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miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Qué es lo huachafo en la arquitectura?

Publicado en archdaily el 3 de mayo de 2016.


"El uso del huachafo nace de la necesidad humana universal de decorar y hacer propio un espacio. Muchos modelos de la arquitectura contemporánea son abstractos, simples en forma e incluso difíciles de entender. Se prefiere, en su lugar, la acumulación de símbolos familiares – el ingreso, la ventana, la cortina, el techo a dos aguas – y el resultado final es una suerte de horror al vacío manifestada en el uso de muchos elementos que, ya sea por sus características formales que por sus características simbólicas, contribuyen a llenar el espacio y, según el pensamiento del usuario, hacerlo más rico. Esta es la primera premisa social que se desprende del huachafo: el enriquecimiento de la experiencia por medio de la combinación de un gran número de recursos formales y estilísticos que dejen poco lugar al espacio libre. Se prefiere la mezcla de colores y materiales, la multiplicidad de usos de un mismo objeto y la combinación de muchos objetos de diferentes procedencias."

Vivienda en etapa inicial (M. Jumpa)
Leer el artículo completo AQUÍ.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Estética e informalidad (video)

Compartimos el video del conversatorio "Estética e Informalidad" con Jaime  Bailón y Cristina Dreifuss, moderado por Christopher Schreier y organizado por la Carrera de Arquitectura de la Universidad de Lima.


sábado, 31 de octubre de 2015

Estética e informalidad

Este miércoles 4, a las 6 pm en la Universidad de Lima. Hablaremos de publicidad chicha (Jaime Bailón) y arquitectura huachafa (Cristina Dreifuss) en el primer conversatorio "Estética e Informalidad".

Aula Magna A, ingreso libre.


lunes, 20 de julio de 2015

De lo huchafo, lo mejor - Espacio público

Esta categoría intriga.

A diferencia de las casas, que son hechas pensando en necesidades gustos muy particulares y personales, y que básicamente satisfacen a un grupo reducido de personas (aunque el resto de la ciudad tenga que soportar las fachadas, lo quiera o no), los espacios públicos son eso: públicos. Es decir que son pensados para una gran cantidad de gente y, se supone, deben responder a sus necesidades y gustos.

Los sobre-presupuestos, los caprichos estéticos de alcaldes y potentados, los sueños de miembros de una comunidad, los "quere ser" y "querer pertenecer" y, en algunos casos, también la nostalgia de un pasado glorioso (real o imaginario) se despliegan en estos espacios públicos.

Hay, por supuesto, mucho más por decir y por mostrar.


Junín - Colaboración de Manuel Serpa



Huancayo - Colaboraciones de Giancarlo Pava


Parque de la Identidad Huanca

Río Negro, Satipo, Plaza Intercultural - Colaboración de Giancarlo Pava



Lima - Colaboración de Manuel Serpa



Pacasmayo, Parque de la Amistad - Colaboración de Alexa G. Cam




Chiclayo, Paseo Yortuque - Colaboración de Israel Romero



Chimbote - Colaboración de Richard Asto Altamirano


martes, 23 de junio de 2015

New Andean I

"Hace quince años que el arquitecto autodidacta Freddy Mamani Silvestre diseñó su primer Salón de Eventos para un empresario local Aymara en El Alto, Bolivia. Hoy, más de 60 de estos salones acentúan el monótono paisaje urbano de edificaciones bajas de ladrillo en esta joven ciudad, amontonadas en una vasta meseta a 4000 m.s.n.m, justo sobre La Paz, la capital administrativa de Bolivia. Edificios similares han comenzado a aparecer en Perú y Argentina, y en el medio del Amazonas. Este nuevo tipo arquitectónico, con su estilo de fanfarra flamboyante, ha ganado atención mediática en todo el mundo, pero el fenómeno es aún tan nuevo que no se ha establecido un consenso sobre cómo llamarlo, con términos tan variados como Transformer, Neo-Andino o Nave espacial. [...] 

'A través de la arquitectura estamos mostrando nuestra propia cultura, tenemos dinero y podemos construir de un modo que nos represente', dice el ocupado diseñador Aymara. Tiene varios edificios en construcción, y sin embargo rara vez está en su oficina, ni tiene una secretaria o asistentes, y utiliza poco dibujos arquitectónicos. 'En las paredes, yo explico ahí mismo'. Del mismo modo simple son sus contratos con los clientes, sólo verbales, siguiendo la tradición.

Los edificios de usos mixtos diseñados por Mamani pertenecen a una misma familia y tienen el mismo programa. El primer piso son unidades comerciales hacia la calle y alineadas a lo largo de una galería itnerior, para ser arrendadas como tiendas a vendedores locales. Un hall de eventos de doble altura con mezanine, el elemento más importante del edificio, está en el segundo y tercer piso, con una teatina en la parte posterior del techo para el ingreso de luz natural. El hall proporciona suficiente espacio para mesas de comedor y para bailar, así como para un bar y áreea de cocina, mientras que la mezanine queda reservada a bandas de música, baos y un balcón para ver el espectáculo. En la mayoría de casos, dos filas de columnas se alínean en la mitad del hall, dando sin querer un aire litúrgico, como la nave de una iglesia. Las entradas y los corredores son largos y estrechos, sin adaptarse a las necesidades de grandes cantidades de personas.

