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miércoles, 4 de marzo de 2015

Mírame, Lima

"Mírame, Lima es un proyecto fotográfico de Jaime Travezán, Morgana Vargas Llosa y el director artístico David Tortora."

Más información aquí.





domingo, 30 de junio de 2013

Territorios comunes, mirando hacia el hemisferio sur

Publicado en "La Chimenea", N° 7. Mayo 2013.

El león de oro de la última Bienal de Arquitectura de Venecia le fue otorgado a Urban Think Tank (Alfredo Brillembourg y Hubert Klumpner), en colaboración con Justin McBurk y Iwan Baan. Un grupo ecléctico e interdisciplinario que presentó una propuesta que, sin duda, fue polémica. La respuesta a la premisa “Common Ground” (Territorio común) fue un espacio al interior del Pabellón del Arsenal, separado por un muro de ladrillo expuesto, poético en su precariedad, que encerraba un café. Esta intervención, titulada Torre David / Gran Horizonte, 2012, servía de escenario a fotografías, videos y reflexiones en torno al edificio hoy llamado “Torre David”, una ocupación informal de un edificio que había quedado en casco, en uno de los barrios más céntricos de Caracas.


La premiación fue sumamente criticada, entre otras razones, por no tratarse de una producción arquitectónica original del estudio, pero por sobre todo, creo, por lo mucho que incomodó la instalación. En un evento diseñado por arquitectos y para arquitectos, lo último que se quiere ver es esa cruda realidad en la que el ser humano “de a pie” decide ocupar el territorio – natural o artificial – y actuar sobre él sin asesoría de arquitectos o ingenieros. El resultado formal, que se aleja de modo diametral de las soluciones oníricas que los arquitectos estrella buscan producir hoy en día, es aquello que nos gustaría ignorar: precariamente construido, impuro, decorado, colorido, cambiante.

No era, evidentemente, arquitectura de moda.

Sin embargo, es cada vez más frecuente percibir un nuevo enfoque dentro de la arquitectura contemporánea. Pequeños estudios, con pequeñas obras generalmente publicadas en soportes virtuales, empiezan a preguntarse sobre esos incómodos temas que, tradicionalmente, asustan al arquitecto que quiere tener el control sobre su obra: espontaneidad, emergencia, hibridación, crecimiento progresivo, cotidianeidad, escasez de recursos.

Ante los flujos migratorios hacia diversas zonas de Europa y Norte América, algo ha cambiado. Los tradicionales centros de la arquitectura mundial, hacia donde los arquitectos solíamos mirar en busca de referencias, se están viendo a sí mismos rodeados de informalidad, de poblaciones mixtas, de gustos populares y de situaciones en las que la arquitectura como objeto terminado no tiene mayor cabida. De pronto, las situaciones son emergentes y espontáneas, y requieren de una respuesta distinta a la del solitario arquitecto en su tablero.

Esto tiene como consecuencia un fenómeno muy curioso: desde hace algo más de una década, por primera vez en la historia, los tradicionales centros están mirando hacia las periferias para aprender algo de lo que aquí sucede. Dentro de contextos en los que la informalidad y la hibridación han sido una constante, un gran número de arquitectos y teóricos buscan las respuestas a situaciones que les son nuevas y desconcertantes. Eventos y simposios sobre informalidad, charlas de grandes arquitectos, viajes de estudio y grupos de investigación miran hacia el hemisferio sur, ya no necesariamente con una curiosidad antropológica o con una indulgente fascinación, sino con una seria voluntad de aprender de las maneras de hacer arquitectura y ciudad que nosotros desarrollamos desde hace más de medio siglo.

El que los recursos de estas partes del mundo sean buenos o no, el que tengamos soluciones practicables y sustentables o no, no es el tema de discusión. Son, sí, soluciones a las que vale la pena mirar, soluciones que cambian en el tiempo, que entienden, por primera vez, que la arquitectura no es un producto final, sino un constante proceso.

Muchas de las nuevas propuestas se detienen en la imagen exterior del edificio. Proyectos como la casa Kokuban, de Hari Architects (2011), plantean una imagen y unos materiales que podrían haber sido sacados de un barrio informal. Son obras con composiciones volumétricas simples, que aspiran a un lenguaje cotidiano por medio del uso de materiales económicos, utilizados de un modo diverso. A diferencia de la casa de Frank O. Gehry en Santa Mónica (1978-1991), primer referente al uso de materiales banales en una vivienda que no quiere serlo, estas propuestas muchas veces carecen de la originalidad propuesta por el propio material, y muestran soluciones que poco tienen que ver con lo único y lo espectacular.

Otras formulaciones parten de adoptar los procesos, interdisciplinarios y de diálogo y conciliación, dentro de la configuración de espacios. Se trata frecuentemente de programas en los que el arquitecto no es la figura principal o quien dirige las propuestas, sino uno más dentro de un equipo que incluye sociólogos, economistas y, por supuesto, los mismos usuarios y participantes de los proyectos a diseñar. Muchos de estos grupos trabajan en entornos precarios con grupos de poblaciones marginales en los suburbios de las grandes ciudades.

Finalmente hay un tercer grupo de propuestas, que parte de asumir que el usuario de los edificios hace cambios en estos con el paso del tiempo. Proyectos como la Quinta Monroy, de Elemental (2003-2004), buscan ser “completados” con estas intervenciones y se resignan a la idea de no tener control sobre la forma final del edificio e, incluso, que ésta nunca será permanente.

El proyecto ganador de la Bienal no pertenece a ninguna de estas categorías. Parte de una intervención sin arquitectos, en la que se nos cuestiona la esencia misma de nuestra profesión y que responde, de un modo casi literal, a una premisa que nos es complicada: “cuestionar las prioridades que parecen dominar nuestro tiempo, prioridades que se enfocan en lo individual, en el privilegio, en lo espectacular y en lo especial. Estas prioridades parecen pasar por alto lo normal, lo social, lo común. […] Considerar nuestras influencias, preocupaciones y visiones comunes puede ayudarnos a entender mejor la disciplina de la arquitectura y su relación con la sociedad” (Chipperfield, David, 2012).

Los arquitectos no llegamos a un mundo que se nos presenta convenientemente vacío, listo para recibir esas intervenciones singulares y muchas veces espectaculares. Somos parte del territorio común, compartido con gente común y con procesos cotidianos de crecimiento y adecuación a dinámicas siempre cambiantes. ¿Será posible que las tímidas propuestas de la arquitectura contemporánea se conviertan en una tendencia global de diálogo? ¿Hay lugar en nuestras mentes para un arquitecto que deja de ser la voz principal para convertirse en uno más de los agentes participativos? ¿Podremos entender que, a diferencia de lo aprendido en las escuelas, la arquitectura es, efectivamente, un proceso en constante cambio?

lunes, 15 de abril de 2013

California Crazy










Heimann, Jim (2001) California Crazy & Beyond. Roadside vernacular architecture. San Francisco: Chronicle Books.

martes, 19 de febrero de 2013

Housing and Domestic Life

“Cultures of domestic life explicitly concern three attributes. First, the artefacts and techniques of human groups (housing units, infrastructure and services). This can be considered as the material culture of domestic life that may express and communicate cultural and social/group identities. The second attribute is the social organization of human groups according to norms about marriage, kinship, household composition and social relations. The residential environment not only expresses social conventions but also social differentiation by differences in architectural style, the size of housing units and the site location. The third attribute is the meanings attributed to the physical and non-material components of himan habitats and how these are expressed by language: for example, a housing unit, a dwelling, a domicile, or home […].

Although the internal organisation and use of housing units can be described according to orientation, climate and the availability of construction materials, this description does not include the shared meanings and values attributed to domestic space unless cultural dimensions are considered. These cultural dimensions are reflected in the preparation and consumption of food, the nomenclature of domestic space and household activities, customs about receiving family, friends and neighbours, and rituals and religious practices for special occasions, including birth, marriage and death […].

