc. El objeto está siempre, y al mismo tiempo, bien y mal situado: "bien", al nivel de la realización cuidada y acabada, "mal" en el sentido de que la concepción está siempre ampliamente distorsionada. El acabado es una virtud del artesano e por eso no es de espantarnos que los talentos artesanales ociosos de los campesinos de la Selva Negra o de Rouergue sean reconvertidas mágicamente en kitsch contemporáneo con fines turísticos." (p 71)

2) Principio de acumulación: "Ya hicimos mención al principio de acumulación en la idea deamontonamiento o de frenesí, de "siempre más", que surge abiertamente en la civilización burguesa. Solamente unos pocos grandes artistas son inmunes a esta tendencia que consiste en copar el vacío con una cantidad exagerada de medios [...]. La acumulación de religión y de heroísmo, de erotismo y de exotismo, hace rebalsar las fuentes de nuestra sensibilidad, algunas veces oponiéndose a ella de manera radical, por una reacción de superación, de sumersión, obligándonos a la percepción global de un sistema. El kitsch jamás nos deja indiferentes, y un buen gusto no es sino una de las formas del mal gusto (Savignac).
[...] la forma ha sido tomada prestada de la génesis de otra materia.
El principio de acumulación o frenesí no es, sin embargo, exclusivo del kitsch, y también el manierismo y el rococó participan de este factor latente, facilitando una pizca de kitsch en estos tipos de arte, lo que se torna más difícil en el caso de pureza clásica o geométrica." (pp 72,73)

3) Principio de percepción sinestésica: "Este principio se vincla al de acumulación y consiste enasaltar el máximo de canales sensoriales simultáneamente o de manera yuxtapuesta. El arte total, el sueño permanente de nuestra época, corre en todo momento el riesgo de volverse kitsch [...] La multiplicidad de los canales interfiriendo sin reglas ni medida con los sistemas nerviosos centrales de integración, aparece como un fin en sí mismo. Tanto en el casos de los relojes de carillón como en el de las botellas de licor decoradas con filos de oro y con música, o en el caso de los libros perfumados [...]." (p 74)

4) Principio de la mediocridad: "Lo trágico del kitsch es el principio de la mediocridad. A través de esta acumulación de medios, de este vasto display de objetos, el kitsch queda a medio camino de lo nuevo, oponiéndose a la vanguardia, y manteniéndose, esencialmente, como un arte de masa, vale decir, aceptable para la masa y propuesta a ella como un sistema. Es por la mediocridad que los productos kitsch llegan a lo auténticamente falso y, algunas veces, provocan la sonrisa condescendiente del consumidor que se considera superior a ellas a partir del momento en el que las juzga.
Es la mediocridad que los aproxima, que los reúne a todos en un conjunto de perversidades estéticas, funcionales, políticas o religiosas. La mediocridad se refiere tanto a la postura media como a lo desmedido, constituido a base de heterogeneidades del kitsch, facilita a los consumidores el acto de absorción y lo propone en todos los campos." (pp 74, 75)

5) Principio de confort: "La idea de sentirse en armonía, de una pequeña distancia y de una exigencia media, conduce en general a la aceptación fácil y al confort, a la Gemütlichkeit, a todo esta gama de sensaciones, sentimientos, formas difusas, colores desteñidos, espontenaidad perceptiva y aceptación fundamental." (p 75)


"El triunfo del kitsch está ligado al asenso de la clases burguesa al Parnaso o, por lo menos, por su estilo de vida cuyo modo de alienación específico está dado por lo kitsch. Esto diferencia al kitsch del rococó o del romanticismo. En otros términos, habría un vector kitsch correlacionado a lo que designamos como las "culturas eruditas" con las cuales comparte el factor de apilamiento, cultura ligadas a la multiplicación de los culturemas, en lugar de su fusión integradora en una forma sólida. El kitsch se organiza en torno al bric-à-brac del valor del objeto y se dirige alegremente a los chatarreros de la cultura. Éste acrecienta, mucho más de lo que elimina. [...]

El kitsch cubre un determinado número de factores:

- El apilamiento o factor de frenesí
- El romanticismo de lo fantástico
- El confort
- La cultura-mosaico

Tales factores son, en principio, separables, pero su presencia simultánea parece determinante para que el kitsch manifieste su presencia." (pp 85-87)


MOLES, Abraham A.: Le Kitsch. L’art du bonheur. Paris, Maison Mame. 1971.

miércoles, 27 de enero de 2010

Selección bibliográfica (I)

Material bibliográfico sobre el kitsch, el gusto popular, la apreciación y el juicio estético.
Por completar.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Arquitectura Kitsch (Dinah Guimaraens & Lauro Cavalcanti)

El estudio de una arquitectura Kitsch ha sido objeto de nuestro interés desde 1973, año en e que iniciamos los estudios en la facultad de arquitectura. En contraposición a la enseñanza académica, cuyo enfoque se limitaba a cubrir la producción arquitectónica oficial - y, dentro de ella, solamente sus ejemplos máximos como el edificio de MEC y Brasilia - enfrentándose a nuestras vivencias previas en cuanto frecuentadores ocasionales de los suburbios cariocas. En estos habíamos detectado un tipo de manifestación arquitectónica bastante rica y original que, no obstante su potencial de lanzar nuevas fuentes de discusión sobre el marco de la arquitectura brasileña contemporánea, permanecía desconocida a nivel de un estudio más sistemático, al ser encarado como fenómeno cultural desprovisto de importancia. Confirmamos que la relevancia mayor de este trabajo residiría justamente en un intento de análisis profundo de esas manifestaciones, con el fin de poder establecer una base para el estudio en Brasil de construcciones realizadas sin arquitectos.