Sobre el hall, uno o más niveles albergan viviendas de un sólo piso, ya sea para alquiler o para los hijos de los dueños, mientras que la parte alta del edificio presenta un penthouse o 'chalet' para el propietario. Esta curiosa casa en la parte alta del techo generalmente posee un techo a dos aguas y ocupa sólo parte del área total del último piso; frecuentemente también varía en estilo con respecto al resto del edificio. A diferencia de los espacios comerciales, diseñados para maximizar el área a alquilar, la casa de los dueños es más pequeña y, por lo tanto, más fácil de calentar por el sol [...]. La idea es, también, diferenciar la vivienda de los dueños de las unidades comerciales. 'El edificio debe producir ganancia. En el techo está nuestra propia casa'."

Architectural Record, junio 2015.

domingo, 21 de junio de 2015

El colega del patrimonio berrinchudo

Un descubrimiento gracias a la convocatoria de arquitectura huachafa.

Patrimonio berrinchudo es el título del blog y la cuenta de Instagram de Manuel Serpa. Fotos buenísimas de un cazador de arquitectura huachafa. En sus propias palabras:

"Todo comienza como una burla.. desde el plano de lo superfluo, la palabra que más lo soporta es morbo. Simplemente salí a la calle a burlarme puerilmente de la arquitectura rara y a coleccionarla. [...] La arquitectura tiene un abanico de temas, causas, tecnicismos, es como un fractal que se va abriendo en miles de ramas, los más relevantes tomados con la debida importancia y solemnidad. Definitimavente, hay miles de libros desde teóricos de letras interminables hasta los de figuritas a todo color, hay una parte artística y visceral, que se aborda con encono, que muestra la belleza y la experticia. Pero también hay concepciones alternativas, hay un componente que muchas veces no es más importante que lo técnico y lo funcional, por ahí el cacho que sobresale como un tumor en la ciudad, es ese pedacito de alma que se le puede salir al diseñador, al tomar un partido divertido y gastar más material en un forúnculo de concreto volando, al maestro que ve curvas hermosas en la mamacita del calendario y las ejecuta en obra, al cliente aspiracional que caprichea con columnas corintias en las ventanas, al alcalde que no encuentra mejor forma de malversar fondos que regalando al pueblo un parque con monumentos a sus cosos favoritos, al arquitecto importante que no le da el tiempo y le manda a diseñar al dibujante travieso, al emprendedor eventual que comienza con su primer piso, luego el segundo y luego el tercero y todos como los soñó antes de alguna resaca entre crisis y vacas gordas, al ricachón que mandó al diablo el estilo, la moda o el discurso estético impuesto y sacó sus mounstruos internos a relucir glamorosamente, estructurados por algún ingeniero que se las arregló para aporticarlo y llenarlo de mochetas. 

Las entrañas de la arquitectura producen vientos de todos los sabores, pero al que le dedico este blog, es a la flatulencia, a lo innecesario, a lo arrebatado, pero a su vez, es donde creo yo que está la expresión más pura de eso que los humanos en un ataque de autoindulgencia y miedo nos inventamos, lo que se podría llamar "alma", con sus limitaciones de presupuesto, con sus arrepentimientos, con sus frustraciones y deseos a medias, con sus sentimientos de culpa y sus parches , pero también con sus extras, su hermosa fealdad, su riesgo, su rebeldía, con su malcriadez hacia las reglas impuestas y su conchudez reiterativa, que definitivamente pocos iluminados le dan la importancia que merece y que las señoras con ruleros miran con las manos en la boca, haciendose las del buen gusto."

viernes, 8 de mayo de 2015

El CAP, tan lindo siempre

El degradé, los colores (porque, claro, qué madre que se precie no va a ser feliz con el color rosado) y sobre todo el mensaje espaciotemporal.


viernes, 13 de febrero de 2015

Aprendiendo de El Alto (E. Andreoli)

"[...] A pesar de la curiosidad y atención que estos edificios han atraído, es difícil encontrar una verdadera comprometida discusión sobre su popularidad. Randolph Cárdenas, arquitecto y autor de uno de los pocos estudios sobre el tema, cuenta cómo [esta arquitectura] ha sido siempre desestimada en términos peyorativos por las escuelas de arquitectura de la La Paz - a pesar de que muy pocas personas fuera de El Alto parecen si quiera haberse aventurado dentro de una, y nadie saber realmente quién las diseño, o si es que es uno o varios dibujantes quienes están involucrados. A Freddy Mamani Silvestre nunca se le ha pedido una entrevista, ni ha figurado de manera alguna. Recientemente, sin embargo, cada vez más voces han salido en defensa de estos edificios, algunos atreviéndose a reivindicar que son una expresión genuina de la ciudad de El Alto o, más caprichosamente aún, que representa el verdadero estilo arquitectónico nacional de Bolivia. Algunos van incluso más allá y proponen que la academia debería abrirse a las expresiones arquitectónicas policromáticas y ofrecer enseñanzas formales sobre su diseño.

Freddy Mamani Silvestre - El Alto
(Fotos: E. Andreoli)
En nuestras lecciones de historia de la arquitectura desde siempre se nos ha enseñado que la arquitectura moderna apareció al inicio del siglo veinte como resultado de innovaciones tecnológicas que impulsaron nuevas formas de producción y construcción y, en consecuencia, nuevas maneras de organizar el trabajo y el habitar. Los nuevos modos homogenizadores modernistas, sin embargo, demostraron no ser siempre compatibles con los distintos tejidos sociales, geografías y culturas de los países menos industrializados y menos urbanizados, donde fueron subsecuentemente introducidos. En la segunda mitad del siglo pasado, hubo intentos de resolver estas contradicciones. Kenneth Frampton hizo un llamamiento por el 'regionalismo crítico' - una arquitectura con conocimiento local y sabor local que continúe respetando los principios guía del modernismo.  En obvio contraste, otros como la pareja de arquitectos Robert Venturi y Denise Scott Brown exhortaron arquitectos a abandonar lo canónico y, en su lugar, abrazar el estilo comercial, juguetón y populista de la calle principal cotidiana. Esta crítica, por supuesto, abrió el camino al postmodernismo y sus pastiches, que pronto demostraron sus límites: una cacofonía de elementos del pasado, escogidos de manera arbitraria desde cualquier era y mezclados aleatoriamente, no era más local o democrático que un rígido modernismo europeo.