A housing unit and all its content is a medium for non-verbal communication between household members, family, friends and strangers. […] domestic space and household possessions not only have monetary and use values. In addition, they become objects with psychological dimensions that express the self, because they convey information about the personal identity, group identity and values of the resident."

Lawrence, R., 2012. People-Environment Studies. In: D. F. Clapham, W. A. V. Clarck & K. Gibb, eds. The SAGE Handbook of Housing Studies. London: Sage Publications, pp. 230-243.

martes, 29 de enero de 2013

Aprendiendo del Pop (D. Scott-Brown) III

Primera parte.
Segunda parte.

“La sopa en lata y el establishment

Hay cierta ironía en el hecho de que la cultura “popular” y el paisaje “popular” no sean populares entre quienes toman las decisiones sobre cómo renovar la ciudad y realojar a los pobres […].

La sabiduría convencional de la que hacen gala […] los ancianos radicales de la arquitectura responsables de los comités artísticos estadounidenses, de las secciones de “proyecto” de los Departamentos de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) y de los organismos de planeamiento y de nuevos desarrollos; son ellos quienes planifican y construyen para las grandes empresas públicas y privadas y los que gozan de la confianza de quienes construyen la ciudad. Si de lo que se trata es de hacer un buen servicio al público a través de sus decisiones, estos miembros del establishment arquitectónico deben aprender a distinguir, para llevar a cabo un análisis distinto, entre sus criterios estéricos y el resto de preocupaciones sobre “contaminación medioambiental”. Las aguas nauseabundas y los carteles publicitarios son problemas de diferente orden y magnitud.

Lo primero no puede hacerse bien, pero lo segundo sí; en especial si nos ofrecen la oportunidad de estudiarlos un rato, sin erigirnos en jueces.

equipoplastico.com
Si se eliminan los barrios “apestosos” junto a los carteles publicitarios y las gasolineras en nombre de evitar la “contaminación visual”, el daño social puede ser irreparable. Sin embargo, no se renunciará a una vieja fórmula estética, incluso si se demuestra que entraña obstáculos, hasta que se reemplace por otra nueva, puesto que, como ya hemos visto, la forma depende de sí misma para hacerse. Y para el establishment arquitectónico, el nuevo vocabulario debe tener un lenguaje respetable. Por tanto, si el entorno popular es el que proporciona ese vocabulario, para ser aceptado debe filtrarse mediante procesos adecuados. Debe pasar a ser parte de la tradición del gran arte; debe ser la vanguardia del año pasado. Ésa es otra de las razones para someter el nuevo paisaje al análisis arquitectónico tradicional: que sea aceptado por el establishment. No puede aprender del popo hasta que el Pop entre en las academias.


Apuntarse al pop

Para aquellos arquitectos que esperan poner sus habilidades de la última, he recomendado una investigación de las formas de la nueva ciudad existente basada tanto en cuestiones sociales como estéticas. El gran arte ha seguido al arte bajo, y viceversa; de hecho, ¿de dónde salió por primera vez el arco parabólico de MacDonald’s y el split-level ranch?

En el paso del arte bajo al gran arte reside un elemento del aplazamiento del juicio. El juicio se suspende con el fin de entender y ser receptivo. Se trata de una apasionante técnica heurística, pero también de una técnica peligrosa, pues la afición por toda la cultura pop es tan irracional como odiarla en su conjunto, y puede dar lugar a un “subirse al carro” del pop generalizado e indiscriminado, donde todo vale y en lugar de postergar el juicio, se lo abandona. Más aún, los artistas, arquitectos y actores deben juzgar, aunque, espero, tras una pausa. Después de un intervalo razonable, deben surgir unos criterios adecuados de la nueva fuente. El juicio simplemente se aplaza para hacer más sensatos los juicios ulteriores.”

Scott Brown, Denise (2007 [1971]) Aprendiendo del Pop (Learning from Pop). Barcelona: Gustavo Gili. pp 21-29.
Originalmente publicado en Casabella 359-360, diciembre de 1971.

sábado, 26 de enero de 2013

Aprendiendo del Pop (D. Scott-Brown) II

Primera parte.

“Análisis formal como investigación proyectual

Una segunda razón para mirar hacia la cultura popular es encontrar vocabularios formales que hoy en día resulten más pertinentes ante las diversas necesidades de la gente, y que sean más tolerantes ante el desorden de la vida urbana que los órdenes formales “racionalistas” y cartesianos de la actual arquitectura moderna. ¿Cuánta vivienda barata y arquitectura decimonónica ha sido eliminada para que algunos pulcros arquitectos o urbanistas puristas pudieran empezar de cero, haciendo borrón y cuenta nueva?

Los arquitectos modernos pueden ahora reconocer que cualesquiera que sean las fuerzas, los procesos y las tecnologías que determinan la forma arquitectónica, las ideas sobre la forma la determinan igualmente; que un vocabulario formal forma parte de la arquitectura tanto como los ladrillos y el mortero (los plásticos y los sistemas para los futuristas); que la forma no surge, no puede surgir exclusivamente de la función, recién nacida e inocente como Venus saliendo de la concha, sino, más bien, que la forma sigue, entre otras cosas, a la función, las fuerzas y la propia forma. Si se las reconoce conscientemente, las tendencias formales no tienen por qué tiranizar, como sí lo hicieron en la urban renewal; y los vocabularios formales que surjan de la arquitectura podrán estudiarse y mejorarse para adaptarlos a los requerimientos funcionales, más que ser aceptados de manera inconsciente e inadecuada (como una vieja herencia de algún maestro sin importancia). Las formas del paisaje popular son tan relevantes para nosotros ahora como lo fueron las formas de la Roma Antigua para los beaux arts, el cubismo o la arquitectura maquinista para los primeros modernos, y la región industrializada inglesa de los Midlands o los dogones para el Team 10; mejor dicho, son extremadamente relevantes, mucho más que la última batisfera, plataforma de lanzamiento o complejo hospitalario […].

Stardust (blog.dnevnik.hr)
Al contrario que éstos, nos hablan de nuestras circunstancias no sólo desde el punto de vista estético, sino también a muchos niveles, desde el punto de vista de la necesidad: desde la necesidad social de realojar a los pobres sin destruirlos, hasta la necesidad arquitectónica de producir edificios y entornos que otros necesiten y que gusten. El paisaje popular se diferencia de los primeros modelos en que también es el lugar donde construimos, nuestro contexto. Es una de las pocas fuentes contemporáneas de datos sobre los aspectos comunicativos y simbólicos de la arquitectura, puesto que no fue tocado por la simplificación purista que el movimiento moderno aplicó a la arquitectura al reducirla a espacio y estructura únicamente.

Pero el análisis formal presenta un problema. En primer lugar, dado que la forma ha sido un tema ilegítimo durante mucho tiempo, hemos perdido la costumbre de analizarla; y, en segundo lugar, las formas con las que tratamos son nuevas y no se relacionan fácilmente con la arquitectura tradicional o con las técnicas urbanísticas de análisis y comunicación.

La proyección ortográfica a duras penas contempla la esencia del letrero del Stardust y, aunque éste tenga la longitud de una manzana y un apabullante impacto visual in situ, no queda bien representado en un plano de usos. Siendo un espacio automóvil, el espacio suburbano no se define por paredes y suelos delimitadores, y es, por tanto, difícil de representar gráficamente utilizando sistemas creados para la descripción de edificios. De hecho, el espacio no es el componente urbano más importante de la forma suburbana, sino la comunicación en el espacio, que requiere incorporar un elemento simbólico y temporal en los sistemas de descripción que poco a poco se van creando para ella […].