Al iniciarnos en dicho análisis, nos pareció un error básico clasificar como de mal gusto las producciones culturales inherentes al repertorio de otras clases sociales. Dentro de esa línea de pensamiento, una cuestión inicial que nos planeamos giraba en torno a la denominación general que deberíamos adoptar para esas manifestaciones arquitectónicas. Optamos por llamarlas arquitectura Kitsch teniendo en cuanta dos motivos. En primero se refiere al hecho de que las construcciones analizadas representaban características especiales y estéticas que podrían ser perfectamente encuadradas dentro de la definición general de Kitsch. El segundo se debe a la constatación de que ese concepto ya se encontraba razonablemente difundido y sustentado, pudiendo así, proveernos de un punto de partida para la discusión de elementos básicos que pretendíamos tratar, como el gusto, por ejemplo.

Lo Kitsch, hasta entonces, había sido siempre configurado en relación a un consumo desenfrenado de objetos, factor que jamás ocurre en los ejemplos que serán enfocados por nosotros, donde el habitante elabora el espacio de su residencia, funcionando como creador de signos arquitectónicos. Fue necesario así, establecer una división básica entre Kitsch pasivo y Kitsch creativo. Clasificamos la arquitectura Kitsch de las clases bajas en asención como de tipo creativo, porque entendemos que esas manifestaciones difieren de aquellas encontradas en los grupos de nuevos ricos, en las que no existe por parte del consumidor ninguna interferencia en la elaboración de los objetos que los rodean.

[...] organizamos una subdivisión de arquitectura Kitsch en algunos ítem representativos de los varios tipos detectados: Kitsch como visión del mundo (comprende las casa que intentan "hablar" de la visión de sus dueños a través de su estructura espacial); Kitsch como visión poética (que tiene como elemento dominante el aspecto poético expresado en el espacio arquitectónico; Kitsch visionario (incluida en esta subdivisión aquellas casas que extrapolan cualquier interpretación racional pudiendo, además, cubrir otras clasificaciones); Kitsch religioso (dentro de esta modalidad pueden ser consideradas desde las viviendas en las que se dan referencias icónicas a santos protectores en sus fachadas, hasta aquellas construcciones realizadas bajo la protección de ciertas entidades, en las cuales toda la estructura adquiere un sentido simbólico); Kitsch con influencia de la arquitectura moderna (en este aspecto, podemos incluir una parte considerable de arquitectura Kitsch, que extrae de la arquitectura brasileña moderna varios elementos constructivo-espaciales, adaptándolos al propio repertorio de sus constructores y habitantes).

miércoles, 15 de julio de 2009

La intoxicación de la modernidad (Celeste Olalquiaga)

El arte de coleccionar.

"Mientras las colecciones tremendamente costosas de siglos anteriores basaban su prestigio en la exclusividad, el tipo de colección que tomó forma durante el siglo XIX incorporaba el fenómeno moderno de la repetición. Este tiene que ver en parte con la novedad del propio proceso de producción en masa […] (que) hacía de la novedad - como opuesta a la herencia, a lo recibido - un artículo de primera importancia. En lugar de ser rechazados, los aspectos seriales y mecánicos de la cultura industrial fueron valorados como signos de un espíritu moderno y cosmopolita que trocaba antigüedad y autenticidad por novedad y cantidad." (P. 16)

Autenticidad y singularidad

"Directamente relacionado con la noción simbólica de esencia, el principio subyacente de la autenticidad consiste en que solamente un objeto primario puede comunicar su significado de forma inmaculada e irrevocable, quedando esto distorsionado o perdido en la reproducción del objeto. Carentes de esencia original, las copias son de inmediato devaluadas como imitaciones superficiales, mientras el objeto auténtico incrementa todavía más su prestigio gracias al contraste de su exclusividad. […] la proliferación de copias incrementa, sin proponérselo, el valor de la inmediatez y de la originalidad.
[…]
La singularidad sugiere una distinción supuestamente valiosa. Y, más importante aún, la singularidad no es algo intrínseco a un objeto, sino que tiene lugar más bien en la interacción histórica entre el sujeto y la experiencia. Teniendo esto en cuenta, puede resultar más apropiado asociarla con el valor de uso que con la autenticidad. La singularidad ocurre cuando los objetos son personalizados en la privacidad del universo específico de una persona, ya se un álbum, una habitación o cualquier espacio articulado individualmente. La selección y la organización permiten a los coleccionistas establecer una relación particular con sus objetos: independientemente de cuán ordinario sea un objeto, siempre puede ser rescatado de su aparente trivialidad al ser investido de un significado personal, ese inefable "valor sentimental que puede hacerlo superior en estima a los objetos más valiosos." (P. 17)

"Los productos de masa, en su paradójica resistencia y glorificación de una noción total de autentiidad, son despreciados críticamente como su versión degradada, es decir, kitsch." (P. 18)

Celeste Olalquiaga (2007): El reino artificial. Sobre la experiencia kitsch. Gustavo Gili, Barcelona.


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