La arquitectura chola intergaláctica y policromática de El Alto, expuesta principalmente por Freddy Mamani Silvestre, no representa una búsqueda por un pasado heroico o un vernacular cotidiano. Por el contrario, en su núcleo hay una versión urbana fundamentalmente contemporánea de elementos culturales indígenas. Hoy, los aymaras y quechuas que viven en El Alto usan teléfonos celulares y computadoras, aprenden chino y tienen negocios en Shanghai y Guangzhou, dirigen grandes compañías de transporte y construcción y son maestro de la rápida acumulación de capital. Son, en este sentido, contemporáneos desde todo punto de vista, sin embargo al mismo tiempo no dejan de ser aymara o quechua o mestizo, y continúan sus propias tradiciones culturales. Por lo tanto, puede que no pase mucho hasta que seamos capaces de ver a la ciudad de El Alto con nuevos y sorprendidos ojos. Porque su arquitectura nos reta a pensar cómo la forma establece una identidad, cómo lo heterodoxo puede complicar la regla y el parámetro establecidos y cómo una nueva apreciación del comercio puede hacer que nuestras propias leyes y límites se vuelvan más flexibles. Deberíamos aprender, entonces, a dar un festín de color a nuestros monocromáticos ojos, y en el proceso, llegar a amar una diferencia."

Andreoli, Elisabetta (2013) Learning from el Alto. AA File, No. 67, pp. 40-45.
[Texto e imágenes]

viernes, 7 de marzo de 2014

El nuevo gusto del CAP

Aún no tenemos idea de qué es lo que implica un cambio en las autoridades del CAP. Personalmente, vi las elecciones con mucho escepticismo y la única razón por la que fui a votar fue porque la multa estaba cara.

Pero al menos en cuanto a la apariencia del saludo por el día de la mujer (dudosa "festividad" que todas las tiendas se empeñan en que no olvidemos), creo que la propuesta de esta gestión está ligéramente mejor que la del año pasado.


lunes, 13 de enero de 2014

Himno del CAP (¡¡¿¿??!!)

Dos arquitectos (César Narro y Carlos Chiroque) ganaron 3500 soles por esto. Del dinero que los agremiados estamos obligados a pagar mes a mes (y que mucha falta haría para tantas otras cosas).


Lee la nota completa (y la letra) publicada en La Chimenea.

sábado, 2 de marzo de 2013

Cuidado con la huachafería, darling (J. Barrón)

"Peruanismo. No por eso huachafo es exclusivamente peruano. Los hay siúticos, horteras, tackies y, aunque no existiese palabra para señalarlos, suelen ser reconocidos por la manada. De algo sirven: nos hacen sentir distinguidos. Si pretendemos precisar qué es huachafería, nos daremos con una pituca y otra popular; entre ambas, como el relleno del sánguche, la huachafería pequeñoburguesa, emblemática sazón que anima lo nacional. Como la salsita criolla. 

Pero ¿qué es huachafo? Aquello que no es honesto ni natural. Lo que pretende y, pretendiendo, chirria. El tinte azabache del pelo del viejo galán, la ricurita de ojos de plástico azul añil, sus uñas demasiado largas, las de los pies.

Es la arquitectura 'wannabe' que convierte en glamoroso al ricacachón, es la culinaria caviar, esa que congrega en un cilindro la entraña Angus con el hongo de Porcón.

coladelmundo.blogspot.com
Demasías, bisoñés, purpurinas, imitaciones finas, relojes bamba. Meter la nariz en la botella de pisco y sacar la fecha de la cosecha, el lugar, la hora y el dueño de la pata que pisó la uva. El sport elegante, el bohemio elegante, el anfitrión cinco estrellas aspirante a embajador, la novia de blanco que por cuarta vez se casa y sus quince damitas de honor, el 'mi reina' que una operadora nos suelta al teléfono, la causa inspirada en la forma del maní del Señor de Sipán, la maskaipacha de hojalata coronando un casino de San Miguel, el que hizo montar una biblioteca entera como parte de su decoración. Las botas blancas de charol.

Llamar hacienda a unos metros de tierra, caballo de paso a un burrito coquetón, darle agua mineral al chihuahua que lleva el nombre del exmarido, llevarlo en la cartera de marca, desparramar choleos como quien salpica agua bendita. Ser sobón.

Resulta que en la década de 1890 llegó a Lima una modesta familia de colombianos que se puso a vivir en la quinta cuadra del actual jirón Andahuaylas, próxima al cuartel Santa Catalina. En esa casa había jóvenes casamenteras que todo el tiempo organizaban reuniones muy animadas a las que ellas solían llamar guachafas, colombianismo que significa fiesta, jolgorio. La expresión, y las fiestas, tuvieron gran acogida entre los limeños vecinos. Con el tiempo, las dueñas de casa, de apellido difícil de recordar, eran conocidas con el sobrenombre de huachafas. 