El análisis formal debería ser comparativo y conectar mediante la comparación las nuevas formas con el resto de la tradición formal de la arquitectura, incorporándolas así a la disciplina arquitectónica y ayudándonos a entender nuestra nueva experiencia a la luz de nuestra formación formal. Al proponer que la forma debería analizarse, no doy a entender que la función (el programa), las tecnologías o las fuerzas (los procesos sociales urbanos o el mercado del suelo) no sean de vital importancia para la arquitectura, ni tampoco que no puedan servir como fuentes de inspiración artística para el arquitecto. Todas son necesarias y trabajan conjuntamente […].”

Tercera parte.

Scott Brown, Denise (2007 [1971]) Aprendiendo del Pop (Learning from Pop). Barcelona: Gustavo Gili. pp 13-20.
Originalmente publicado en Casabella 359-360, diciembre de 1971.

domingo, 20 de enero de 2013

Aprendiendo del Pop (D. Scott-Brown) I

“Necesidades, en plural

La sensibilidad hacia las necesidades es un primer motivo para dirigirse hacia la ciudad actual. Una vez ahí, la primera lección para los arquitectos es la pluralidad de necesidades. Ningún constructor/promotor en sus cabales anunciaría: construyo para el Hombre. Él construye para el mercado, para un grupo de gente definido por su nivel de ingresos, edad, estructura familiar y estilo de vida.

[…] La ciudad puede considerarse como el artefacto construido para un conjunto de subculturas. En este momento son pocas las subculturas que recurren por voluntad propia a los arquitectos.

Por supuesto, aprender de lo que “está ahí” está sujeto a las salvedades y a las limitaciones de todo análisis conductista (se estudia una conducta limitada y no lo que la gente haría en otras circunstancias). Los pobres no viven por voluntad propia en bloques de apartamentos […]. En tiempos de escasez de vivienda, éste es un argumento especialmente convincente contra el conductismo arquitectónico puesto que la gente no puede votar contra una creación en concreto, manteniéndose al margen, si no existe una alternativa.

Para contrarrestar este peligro, se deben buscar entornos comparable donde, por alguna razón, las restricciones no obliguen. Hay entornos que sugieren cuáles podrían ser los gustos de los grupos con limitaciones económicas si estuvieran menos constreñidos. Son los entornos de los nuevos ricos: el Hollywood de antaño, Las Vegas de hoy en día y las casas las estrellas de cine, los deportistas y otros grupos cuyo ascenso social puede parecer un despegue en vertical, pero que continúan manteniendo una escala de valores previa.

Richard Hamilton
Just what is it that makes today's homes
so different, so appealing?
(1956)
Otra fuente son los decorados de los medios de comunicación, del cine, de las telenovelas o de los anuncios de peinillos en vinagre y de lustramuebles. En este caso, el objetivo no es vender casas sino algo bien distinto, y los decorados representan la idea que alguien tiene (¿los publicistas?) sobre lo que quieren los compradores de pepinillos en vinagre o los espectadores de telenovelas para una casa. Hoy en día el punto de vista de los observadores del mundo publicitario puede ser tan tendencioso como el del arquitecto, y debería estudiarse a la luz de lo que está intentando vender; ¿debería la arquitectura-pepinillo parecer hogareña como mi casa, o elegante como la tuya, si de lo que se trata es de vender pepinillos en vinagre? Pero, al menos, es otra tendencia, una alternativa al mirarse el ombligo que tana menudo practica la arquitectura para investigar; por ejemplo, al preguntarse: ¿qué hizo Le Corbusier? Aunque nos puedan decir poco de las necesidades de los muy pobre, tanto el mundo de la publicidad como el del constructor cubren un espectro más amplio de la población y superan una prueba de mercado más dura que el arquitecto de la urban renewal o de las viviendas de promoción pública; y sólo aprendemos de estas fuentes que la arquitectura debe ser diferente para los diferentes grupos, que ya es bastante.

Pero la alternativa a ambos análisis es examinar qué hace la gente con los edificios – en las levittowns, en las zonas altas de los ricos, en los terrenos poco definidos y en las barriadas – una vez viven allí. En este caso, los costes y la disponibilidad son fuerzas menos restrictivas puesto que la empresa es menor. Además, los cambios a menudo tienden a ser más simbólicos que estructurales y las aspiraciones quizá se deducen con mayor facilidad de los símbolos que de los edificios.

Prestar atención a lo construido para estar al corriente de las necesidades no significa que preguntar a la gente lo que quiere no sea también extremadamente necesario. […]”

Segunda parte.

Scott Brown, Denise (2007 [1971]) Aprendiendo del Pop (Learning from Pop). Barcelona: Gustavo Gili. pp 8-12.
Originalmente publicado en Casabella 359-360, diciembre de 1971.

viernes, 5 de octubre de 2012

La percepción del hábitat (J. Ekambi-Schmidt) II


"[El] hábitat es, por tanto, un lugar y un marco; el habitar es como la imagen de ese espacio que engloba los actos y las emociones vividos en tal lugar. [...]

Esa esfera de apropiación que es el hábitat se caracteriza por la oposición entre un aspecto denotativo y un aspecto estético.

Residencial San Felipe, Lima
El aspecto denotativo será para nosotros reductible a la función del hábitat: alojar seres, protegerlos contra las molestias naturales, materiales o humanas, hacer ciertos gestos cotidianos de la vida con los utensilios apropiados. Y así, daremos una definición funcional de las diversas habitaciones que lo componen. Por ejemplo, diremos:

- la cocina 'es para' preparar las comida,
- el saló 'es para' recibir, o sea, es un espacio asignado a algo, hecho para algo. Este tipo de actitud revela un podo específico de aproximación que es propenso a 'poner entre paréntesis' los aspectos connotativos de los espacios evocados por términos con tanta carga afectiva como 'el desván', 'el cuarto de los padres', etc.

El aspecto estético cubre la arquitectura exterior [...] e interior, la ordenación del espacio establecida por el arquitecto en función de la afectividad personal de los habitantes. Dicho de otro modo, se trata del aspecto connotativo que acabamos de mencionar, de los factores personalizadores que permitirán al habitante crearse un microuniverso familiar.

Es decir, por un lado tendremos la tarjeta de identidad, la del espacio funcional, el hábitat que describen sociólogos y demógrafos; por otro, un apartado de 'signos particulares' que englobará el aspecto connotativo del hábitat, su representación a nivel real y a nivel de las aspiraciones personales."

Ekambi-Schmidt, Jézabelle. La percepción del hábitat. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1974. pp 15-16.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La significación de la arquitectura II (A. De Botton)

Primer extracto

Corbis
"Tomar la arquitectura con seriedad, por lo tanto, nos inflige algunas demandas singulares y extenuantes. Requiere que nos abramos a la idea de que estamos afectados por lo que nos rodea, incluso cuando éstos están hecho de vinil y serían costosos y fatigosos de mejorar. Significa conceder que somos inconvenientemente vulnerables al color de nuestro papel de pared y que nuestro sentido de propósito puede ser desviado por un desafortunado cubrecama. Al mismo tiempo, significa reconocer que los edificios son capaces de resolver no más que una fracción de nuestras insatisfacciones o de prevenir a la maldad el desarrollarse bajo su mirada. La arquitectura, incluso cuando está mejor lograda, sólo va a constituir una protesta pequeña y  imperfecta (costosa, propensa a la destrucción y moralmente poco fiable) contra el estado de las cosas. De un modo más vergonzoso aún, la arquitectura nos pide que imaginemos que la felicidad puede frecuentemente tiene un carácter sin ostentoso y antiheroico, que puede ser encontrado en un conjunto de viejas losas en el piso o en un rayo de luz de la mañana sobre un muro enlucido - en escenas de belleza no dramáticas, frágiles, que nos mueven porque estamos conscientes del oscuro telón de fondo contra el que están ocurriendo."

Botton, Alain de (2006) The Architecture of Happiness. New York: Pantheon. pp 10-11.

viernes, 10 de agosto de 2012

Arquitectura para todos los días, una hipótesis (A. Saldarriaga) III

Segunda parte.

Pluralismo Profesional

La comunidad mundial de la arquitectura profesional es en si misma una "sociedad heterogénea" en la que hay aparato dominante, estratos, subculturas, etc. El pluralismo del discurso arquitectónico contemporáneo indica no sólo multitud de posibilidades, también señala desconcierto. Mientras los postulados de la arquitectura moderna permanecieron como paradigma, el discurso fue relativamente estable y la unidad profesional se mantuvo. Si bien el discurso dominante es todavía el de la arquitectura moderna, la unidad cultural de la profesión dista mucho de ser una realidad. El pluralismo actual no atiende solamente cuestiones estéticas o técnicas, va mucho más allá, toca asuntos politicos e ideológicos y afecta considerablemente la estabilidad del campo epistemológico de la arquitectura, el que, gracias a la aparente solidez del discurso moderno, pareda haber llegado ya a un grado suficiente de maduración. Las tendencias de la práctica están todavía unificadas por las condiciones impuestas por los sistemas de poder. Las alternativas conceptuales se extienden en múltiples direcciones buscando nuevamente una definición del papel de la arquitectura en el mundo contemporáneo. Puede pensarse por lo tanto que hoy no existe acuerdo acerca de lo que "es" la arquitectura, no hay definición precisa de sus bases y de sus alcances. Se necesita un tipo especial de acuerdo colectivo en el interior mismo de este espacio de conocimiento, basado en el reconocimiento de su papel en la vida colectiva y de las implicaciones culturales de su práctica.

Arte y Cultura Arquitectónica


Un aspecto importante en este proceso es la resolución de las dicotomías entre creación y toma de decisiones y entre arte y producción masificada. Los valores artísticos, fruto del trabajo creativo, se aprecian generalmente como la cualidad cultural más duradera de la arquitectura. A valores de índole práctica no se atribuye valor cultural especial, se consideran condiciones sine qua non de la estructura productiva, sin tener en cuenta que esa producción ingresa al campo cultural general y afecta considerablemente la existencia de las comunidades y las personas. La "pragmatización" impuesta sobre la cultura colectiva no se contrarresta únicamente con la presencia de unas pocas obras significativas. Si los pocos espacios y edificios que se diseñan con mentalidad creativa o artística fueran capaces de cambiar el efecto del control pragmático del espacio colectivo probablemente no existirían problemas críticos en el entorno contemporáneo. La realidad muestra un aspecto contrario. Los edificios significativos desaparecen ahogados en un océano de obras anónimas, indeterminadas las que efectivamente constituyen el mayor volumen construido del en torno contemporáneo. El ensimismamiento de la conceptualización arquitectónica en torno a la definición circular de sus propiedades no da cabida al reconocimiento de las condiciones en la que la arquitectura participa de la vida.


Las relaciones actuales entre la práctica profesional de la arquitectura y la vida en el entorno colectivo se basan más en su poder social que en su poder cultural. La importancia asignada a los controles normativos y restrictivos y a la producción masificada no provee espacio para la búsqueda de acuerdos culturales efectivos. En el mundo contemporáneo. el ciudadano debe "adaptarse" a hostilidades generadas por las intervenciones de la planeación y la arquitectura. Entre todas las formas de violencia cotidiana. En un mundo de desigualdades la pobreza es castigada impacto es muy fuerte, dada su relación directa con la existencia cotidiana. En un mundo de desigualdades la pobreza es catigada particularmente, a ella se destinan los controles más severos, la masificación y la ausencia de todo respeto cultural. La pobreza en el mundo contemporáneo es sin embargo el motivo de superviviencia y vigencia de tradiciones y costumbres y de infinidad de formas alternativas de apropiación, adecuación y embellecimiento del espacio habitable, formas que en su precariedad testifican el poder creativo de gentes que se enfrentan a la lucha de sobrevivir en sociedades que no están hechas para ellas.

Significado

El entendimiento del entorno está ligado a las acciones que sobre él se desarrollan. La condición que propone la consideración de la arquitectura como "arte" difiere de la condición que represen~a la arquitectu.ra com? práctica cultural. En la primera las cuahdades del objeto pnman sobre su relación con las experiencias vividas, las que dependen para ser válidas de la interpretación de esas cualidades. En la segunda, las cualidades de la vida imprimen carácter a los objetos y estos a su vez se incorporan como parte de esas cualidades. El "hacer parte", el "pertenecer", son requisitos para entender el entorno como un hecho viviente, sin ser condiciones obligatorias para entenderlo como objeto. El distanciamiento social del arquitecto, eco del aislamiento cortesano de siglos anteriores, no corresponde con las demandas apremiantes de sociedades en crisis y de entornos abrumados por intervenciones carentes de sentido cultural. Si, como ha dicho Bernard Berenson (1941) el arte contribuye a la "expansión de la vida", la arquitectura sólo puede llegar a ser arte al pennitir que la vida crezca en los edificios y espacios que ayuda a producir.

El significado del entorno es un valor cultural. Cuanto más significativa es la arquitectura, más aporta al habitante que la integra en su cotidianidad. En el entendimiento del significado de la arquitectura se ha dado hsta ahora singular importancia al estudio de las propiedades semióticas del lenguaje especializado y de los ejemplos monumentales del pasado y poca o ninguna importancia al sentido comunicativo del espacio cotidiano. Significado es comunicación. La comunicación, más allá de la frontera de la "información", implica receptividad, internalización y entendimiento. La comunicación es la substancia básica de la cultura. De ahí que el significado de la arquitectura sea un ingrediente básico de la práctica cultural de la arquitectura. Hacer lugares es dar significado a espacios que no lo poseen.

Saldarriaga Roa, Alberto (1988) Arquitectura para todos los días. La práctica cultural de la arquitectura. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. pp 82-83.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Arquitectura para todos los días, una hipótesis (A. Saldarriaga) II


Primera parte.

Lugares y Eventos

La práctica cultural de la arquitectura se inicia con el entendimiento del entorno habitable como la asociación simbiótica "lugares" y "eventos" o acontecimientos. Los lugares son los recintos físicos organizados y dispuestos a responder a demandas específicas de alojamiento de personas y eventos. Los eventos o acontecimientos que se suceden en el entorno son proyección de intereses y acciones culturalmente moldeados. La reducción habitual del entorno a la categoria de objeto, excluye la consideración de su "vida", de lo que acontece en él. La separación epistemológica correspondiente excluye el conocimiento de esos eventos, los que se trasladan al campo de interés especializado de las ciencias sociales. La relación entre lugares y eventos sólo es atendida en casos especiales en los que, según el interés de quien conoce, se profundiza en las dimensiones culturales del espacio o en las dimensiones arquitectónicas de la existencia.

Podria argumentarse que el concepto de "función" que hace parte del discurso moderno de la arquitectura es una manera de abstraer los acontecimientos para incorporarlos en el desarrollo de métodos de trabajo y en propuestas conceptuales. La reducción implícita en la noción de función y la consecuente eliminación de las circunstancias culturales no permiten evidenciar ni las causas ni las consecuencias de las relaciones entre las personas y los lugares y entre estos y los eventos que en ellos suceden. El entorno habitable es una trama compleja que no puede reducirse a un esquema o modelo funcional, mecanicista. Su entendimiento es, como ya se dijo antes, un asunto multidimensional, la conjunción de varias prácticas discursivas, un proceso constante y dinámico en el que el papel de quien entiende no es el de simple espectador sino de participante activo.