Mario Vargas Llosa escribió alguna vez que ponerse una "y" entre apellidos es huachafo. Alguien refutó que componerlos lo es más.

Al final son las madres las que se perpetúan en este gesto, para bien y para mal. Así llegaron lejos la señora Llosa, esposa del señor Vargas, la señora Prada, la del señor Gonzáles, la Canseco, del señor Diez.

Hay palabras que pululan en Lima como las enfermedades respiratorias, los sicarios, las combatientes en blumer: flamante, nosocomio, 'darling' y, por sobre todas ellas, agendar.

Hay cosas que no son huachafas porque están hechas desde adentro; cosas pintorescas, como las corbatas de Beto; folclóricas, como las pestañas de Susy; extravagantes, como las crenchas de Guerrero; eclécticas, como las páginas sociales de una Lima que no puede parar."

Barrón, Josefina (2013) "Cuidado con la huachafería, darling". En: El Comercio. Domingo 24 de febrero de 2013, p a17.

viernes, 30 de marzo de 2012

Huachafo y chicha (II)

Primera parte


"Dentro de las particularidades de lo huachafo, sin embargo, encontramos que aún “en lo risible […] siempre hay algo de miseria que nos conmueve. Cuando la forma no llega a superar al fondo íntegramente, se rompe el equilibrio, vamos a lo cómico, pero no se produce la independencia de la forma que anula el dolor. La huachafería permanece lejana, pero ligada al fondo; por eso hay en ella suspiros y melancolía.” (Velarde, Contribución al estudio de la huachafería en el arte 1966, 394)
Estos “suspiros y melancolía” son en realidad la manifestación del fuerte componente social de aspiración, de lucha, de fricción, del querer ser y el querer pertenecer, que hace que el huachafo sea distinto que el kitsch.
Sin embargo, es también en la estética que el huachafo se distingue del kitsch, o, para ser más exactos, se constituye en una variante regional del mismo. Es por eso que no puede establecerse una distinción tajante entre qué es huachafo y qué es kitsch, especialmente si no conocemos las motivaciones sociales del contexto.
Ambos términos parten de un principio de inadecuación y de no pertenencia, pero también de una idea de mescolanza de cosas que pertenecen a ámbitos diversos. En la situación Peruana podemos distinguir grosso modo que el huachafo surge de la mezcla de elementos “modernos”, occidentales y que tienen que ver con las modas contemporáneas, con elementos de las culturas tradicionales, ligados a lo vernacular y a lo artesanal.
El factor del querer ser es una voluntad explícita que se manifiesta por medio de la imitación de formas, modas, estilos, elementos de aquel grupo que se considera mejor y al que se aspira ingresar. Sin embargo existe una pulsión tan o más fuerte: la de la cultura o grupo de origen, al cual se pertenece. Sobre esta dicotomía profundizaremos más adelante con el estudio de ejemplos.
Existe una palabra que, en algunos contextos es utilizada como sinónimo de huachafo: chicha. La palabra, en su acepción tradicional, designa una bebida alcohólica hecha de la fermentación de maíz u otros cereales. En un lenguaje coloquial, netamente urbano y contemporáneo, el término designa un tipo de producción cultural producto de la hibridación.
En un inicio se llamó chicha a “un nuevo género musical híbrido de cumbia colombiana, guaracha cubana y huaino peruano […]. Y, a partir de la expresión música chicha, se ha desarrollado un importante uso adjetivo, sin flexión genérica o numérica y con matiz peyorativo: ‘comedia chicha’, ‘gobiernos chicha’, ‘tecnología chicha’.” (Hildebrandt 1994, 127)
Hay que enfatizar, como señala Pezo, que el término no nace al interior de estas culturas de múltiples influencias, sino que es aplicado desde el exterior, de manera peyorativa – de modo análogo al huachafo –, identificado con la migración del campo a las ciudades, y con el objetivo de “exagerar los aspectos negativos del migrante.” [1] (Pezo 2009, 173)
Matos Mar opina que lo chicha “expresa un nuevo patrón cultural en ascenso. Su presencia y avance constituyen una muestra notable del peso que han llegado a tener los migrantes y la cultura que portan, en la decisión de la dinámica viva de la cultura metropolitana y en la formación de una conciencia nacional unitaria.” (Matos Mar, Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después 2004, 85-86)
En cualquier producción o evento de mestizaje, especialmente si éste involucra la mezcla de aspectos urbanos y rurales, o aspectos de una alta cultura y populares, la palabra chicha es el término de más común utilización. Se habla entonces, además de la música, de moda chicha, de pintura chicha e incluso de urbanismo y arquitectura chicha.
¿Por qué entonces es que preferimos utilizar el término huachafo en lugar de la palabra chicha?
Existen dos motivaciones: la primera de carácter formal, y a la segunda corresponden razones más profundas. Creemos que la investigación y el debate realizados sobre este tipo de producción, sobre todo en la arquitectura, está aún en una etapa embrionaria. Los escasos documentos y estudios producidos son básicamente descriptivos y, en la mayoría de casos, cargados de ese tono peyorativo descrito líneas arriba. Creemos que el uso de la palabra huachafo nos fuerza a pensar en el fenómeno en otros términos e ir más allá de las acepciones ya conocidas del término chicha que, inevitablemente, nos lleva a ver la producción popular urbana sólo en términos de su forma.
Esto nos lleva a la segunda motivación, que tiene que ver con realizar un estudio que abarque, además de las formas y elementos compositivos, los procesos de gestación detrás de la producción estética en esta arquitectura. Dicha estética, entonces, se entiende no sólo como la forma externa o los elementos compositivos, sino además como las motivaciones y los mecanismos que los originan."