Los Acuerdos Colectivos

El destino de cualquier lugar arquitectónicamente concebido es el de ser albergue, contenedor o escenario de eventos individuales y colectivos, cotidianos y excepcionales, formales e informales. Un lugar no es un evento en s1 mismo, pero por fuerza de su historia, de sus cualidades espaciales o de su significado puede adquirir ese carácter, el que se proyecta en la generación de actos de reconocimiento, que se suman a aquellos eventos que usualmente alberga. Ejemplo de esto lo suministran los espacios y edificios cuyas cualidades los convierten en "hitos" culturales a nivel local, regional, nacional o mundial. Son los lugares, eventos de la arquitectura humana. Desde el punto de vista de la cultura colectiva, la relación cotidiana entre lugares y eventos es más significativa que la simple colección de espacios y edificios de carácter monumental pero estos constituyen también hitos significativos en esa vida. La consideración "a priori" de un lugar como evento corresponde con su exaltación "a priori" a la categoria de monumento. Hacer "lugares" es, desde otro punto de vista, concebir espacios que generen intereses y faciliten acontecimientos. Este es otro objetivo de la arquitectura como práctica cultural.

En un lugar culturalmente significativo se manifiestan acuerdos colectivos, representados en los eventos que en él se suceden. Esos acuerdos se evidencian en el ordenamiento visual de los componentes de un lugar, en el manejo de tipos arquitectónicos comunes, en la orquestación de las actividades que en él se efectúan y especialmente en los significados compartidos por los miembros de la comunidad, los que pueden incluso transferirse a personas que no pertenecen a esa comunidad. Testimonios suministrados por los recintos históricos, por los asentamientos tradicionales y por aquellas intervenciones profesionales culturalmente exitosas comprueban la validez de estas afirmaciones. Los "desacuerdos" colectivos se evidencian en la ausencia de eventos significativos en los espacios construidos que indican el desajuste entre habitantes y entorno, el que a su vez se proyecta en diversas formas de violencia visual y espacial. Los "no lugares" que abundan en el mundo corroboran esta apreciación. El concepto de "hacer lugares" no implica solamente construir edificios o espacios y se relaciona con el establecimiento y el fortalecimiento de acuerdos colectivos en torno al espacio habitable. En una sociedad masificada el espacio genera adaptación y sometimiento. En una sociedad heterogénea la arquitectura como práctica cultural se enfrenta a la necesidad de establecer múltiples niveles de acuerdo, es una mediadora de intereses en busca de un entorno significativo.

Tercera parte.

Saldarriaga Roa, Alberto (1988) Arquitectura para todos los días. La práctica cultural de la arquitectura. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. pp 82-83.

lunes, 6 de agosto de 2012

Arquitectura para todos los días, una hipótesis (A. Saldarriaga) I

"La heterogeneidad social, la diferenciación entre distintos niveles de cultura, y la presencia dominante de una cultura pública establecen distinciones entre prácticas culturales de diverso alcance social y significado, y contribuyen enormemente a su estratificación y segregación. Algunas prácticas son legitimas mientras que otras son marginales y periféricas. La práctica profesional de la arquitectura, legitimizada por su posición en la escala de poder, adopta condiciones culturales igualmente legitimizadas en el sistema correspondiente y se proyecta sobre la sociedad como modelo que contribuye a reafirmar las ideologías e intereses hegemónicos. La arquitectura como práctica en estas condiciones es equivalente a otras prácticas contemporáneas de índole polftica, económica y técnica. El discurso teórico de la arquitectura, separado actualmente como ya se ha visto del "mundo de la vida", se define dentro de un esfera especial, en niveles equivalentes a los del arte o la ciencia, para proponer en términos abstractos un reconocimiento de su propia identidad. Es en esta esfera dónde la idea de "práctica arquitectónica" es análoga a la de "práctica artística" y eventualmente a la de "práctica cientifica", culturalmente legitimadas por el poder.

La práctica cultural de la arquitectura

Planteada en términos simples, la práctica cultural de la arquitectura se dirige hacia la obtención de relaciones significativas entre los habitantes y el medio en que habitan. En la vida cotidiana, esas relaciones se expresan a través de intereses específicos, guiados por orientaciones culturales las que a su vez contienen los elementos inducidos por los mecanismos. Los intereses de carácter existencial se fusionan en el espectro de intereses de carácter cultural, formando un sólo bloque. La influencia de los intereses del poder sobre esta "cotidianidad" depende del grado de penetración de los mecanismos de control social en la conciencia colectiva e individual. Los intereses de los habitantes son un eco de los intereses del poder, cuando estos se proyectan fuertemente sobre ellos a través de esos mecanismos. El determinismo posible de este esquema se fractura en la medida en que subsistan valores diferentes, bien sea por tradición, marginalidad, aislamiento, o rebeldía contra las imposiciones, creándose un campo amplio de posibilidades de hacer del entorno algo significativo, las que usualmente se encuentran en desventaja frente a las opciones ya establecidas y legitimizadas por los sistemas de poder.

causeche.blogspot.com
La relación entre los profesionales de la planeación y la arquitectura y el entorno se expresa igualmente en intereses derivados de su conocimiento y de la capacidad para intervenir sobre él. Al igual que los intereses de carácter existencial y cultural, los "intereses arquitectónicos" del profesional se ven sujetos al impacto de los intereses del poder. El deliberado aislamiento del discurso conceptual de la arquitectura puede entenderse como un intento por trascender los límites e imposiciones de estos intereses, pero puede ser fácilmente traducida en simple escapismo. La conservación de esta forma de libertad intelectual orienta la discusión hacia niveles en los que priman consideraciones de índole abstracta, metadiscursos y metalenguajes, La práctica, obligatoriamente inmersa en el campo de congrontación de las fuerzas sociales y culturales, se ve desprovista de un discurso que le oriente mejor en la lucha que debe realizar todos los días. La práctica cultural de la arquitectura implica precisamente el encuentro de intereses provenientes de los diversos participantes en la construcción y reconstrucción del entorno, encuentro que debe llevarse a cabo tanto en el plano de las ideas como en el plano de las acciones."

Segunda parte.

Saldarriaga Roa, Alberto (1988) Arquitectura para todos los días. La práctica cultural de la arquitectura.
Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. pp 81-82.

domingo, 22 de julio de 2012

Crítica de la vida cotidiana (H. Lefebvre)

Objeciones de sentido común [a la crítica de la vida cotidiana]:

"Para empezar, la vida cotidiana no existe como una generalidad. Hay tantas vides cotidianas como lugares, personas y formas de vida. La vida cotidiana no es la misma en Timbuktu, en Paris, en Teherán, en Nueva York, en Buenos Aires, en Moscú, en 1900, en 1960. De hecho, ¿qué significan esas palabras? ¿aquello que se repite diariamente? ¿La acción de abrir o cerrar puertas, de comer y tomar? Sólo funciones orgánicas corresponden a tu definición. Absolutamente sin interés alguno.

¿Vida cotidiana en arte? ¿El política? Esto debe significar la vida cotidiana del artista, o del político, qué comen, qué toman, qué tan buena o mala es su digestión. Por lo que al arte y a la política concierne, absolutamente sin importancia. Eres sólo un vulgar materialista...

Respuesta

¿Verdaderamente crees que has entendido lo que las palabras crítica de la vida cotidiana realmente significan? ¿Es una cuestión de describir, comparar y descubrir lo que puede ser idéntico o análogo en Teherán, en París, en Timbukctu  o en Moscú? Un objetivo así estaría en efecto restringido a lo básico y a lo fisiológico. El objetivo de la crítica de la vida cotidiana es bastante diferente. Es una cuestión de descubrir qué tiene y puede cambiar y ser transformado en la vida de las personas en Timbuktu, en Perís, en Nueva York o en Moscú. Se trata de manifestar críticamente cómo viven las personas o qué tan mal viven, o como no viven en absoluto. [...]

La crítica implica posibilidades, y posibilidades aún no satisfechas. Es la tarea de la crítica el demostrar cuáles son estas posibilidades y de qué modo aún no están satisfechas. ¿Crees que las demandas fisiológicas básicas - funciones orgánicas - son externas a la vida cotidiana, a la cultura, a la civilización y son, por lo tanto, inamovibles o relativamente inamovibles? Este postulado sería altamente debatible y altamente peligroso. Más aún, el término "cotidiano" te ha confundido. Lo tomas literalmente en lugar de ver su significado más profundo. ¿Crees que las repeticiones que suceden cada semana y cada temporada no son parte de la vida cotidiana?

Frecuentemente, y no por última vez, hemos tomados ritmos y escalas de tiempo cíclicas como los contenidos de lo cotidiano, con todo lo que organizan y controlan, incluso cuando son tan parciales y fragmentadas como las escalas de tiempo lineales. Esto es algo que va más allá de "lo cotidiano" en su sentido estricto. Y otra cosa más: ¿crees que es externa y superior a la vida real, y que lo que el artista crea se encuentra en un plano trascendental? De modo similar, ¿crees que la política y el estado están por encima de la vida cotidiana y son externos a la sociedad? La crítica de la vida cotidiana abarca una crítica del arte a través de lo cotidiano y una crítica de lo cotidiano a través del arte. Abarca una crítica de las esfera políticas a través de la práctica social de la cotidianidad y viceversa. En un sentido similar,, incluye una crítica de los sueños a través del sentido de alerta (y viceversa), y una crítica de lo real a través de lo imaginario y a través de lo que es posible, y viceversa. Esto quiere decir que empieza con establecer conexiones dialécticas, reciprocidades e implicancias [...].

www.thephotoargus.com
Finalmente, por favor nota que lo que dices sobre la diversidad de las vidas cotidianas es cada vez menos cierto. La civilización tecnológica o industrial tiende a acortar las brechas entre los distintos estilos de vida (no estamos hablando de los estándares de vida) en el mundo como totalidad. [...] ¿Es la vida cotidiana sólo el lado humilde y sórdido de la vida en general y de la práctica social? Para repetir la respuesta que ya hemos dado: sí y no. Sí, es el lado humilde y sórdido, pero no sólo eso. De modo simultáneo es también el tiempo y el lugar donde el humano se realiza o falla en hacerlo, dado que es un lugar y un tiempo en que la actividad fragmentada, especializada y dividida no puede captar completamente, sin importar qué tan grandiosa y valiosa esa actividad pueda ser."

Lefebvre, Henri (1961) Critique de la vie quotidienne II, Fondements d'une sociologie de la quotidienneté. En: Johnstone, Stephen (2008) The Everyday. Cambridge: MIT Press. pp 26-27.

martes, 5 de junio de 2012

Arquitectura [con gente] (D. Kaspori)

Open Architecture (worldchanging.com)
"Arquitectura de código abierto [Open source architecture]. La práctica de la arquitectura necesita ser puesta al revés.

Los arquitectos ya no deben mirar hacia adentro en busca de la esencia de la arquitectura. Debería, además, dejar de remontarse con nostalgia a tiempos pasados, cuando el arquitecto era aún un maestro constructor. La arquitectura debe ver hacia el exterior y hacia adelante, en busca de las incontables oportunidades ofrecidas por estos tiempos turbulentos de inestabilidad política y económica. La búsqueda de la esencia de la arquitectura tendrá que abrir el paso a la pregunta de qué es lo que la arquitectura puede significar para la sociedad de redes contemporánea. Es tiempo para una renovación colectiva y organizada de la práctica de la arquitectura hacia una arquitectura de código abierto. Esta tipo de arquitectura requiere sacudirse de la maneras establecidas de pensar y una nueva interpretación, tanto sociológica como económica, del concepto de innovación. El modelo existente con la autónoma genialidad del diseñador en jefe a la cabeza de una estricta jerarquía es 'cerrado' y se basa en la competición. Esa competición ha probado ser un importante generador de innovación, pero también lleva a una enorme fragmentación. El otro modelo se basa en conferencia. Conforma, según la lógica del trabajo de redes, una efectiva distribución de ideas, cuyo resultado puede ser probado en diferentes situaciones y, por lo tanto, mejorado. Hace uso de la 'inteligencia en enjambre' de un largo grupo de usuarios y/o diseñadores y desarrolladores."

Kasapori, D. (2005) "Open source architecture'". En: Shamiyeh, M, (Ed.). What People Want. Populism in Architecture and Design. Basel: Birkhäuser.

domingo, 27 de mayo de 2012

Buscando lo 'cotidiano' (T. Duschlbauer)


"La individualidad no puede ser vista como completamente eliminada por un mundo dominado por el marketing y la administración, porque más y más consumidores han adoptado una actitud profesional hacia el comprar (shopping) que no puede ser desechada, del mismo modo que el juicio maduro. El comprar es una manera compleja y consciente de crear el propio estilo de vida o, incluso, un modo de articular "revuelta" y "protesta".

Consecuentemente, el comprar puede también ser visto como una actividad productiva. Esto es también válido para los productores de comodidades y servicios que están absorbiendo esta "protesta" con el fin de crear nuevos productos que confirman las actitudes de sus consumidores. Aún más, este tipo de populismo de mercado o economía al revés es también capaz de prevenir cualquier dificultad si deja a los consumidores la decisión de qués es lo que debe ser producido. Por ejemplo, en Alemania, se preguntó a la audiencia qué personaje debería tener la película de un productor famoso. Luego de esto, él fue capaz de convencer a sus críticos al decir que "su" película fue la decisión de la vasta mayoría y consecuentemente él no era responsable por las quejas sobre la cualidad o sobre al discriminación de homosexuales en la película. [...].

En el nombre de la "individualidad" y con el objetivo de deshacerse de cualquier responsabilidad y de acercarse a la así llamada "autenticidad" de la vida cotidiana, este tipo de populismo de mercado actualmente convierte a sus clientes en populistas. Por lo tanto, la cotidianidad en sí misma se vuelve cada vez más una comodidad valorada."

Duschlbauer, T. ( ) "Searching for the 'everyday'". En: Shamiyeh, M, (Ed.). What People Want. Populism in Architecture and Design. Basel: Birkhäuser.

martes, 10 de enero de 2012

Espacio social y espacio simbólico II (P. Bourdieu)


"Estructuras estructuradas, principios generadores de prácticas distintas y distintivas - por ejemplo, lo que el obrero come y sobre todo su manera de comerlo, el deporte que practica y su manera de practicarlo, sus opiniones políticas y su manera de expresarlas difieren sistemáticamente del consumo o de las actividades correspondientes del industrial-, los habitus son también estructuras estructurantes, esquemas clasificatorios, principios de clasificación, principio de visión y de división, de gustos, diferentes. Producen diferencias, operan distinciones entre lo que es bueno y lo que es malo, entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo que es distinguido y lo que es vulgar, etc. Así, por ejemplo, el mismo comportamiento o el mismo bien puede parecer distinguido a uno, pretencioso a otro, vulgar a un tercero.

Pero lo esencial es que, cuando ellas son percibidas a través de sus categorías sociales de percepción, de sus principios de visión y de división, las diferencias en las prácticas, los bienes poseídos, las opiniones expresadas se vuelven diferencias simbólicas y constituyen un verdadero lenguaje. Las diferencias asociadas a las diferentes posiciones, es decir, los bienes, las prácticas y sobre todo las maneras, funcionan, en cada sociedad, al modo de las diferencias constitutivas de los sistemas simbólicos, como el conjunto de fonemas de una lengua o el conjunto de rasgos distintivos y de separaciones diferenciales constitutivos de un sistema mítico, es decir, como los signos distintivos. 

Construir el espacio social, esa realidad invisible que no se puede mostrar ni tocar con los dedos y que organiza las prácticas y las representaciones de los agentes, es darse de un solo golpe la posibilidad de construir clases teóricas tan homogéneas como posibles desde el punto de vista de los dos determinantes mayores de las prácticas y de todas las propiedades que de allí se derivan. El principio de clasificación que se puede así construir es verdaderamente explicativo, Es una taxonomía social que no se contenta con describir el conjunto de las realidades clasificadas sino que, como las buenas clasificaciones de las ciencias naturales, se apega a las propiedades determinantes que (por oposición a las diferencias aparentes de las malas clasificaciones) permiten predecir las otras propiedades. Las clases que ella permite construir semejan a los agentes que son tan parecidos entre sí y tan diferentes como es posible de los miembros de las otras clases, vecinas o alejadas. [...]