[1] “El término chicha está muy ligado a esta otra Lima, a lo migrante, a lo cholo y a lo popular. Pero, por otro lado, también se le suele asociar a lo huachafo, inacabado, desordenado, mal hecho, informal, delincuencial, etcétera, es decir contiene un significado negativo.” (Pezo 2009, 173)

En: Dreifuss Serrano, C. (2011). L'estetica (del huachafo) nell'architettura contemporanea a Lima. Roma: Tesi per ottenere il grado di Dottore di Ricerca in Architettura, Dipartimento di Architettura e Progettazione, Università degli Studi di Roma La Sapienza.

Referencias:
Hildebrandt, M. (1994). Peruanismos. Lima: Biblioteca Nacional de Perú.
Matos Mar, J. (2004). Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
Pezo, D. (2009). Arquitectura chicha: lo cholo en la arquitectura. In S. Bedoya, Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixtura (pp. 173-180). Lima: Biblioteca Nacional del Perú.
Schwab, F. (1940). Lo huachafo como fenómeno social. Revista 3, No. 4 , 17-18.
Velarde, H. (1966). Contribución al estudio de la huachafería en el arte. In H. Velarde, Obras completas (II) (pp. 393-196). Lima: Francisco Moncloa Editores.

viernes, 16 de marzo de 2012

Huachafo y chicha (I)

"Huachafo es una de aquellas palabras de uso cotidiano, que todos los pertenecientes a un determinado contexto – el limeño – parecen entender pero que termina siendo difícil de describir. En primer lugar, la dificultad estriba en su relatividad. Todos somos susceptibles de huachafear y de ser huachafeados, es decir, de ser considerados huachafos por determinadas personas, y de poder, a nuestro turno, determinar que otras personas son huachafas[1].
En principio pareciera tratarse de uno de tantos términos regionales, o peruanismo, que como muchos otros, se utiliza durante un tiempo determinado para ser luego olvidado o reemplazado por otro. Pero es ahí donde el huachafo comienza a distinguirse de otros términos similares. Se trata de un vocablo que tiene cerca de cien años en circulación, y su uso lejos de haber disminuido, se ha generalizado al punto de abarcar esferas sociales diversas y, manteniendo casi intacto su significado original, ampliar su uso a un sinnúmero de situaciones.
Estuardo Núñez, en comunicaciones personales, citadas tanto por Jorge Schwab como por Martha Hildebrandt (Schwab 1940, Hildebrandt 1994), señala que la palabra es de origen colombiano, donde es un sinónimo de jarana o fiesta popular.
“Alrededor de 1890, llegó a Lima una modesta familia de emigrados colombianos (probablemente algún político exiliado y los suyos) y se avecindó en la calle del General, muy próxima al cuartel de Santa Catalina. Como en dicha familia se contaban unas jóvenes casaderas y atractivas, éstas solían organizar frecuentemente fiestas bastante alegres a las que llamaban guachafas. La expresión fue bien acogida por los concurrentes a las fiestas – vecinos de barrio y, sobre todo, oficiales del contiguo cuartel – y con el tiempo las dueñas de casa, que tenían un apellido poco común y algo difícil, eran conocidas por el sobrenombre de huachafas. La denominación de la fiesta pasó a aplicarse a sus organizadoras que eran modestas muchachas de clase media, de cierta estrechez económica y que se esforzaban por aparentar ante sus invitados y vecinos más de lo que eran o tenían. Esta versión la he recogido de dos fuentes distintas: el testimonio de una antigua señora de Lima avecindada a fines de siglo en la calle del General (mi abuela materna), que sufrió un tanto con el estruendo de las mentadas fiestas, y el dicho de un militar entonces oficial acantonado en el cuartel de Santa Catalina (mi padre) que, como sus compañeros, era asiduo concurrente a las fiestas de las alegres colombianitas.” (Hildebrandt 1994, 235)
Rápidamente el término se generalizó para designar a las personas que, en base a gestos, vestimenta y modos de hablar y comportarse, buscaban aparentar “ser más” de lo que en realidad eran. Este “ser más” tiene que ver con un estándar social en primer lugar, pero también cultural, y es relativo a los grupos a los que se aspira pertenecer.
Entonces podríamos decir que el origen del huachafo es, antes que estético, social. Y es éste aspecto fundamental el que lo diferencia de lo kitsch o lo cursi (palabra española equivalente): Mientras estas palabras designan “únicamente la oposición sustancial entre el espíritu y la forma de expresión en general, sin tener en cuenta el factor social. El hombre cursi [o el hombre kitsch] fracasa en una pretensión estética; el huachafo en una pretensión social o cultural” (Schwab 1940, 19)
Héctor Velarde se refiere a ésta diferencia en términos de la relación entre la figura y el fondo de las cosas. Para el autor, lo huachafo se da cuando la forma supera al fondo, alejándose de una ideal situación de equilibrio entre un factor y otro. Se desprende entonces que el kitsch es la superación total del fondo por la forma[2]."

Segunda parte.