El modelo define pues las distancias que son predictivas de reencuentros, de afinidades, de simpatías o también de deseos: concretamente, esto significa que las personas que se sitúan en lo alto del espacio tienen poca oportunidad de casarse con las personas que están situadas hacia lo bajo. Primero, porque tienen poca oportunidad de encontrarse físicamente (a menos que sea en esos sitios llamados de "mala reputación", es decir, al precio de una transgresión de los límites sociales que vienen a redoblar las distancias espaciales);  después, porque si ellos se encuentran por casualidad o por accidente, "no se entenderán", no se comprenderán verdaderamente y no se gustarán. Al contrario, la proximidad en el espacio social predispone al acercamiento: las personas inscriptas en un sector restringido del espacio serán a la vez más próximas (por sus propiedades, sus disposiciones y sus gustos) y más inclinadas a parecerse; más proclives también al acercamiento, a la movilización. Pero esto no significa que ellos se constituyan en una clase en el sentido de Marx, es decir, un grupo movilizado por objetivos comunes y en particular contra otra clase."

Bourdieu, P. (2008 [2003]) Capital cultural, escuela y espacio social. Buenos Aires: Siglo XXI. pp 32-34.

domingo, 8 de enero de 2012

Espacio social y espacio simbólico I (P. Bourdieu)

"La idea de diferencia, de separación, está en la base de la noción misma de espacio, conjunto de posiciones distintas y coexistentes, exteriores las unas respecto de las otras, definidas las unas en relación con las otras, por vínculos de proximidad, de vecindad, o de alejamiento, y también por relaciones de orden como debajo, encima y entre; numerosas propiedades de los miembros de las clases medias o de la pequeña burguesía pueden por ejemplo deducirse del hecho de que ocupen una posición intermedia entre las dos posiciones extremas, sin ser identificables objetivamente ni identificadas subjetivamente ni en una ni en otra.

El espacio social es construido de tal modo que los agentes o los grupos son distribuidos en él en función de su posición en las distribuciones estadísticas según los dos principio de diferenciación que, en las sociedades más avanzadas, como Estados Unidos, Japón o Francia, son sin ninguna duda las más eficientes: el capital económico y el capital cultural. De ahí se sigue que los agentes se encuentran allí empleados de tal manera que tienen tanto más en común en estas dos dimensiones cuanto más próximos estén, y tanto menos cuanto más separados. Las distancias espaciales sobre el papel equivalen a las distancias sociales. Más precisamente, como lo expresa el diagrama [...] en el que traté de representar el espacio social, los agentes son distribuidos, en la primera dimensión según el volumen global de capital que ellos poseen en sus diferentes especies, y en la segunda dimensión según la estructura de su capital, es decir, según el peso relativo a los diferentes tipos de capital (económico, cultural) en el volumen total de su capital. Así, para hacerme comprender, en la primera dimensión, sin duda alguna la más importante, los poseedores de un fuerte volumen de capital global, como los patrones, los miembros de profesiones liberales y los profesores de universidad, se oponen globalmente a los más desprovistos de capital económico y de capital cultural, como los obreros sin calificación; pero, desde otro punto de vista, es decir, desde el punto de vista del peso relativo del capital económico y del capital cultural en su patrimonio, ellos se oponen también muy fuertemente entre sí [...].

Capital Global (P. Bourdieu)

La segunda oposición, al igual que la primera, está en la base de las diferencias en las disposiciones y, por ello, en las tomas de posición que pueden diferir en su contenido, según los momentos y según las sociedades, o presentarse baso una forma idéntica, como la oposición entre los intelectuales y los patrones que, en Francia y en el Japón de la posguerra, se traduce, en política, en una oposición entre la izquierda y la derecha.[...].

Una de las funciones de la noción de habitus es dar cuenta de la unidad de estilo que atraviesa a la vez las prácticas y los bienes de un agente singular o de una clase de agentes [...]. El habitus es ese principio generador y unificador que retraduce las características intrínsecas y relacionales de una posesión en un estilo de vida unitario, es decir, un conjunto unitario de elección de personas, de bienes, de prácticas. Al igual que las posiciones de las que ellos son el producto, los habitus están diferenciados; pero también son diferenciantes. Distintos, distinguidos, ellos son también operadores de distinción: ponen en juego diversos principio de diferenciación o utilizan de modo variable los principio de diferenciación comunes." 

Bourdieu, P. (2008 [2003]) Capital cultural, escuela y espacio social. Buenos Aires: Siglo XXI. pp 28-31.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Introducción a la psicosociología de la vida cotidiana II (H. Lefebvre)

"Y ahora podemos dar algunas definiciones científicas:

a) En la cotidianidad se entremezclan sistemas de signos y señales, a los que se añaden símbolos que no forman sistemas. Se traducen todos en un sistema parcial y privilegiado a un tiempo: el lenguaje. El conocimiento critico de la vida cotidiana se define como una parte importante de una ciencia que llamaremos semántica general.

b) Llamaremos campo semántico total al conjunto más amplio de significaciones que el lenguaje (que sólo es una parte del campo semántico total) se esfuerza en explorar y busca igualar. El conocimiento de la cotidianidad se sitúa, pues, en este campo. Sobre él se abren los sectores parciales que se distinguen (por ejemplo, el señor X... juzga su profesión aburrida. o decepcionante, o apasionante; por esta apreciación, motivada o no, coherente o no, entra en el campo global. El matrimonio del señor y la señora Y... es bueno o malo, un logro o un fracaso, lo que le da un sentido, etc).

c) Contrariamente a lo que piensan algunos "semánticos", la significación no agota el campo semántico; no es suficiente y no se satisface. No tenemos el derecho de olvidar lo expresivo en beneficio de lo significativo. No hay expresión, es cierto, sin signos y significados que se esfuercen en decirla, o sea, en agotarla; pero tampoco hay significado sin lo expresivo, que ésta, la expresión, traduce fijándalo, trivializándolo. Entre los dos términos existe una unidad y un conflicto (una dialéctica). El sentido resulta de esta relación móvil entre la expresión y la significación. Contrariamente a las señales, los símbolos son oscuros e inagotables; los signos se desplazan entre la claridad fija de las señales y la obscuridad fascinante de los símbolos, de pronto cercanos a la vacía claridad, de pronto más cerca de la profundidad incierta.

El campo semántico total une (en proporciones variables según los lugares y momentos) la profundidad simbólica y la claridad de las señales. Los signos (y especialmente el lenguaje) permiten decir el sentido.

d) En términos más precisos todavía, las señales que dirigen imperativamente y no enseñan nada, que se repiten idénticas a sí mismas, constituyen socialmente una redundancia. Los símbolos siempre aportan sorpresas, novedades, imprevistos, incluso en su reaparición; sorprenden, tienen carácter estético. Cuando son demasiado numerosos, demasiado ricos, abruman y se convierten en ininteligibles. Los signos (o señales y símbolos conjuntamente) tienen un papel informativo.

e) De esta forma se define ante nosotros el texto social. Éste resulta de la combinación, en proporciones infinitamente variadas, de los aspectos y elementos mencionados anteriormente. Sobrecargado de símbolos, cesa de ser legible por ser demasiado rico. Reducido a señales, cae en la trivialidad. Demasiado claro, resulta tedioso (redundante), reiterativo. Un buen texto social es legible e infonnativo; sorprende, pero no demasiado; enseña sin agobiar. Se comprende fácilmente, sin exceso de trivialidad.