[1] “En nuestra habla familiar huachafo tiene el sentido aproximado de ‘cursi’. En uso sustantivo predomina el femenino: huachafa es la mujer de mal gusto, sobre todo en el vestir, y huachafita es la muchacha de origen modesto que presume de una situación social y económica que no tiene.” (Hildebrandt 1994, 231)
[2] “Aristóteles, que sabía mucho, dijo algo bastante cómodo y que hasta ahora se emplea. Dijo que todo tiene fondo y forma; que la serenidad se establece cuando el fondo y la forma coinciden, se equilibran o igualan; que el dolor surge cuando el fondo domina y desborda a la forma y que lo cómico estalla cuando la forma supera al fondo hasta quedar suelta y a solas.” (Velarde, Contribución al estudio de la huachafería en el arte 1966, 393)

En: Dreifuss Serrano, C. (2011). L'estetica (del huachafo) nell'architettura contemporanea a Lima. Roma: Tesi per ottenere il grado di Dottore di Ricerca in Architettura, Dipartimento di Architettura e Progettazione, Università degli Studi di Roma La Sapienza.

Referencias:
Hildebrandt, M. (1994). Peruanismos. Lima: Biblioteca Nacional de Perú.
Matos Mar, J. (2004). Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
Pezo, D. (2009). Arquitectura chicha: lo cholo en la arquitectura. In S. Bedoya, Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixtura (pp. 173-180). Lima: Biblioteca Nacional del Perú.
Schwab, F. (1940). Lo huachafo como fenómeno social. Revista 3, No. 4 , 17-18.
Velarde, H. (1966). Contribución al estudio de la huachafería en el arte. In H. Velarde, Obras completas (II) (pp. 393-196). Lima: Francisco Moncloa Editores.

sábado, 14 de mayo de 2011

Kitsch, huachafo, chicha - Bibliografía

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Alvariño Guzmán, Miguel, e Jorge Burga Bartra. Arquitectura popular en la costa peruana. Lima: Backus y Johnston, 2001.
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Berenstein Jacques, Paola. Estética da ginga. A arquitectura das favelas através da obra de Hélio Oiticica. Rio de Janeiro: Casa da Palavra, 2007 [2001].
Best, Otto F. «"Auf listige Weise Kleinhandel betreiben": Zur Etymologie von "Kitsch".» Monatshefte (University of Wisconsin Press) 70, n. 1 (Spring 1978): 45-57.
Broch, Hermann. «Kitsch and Tendentious Art [1955].» In Geist and Zeitgeist. The Spirit in an Unspiritual Age, di Hermann Broch, 31-39. New York: Counterpoint, 2002.
Broch, Hermann. «Notes on the Problem of Kitsch.» In Kitsch, the World of Bad Taste, di Gillo Dorfles. New York: Bell Publishing Company, 1966 [1950].
Bruce, Jorge. Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de San Martín de Porres, 2007.
Burga Bartra, Jorge. «Las urbanizaciones populares.» Huaca (Universidad Nacional de Ingeniería), n. 1 (1987): 15-25.
Burga Bartra, Jorge. «Tareas para el arquitecto de aquí y de hoy.» In Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixturas, di Susana Bedoya, 189-192. Lima: Biblioteca Nacional del Perú, 2009.
Caldas Torres, Patricia. Pintoresquismo en la primera periferia sur de Lima. La utopía de transplantar los estilos arquitectónicos del "viejo mundo" a la vivienda limeña, 1920-1930. Lima: Tesis para optar por el grado de Magister en Ciencias con mención en Arquitectura; Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes; Sección de Postgrado y Segunda Especialización; Universidad Nacional de Ingeniería, 2008.
Calinescu, Matei. Five Faces of Modernity. Modernism, Avant-Garde, Decadence, Kitsch, Postmodern. Durham: Duke University Press, 1995.
Chuquiruna, Octavio. «Diseñando la ciudad.» In Coloquio lo Cholo en el Perú. Migraciones y mixtura, di Susana Bedoya, 165-172. Lima: Biblioteca Nacional del Perú, 2009.
Clemente, Matteo. Estetica delle periferia urbane. Analisi semantica dei linguaggi dell'architettura spontanea. Roma: Officina Edizioni, 2005.
Crick, Philip. «Kitsch.» British Journal of Aesthetics, Vol. 23, No. 1, 1983: 48-52.
Dorfles, Gillo. Kitsch. The World of Bad Taste. New York: Bell Publishing Company, 1969 [1968].
Dreifuss Serrano, Cristina. «El mercado arquitectónico del querer (pertene)ser.» Arquitextos, No. 25, Globalización y resistencia. La inversión económica y su impacto en las ciudades, 2010: 14-17.
—. «Huaycán. A Case Study in Spontaneous Architecture.» Informality: Re-Viewing Latin American Cities. Cambridge, UK: CRASSH: The Centre for Research in the Arts, Social Sciences and Humanities, 2011.
Federico, Francesca. Gusto Kitsch. Gragnano: Associazione Culturale AvantArte, 2004.
Gargurevich Regal, Juan. «La 'chicha', cultura urbana que se resiste.» Coloquio Panamericano. Industrias culturales y diálogo de las civilizaciones en las Américas. Montreal, 2002. 2-11.
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sábado, 12 de marzo de 2011

Contribución al estudio de la huachafería en al arte II (Héctor Velarde)

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"Los genios pueden ser huachafos, como los es a veces la naturaleza. Shakespeare puede permitirse huachaferías como se permite Dios la creación de la chupa-jeringa, del pavo real y del perrito faldero, esencialmente huachafos. El genio de Rubén Darío es peligrosísimo a este respecto. Imitarlo es caer fatalmente en una huachafería. Hay flores y paisajes huachafos, pero éstos están en el orden cósmico de las cosas. Son dignos del mayor respeto. En este caso, el fondo es constante y está más allá de nuestra crítica.