La riqueza del texto socíal se mide entonces por su variación accesible: por la riqueza de posibilidades que ofrece a los índividuos (que lo descifran y forman parte de él). Estas posibílidades exigen opciones, tan numerosas como aperturas tiene lo posible, pues lo posible y lo imposible van parejos; hay que escoger, y lo posible no escogido deviene imposible. De esta forma, la gran ciudad ofrece opciones más numerosas que la pequeña ciudad o el pueblo, es lo que llamamos sus "seducciones", sus "tentaciones", sus "llamadas", se trate de bienes que ambicionar, de oficios que aprender, de amigos que frecuentar, de amores que conquistar. La opción y la duda de escoger acompañan la multiplicidad de los posibles que se leen en el texto social. De ahí, la inquietud inherente a la cotidianidad más rica, inquietud proporcionada a las solicitaciones multiplicadas y a las exigencias de la decisión que compromete, realiza un posible, e impide volverse atrás."

Lefebvre, Henri (1978 [1971]) De lo rural a lo urbano. Barcelona: Ediciones Península. pp 90-92.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Introducción a la psicosociología de la vida cotidiana I (H. Lefebvre)

"¿Cómo definir la vida cotidiana? Nos rodea y nos cerca; en el mismo tiempo y el mismo espacio, está en nosotros y nosotros en ella y estamos fuera de ella, tratando sin cesar de proscribirla para lanzarnos en la ficción y lo imaginario, nunca seguros de salirnos de ella, aun en el delirio del sujeto. Todos la conocemos (y sólo a ella conocemos) y cada uno de nosotros la ignora. La historia de las ideas nos muestra que hombres y pueblos, épocas y civilizaciones, no alcanzan sino en última instancia lo que eran en sus inicios. Para expresar claramente lo que son, necesitan verlo fuera de ellos, comparándolo a otras formas de vida. Algunos llegan hasta a pretender que una cultura no se define y no se hace consciente hasta que se agota, de tal suerte que la consciencia, esta claridad, llevarla también el signo negro del destino. Sin llegar hasta este punto, ¿no tiene esto algo de verdadero en lo que concierne a nuestra vida cotidiana? Si llegamos a tomar consciencia de la cotidianidad ¿no es acaso porque la aventura humana la desborda ya? Si hoy concebimos el mundo humano, la  tierra de los hombres, y la práctica cotidiana, ¿no será porque el hombre y las técnicas y las posibilidades sobrepasan ya lo que somos sin que sepamos a dónde se dirigen?

¿Qué es, pues, la cotidianidad? No avanzaremos mucho ni nos comprometeremos demasiado diciendo que es la mejor y la peor de las cosas, como la lengua y el lenguaje según Esopo. La mejor: en la vida cotidiana entramos en contacto con el mundo humano ya realizado, con innumerables objetos producidos en lugares lejanos o escondidos (talleres, fábricas) y que se convierten en bienes; el conjunto de estos bienes se ofrece a las ambiciones y estimula los deseos; algunos de entre ellos se nos escapan y son inaccesibles. La ciencia de la realidad social no puede confundir este campo de experiencias con la producción y la distribución, aspectos de la economía política. Un especialista en publicidad conoce mejor las relaciones entre .bienes. y deseos que el economista o el estadístico. Ni la sociología, que se ocupa de los grupos, ni el psicólogo, que se interesa por los individuos, ni siquiera el psicólogo social, que se preocupa de opiniones y actitudes, consiguen captar en toda su extensión este vasto campo, que puede ser definido, sin embargo, por una sola palabra: apropiación (por los seres humanos, de la vida en general, de su propia vida en particular).

En la vida cotidiana, sector privilegiado de la práctica, las necesidades se convierten en deseos, éstos toman forma en ella, y en ella pasan de biológicos (es decir animales y vitales) a humanos. Esta metamorfosis se opera a través de duras pruebas; el autocontrol y la posposición, a veces ilimitada, de las más legítimas satisfacciones, las de la elección y las opciones inevitables entre los objetos posibles del deseo. La necesidad pasa a través de los filtros del lenguaje, de las prohibiciones y las permisiones exteriores, de las inhibiciones y las excitaciones, del esfuerzo y el logro. Las necesidades están presentes en el lote general de los humanos: necesidad sexual, necesidad alimenticia, necesidad de hábitat y vestido, necesidad de juego y actividad, etc. Los deseos se individualizan, en función del grupo propio. La socialización y humanización de la necesidad van parejas con la individualización del deseo, pero no sin conflictos, no sin daños, a veces irreparables. Cada hombre y cada mujer semejan un árbol, con ramas torcidas, muertas, desgajadas, y otras ramas obstinadamente llenas de savia.

Riqueza de la cotidianidad: en ella se esbozan las más auténticas creaciones, los estilos y formas de vida que enlazan los gestos y palabras corrientes con la cultura. En ella se opera la renovación incesante de los hombres: el nacimiento y formación de los hijos, el empuje de las generaciones. Un arte, una imagen, un mito que no entren en la cotidianidad (en lo vivido) permanecen abstractos o mueren. A la inversa, los más profundos deseos y las aspiraciones más válidas se arraigan y permanecen en ella. [...]

Por ir más lejos, indiquemos rápidamente los determinantes científicos de la cotidianidad. 

Signos y señales pueblan el espacio y el tiempo. Las señales son simples, precisas. reducidas al mínimo (verde, rojo, trazo continuo, trazo discontinuo, etc.), con frecuencia a sistemas binarios. Las señales dirigen y condicionan los comportamientos. Los signos son más vagos y complejos; constituyen sistemas abiertos. Una palabra es un signo, pero también lo es una puerta, una ventana, una corbata, un vestido, un sombrero, un gesto como estrechar la mano de alguien diciéndole "Buenos días". La puerta significa una entrada, un pasillo prohibido a algunos y abierto para otros, los habitantes de la casa y sus relaciones.

Mi apartamento está poblado de objetos funcionales que al mismo tiempo son signos, colocados en cierto orden que estudia la "logística" de la cotidianidad. Las fuentes y cacerolas en la cocina significan mis gustos alimenticios. La calle está también repleta de signos: el vestido de esta mujer significa que va de paseo y el de esta otra que va a su trabajo. En la vida cotidiana sabemos (mejor o peor) traducir al lenguaje corriente estos sistemas complejos de signos. Si no sabemos traducirlos, si ignoramos algo, nos considerarán raros, o forasteros, o fuera de la Historia.

Pero esto no es todo. Consideremos ahora los monumentos (Notre-Dame, el Arco de Triunfo, el Louvre...), o simplemente una cara conocida o desconocida. No podemos compararlos ni a un sistema de señales como el que regula la circulación, ni incluso a los sistemas de signos, enigmáticos pero rigurosos, de los que se sirven los matemáticos. No dicen todo lo que tienen que decimos; lo dicen con lentitud y no terminan nunca. Por esta razón los compararemos a símbolos, ricos de un sentido inagotable. Los juzgaremos expresivos además de significativos. De esta forma, Notre Dame simboliza la continuidad de París y la grandeza de una época pasada y la fe de sus constructores; resume a un tiempo una concepción del mundo y algunos siglos de Historia. Rostros, monumentos, símbolos que introducen profundidad en la vida cotidiana: presencia del pasado, actos y dramas individuales o colectivos, posibilidades mal determinadas y por tanto más comprensivas de belleza y grandeza. En el espectáculo de lo cotidiano y en la participación de los individuos en la vida son nudos, centros, puntos de penetración a algo más profundo que la trivialidad reiterativa, de la que sin embargo, no se separa ni un ápice. París es: calles, personas, signos, señales innumerables, y también símbolos sin los que la presencia de la ciudad, de su pueblo y de su historia se echaría de menos. La trivialidad de las señales, de los signos conocidos y repetidos, reinaría sin los símbolos sobre el espacio y el tiempo privados de lo desconocido y de sentido. Se puede decir otro tanto de Marsella o de Lila; de un pueblo o de un paisaje."

Lefebvre, Henri (1978 [1971]) De lo rural a lo urbano. Barcelona: Ediciones Península. pp 86-90.
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