La música y la arquitectura, que están más cerca de la armonía universal que del sentimentalismo humano, sólo son huachafos cuando insisten en expresar únicamente este sentimentalismo. En este caso el fondo, que no puede perecer, porque es ordenación pura de tiempo o de espacio, resulta como olvidado por la presencia de todos los atributos y formas aisladas del amor fácil y voluptuoso, del dulce recuerdo, del suspiro, de la coquetería y del dengue. En arquitectura aparecen las guirnaldas con lacitos, ninfas púdicas con el dedito en la boca, palomitas besándose, conchitas, florecillas y angelitos volando. En la música aparecen ritmos cadenciosos (generalmente de vals) con trinos, perlados y desmayos. El orden, en el fondo, permanece inalterable. Lo que hace la huachafería es la ornamentación libre, la forma suelta, el sentimentalismo meloso o patético que se aplica y cubre la estructura.

El columpio - Jean-Honoré Fragonard (1767)
En la pintura, en la escultura, la huachafería implica una compenetración y dominio íntimo de la forma sobre el fondo. Aquí la expresión humana es directa. El tema es siempre concreto y su interpretación no admite dudas. Ya no se trata tan sólo del color, la línea, la superficie o el volumen, sino de gestos y posturas definidas que llegan a hacernos sonreír con cierta pena. La forma, en este caso, se apoya sobre el fondo para superarlo con insistencia, desea acentuarlo, hacerlo perdurar eternamente por medio de mil recursos hasta que termina aniquilándolo. Si, por ejemplo, para expresar la poesía de las violetas se hace toda una alegoría de niñas vestidas de tules morados formando un bouquet y con dos faunillos a cada lado que desean cogerlas, las violetas han desaparecido y la huachafería ha triunfado.

En la vida, la huachafería es de composición elemental.

Nada primitivo es huachafo: los salvajes, los rusos, los niños.

Los niños aparecen huachafos cuando se presentan como gente mayor. Un niño de seis años con sarita y bastón es huachafosísimo. Una niñita recitando versos de amor es horrible. Da risa y lástima. La forma no sólo ha superado al fondo, sino que el fondo se convierte en miseria.

Una mujer bonita es huachafa si da saltitos, pega de grititos, se pone listones y dice tonterías para hacer resaltar su belleza. La forma se come al fondo.

Un hombre de talento es huachafo si le da por aumentarlo con el gesto importante y el discurso entonado y hueco. El fondo queda ridículo junto a la forma.

Las mujeres feas y los hombres corrientes son huachafos cuando desean lucir su vacío a fuerza de falta de naturalidad, de pulcritud, de palabritas rebuscadas, de colorcitos en el traje, de prendedores, sortijas y lamiditos de labios. Estos son los más excusables. La forma para ellos es una defensa, un biombo con el que pretenden adquirir el interés que les falta.

La huachafería se encuentra siempre al final de una evolución, ya lo hemos dicho: es un matiz risible, de perduración vana y enternecedora ante lo ya pasado y establecido.

Ese matiz fue posterior a Aristóteles."

Velarde, Héctor. "Contribución al estudio de la huachafería en el arte." In Obras completas (II), by Héctor Velarde, 393-196. Lima: Francisco Moncloa Editores, 1966.

domingo, 6 de marzo de 2011

Contribución al estudio de la huachafería en al arte I (Héctor Velarde)

"Huachafería es peruanismo.

Aristóteles, que sabía mucho, dijo algo bastante cómodo y que hasta ahora se emplea. Dijo que todo tiene fondo y forma; que la serenidad se establece cuando el fondo y la forma coinciden, se equilibran o igualan; que el dolor surge cuando el fondo domina y desborda a la forma yq eu lo cómico estalla cuando la forma supera al fondo hasta quedar suelta y a solas. Esto último está de acuerdo con Bergson: 'Una cosa es ridícula porque lo mecánico se ha aplicado a la vida'. Bergson ha tecnificado a Aristóteles. Hoy la forma es la mecánica y el fondo es la vida.

Tratemos ahora de saber que hubiera pensado Aristóteles de la huachafería. ¿Cómo actúa el fondo y cómo aparece la forma en esta expresión abundante, enternecedora y dulcete del espíritu humano?

Veámoslo.

Cuando la huachafería asoma, se observa ante todo un desequilibrio, se nota falta de estabilidad y reposo, la serenidad desaparece, el fondo y la forma no coinciden. Estamos, según Aristóteles, en el dolor o en lo ridículo. Si la huachafería estuviera únicamente en el dolor, el fondo estaría por encima de la forma y la huachafería está, por consiguiente, según Aristóteles, en la categoría de lo ridículo. Esto ya lo sabemos sin necesidad de Aristóteles, pero comprendemos que hay algo más que Aristóteles no podía percibir en su época, en que Grecia estaba aún muy armoniosa.

Estamos de acuerdo en que la huachafería es helénicamente cómica, pero eso no basta. Eso la ubica pero no la define. Es lo risible de la huachafería siempre hay algo de miseria que nos conmueve. Cuando la forma no llega a superar al fondo íntegramente, se rompe el equilibrio, vamos a lo cómico, pero no se produce la independencia de la forma que anula el dolor. La huachafería permanece lejana pero ligada al fondo; por eso hay en ella suspiros y melancolía. Este matiz en el camino que parte de la armonía para aproximarse al disparate, que sale de la unidad a la casi descomposición, se observa en el arte y en la vida con mayor claridad, gracias a Aristóteles y a lo que acabamos de exponer.

Las épocas de decadencia en la historia se producen cuando el fondo de las culturas principia a ser superado por las formas civilizadores, cuando la quietud de lo clásico comienza a perder su natural reposo para convertirse en etiqueta, academia y protocolo. La sensibilidad patética o melosa es lo que queda después de las grandes épocas de equilibrio, después del drama y la contemplación. La huachafería de Pérgamo y de Alejandría es evidente. El fin del Imperio Romano es dolorosamente huachafo. El barroco italiano es bellamente huachafo. El rococó francés es deliciosamente huachafo. El arte de 1900, el 'art nouveau', ha sido nauseabundamente huachafo. La forma trata de llenar el fondo ya perforado de esas épocas. Es el fin de un proceso. En la huachafería no se puede negar que hay una mezcla profunda de ingenio, poesía y mál gusto."

Continuará...


Velarde, Héctor. "Contribución al estudio de la huachafería en el arte." In Obras completas (II), by Héctor Velarde, 393-196. Lima: Francisco Moncloa Editores, 1966.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La huachafería reina en construcciones de Lima - Comentarios

Comentarios al artículo original publicado el 24 de enero del 2009 en El Comercio.

Ante el 'boom' de la construcción que vive Lima, los municipios multiplican sus esfuerzos para controlar la seguridad de las nuevas edificaciones, pero no se atreven a juzgar en gustos y colores. Salvo en los centros históricos de Lima y Barranco, ningún distrito regula la estética de sus fachadas o monumentos públicos.

Hay aquí una importante confusión de términos. Estética es la ciencia que estudia la relación subjetica (emocional, visceral incluso) entre sujeto y objeto, siendo este último, generalmente, una producción como lo es la arquitectura. No se puede, por lo tanto "regular" la estética. El término está siendo utilizado, de manera coloquial, en lugar de "aspecto externo" o "aspecto formal".

De todos modos, y como el mismo artículo explica líneas más a
bajo, ¿hasta qué punto es útil (o sano) que los municipios "juzguen en gustos y colores", si el fruto de dichos juicios es frecuentemente considerado huachafo? ¿Quién dio a los administradores públicos los recursos o el poder de señalar qué es lo que gusta o disgusta a la gente?

Es que tampoco existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no lo es. [...]

Esto, por supuesto, dificulta mucho la labor de artistas y arquitectos, al mismo tiempo que nos da una libertad casi absoluta. ¡Pero felizmente! Felizmente que no existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no, porque aún si existieran, éstos no garantizarían que la gente estuviese de acuerdo con los mismos. Sucedería, entonces, que "el gobierno" o "la administración" o "el municipio" establecerían parámetros que, más que probablemente, no coincidirían con la opinión de la mayoría de ciudadanos.

Similar contradicción genera la serie de esculturas que se ubica frente a la playa Agua Dulce, en Chorrillos, que busca plasmar el amor conyugal. "Son mamotretos cursis y en absoluto carentes de arte", critica el reconocido urbanista Augusto Ortiz de Zevallos.
Muy a su pesar, una decena de limusinas llega hasta allí cada sábado con parejas de recién casados que hacen cola para fotografiarse con la vilipendiada obra.

Hay entonces un abismo entre lo que piensa Ortiz de Zevallos y lo que siente el ciudadano común. Finalmente ¿para quiénes están diseñadas las ciudades? ¿Para arquitectos o profesionales afines, que pertenecen a un pequeñísimo grupo poseedor de una cierta cultura en materia de arte, arquitectura y estética? ¿O para el ciudadano común, representante de una fuerte mayoría, que quiere simplemente disfrutar de algo que le produce una experiencia estética positiva?

En este punto, el lector debe estar preguntándose si es mejor tomar partido por la opinión académica o si, por el contrario, debe respaldar el gusto popular.

Ésta es, precisamente LA pregunta.

[...] "Siempre se ha acusado a los conos de tener fachadas con mayólicas, pero la llamada huachafería también domina los barrios de clase alta, donde la imitación de arquitecturas foráneas e inadecuadas para el clima de Lima es producto del complejo y la desinformación", reflexionó Ortiz de Zevallos. Se refiere a los techos a dos aguas, chimeneas y ventanas templadas que abundan, por ejemplo, en la urbanización La Laguna, en La Molina.

Efectivamente, nadie se libra de ser huachafo (me atrevería a decir, con todo el respeto del mundo, que AOZ tampoco). Y eso no tiene nada de malo.

"Las fachadas son de todos y los dueños de los casinos no tienen derecho a imponernos semejante ruido visual", dijo Ludeña en referencia a la estridente decoración exterior de algunos locales de juego de la Av. La Marina.

Es cierto. Pero dichas fachadas también recrean pseudo-universos, pequeños mundos traídos de una realidad que nos es bastante ajena, pero que sin embargo nos gusta. Porque si esos neones, esas formas, esos recursos colocados sobre la arquitectura no gustaran a un grupo importante de gente, no estarían ahí.


El artículo, finalmente, trata el tema de manera bastante superficial. No propone soluciones, ni ideas nuevas, ni siquiera una firme postura a favor o en contra de las opiniones citadas. Pero plantea, eso sí, LA pregunta fundamental:

¿Es mejor tomar partido por la opinión académica o, por el contrario, se debe respaldar el gusto popular?

Yo quisiera agregar una pregunta adicional:

¿Por qué existe una distancia tan abismal entre una opinión y la otra?

La huachafería reina en construcciones de Lima (R. Ramón)

Ante el 'boom' de la construcción que vive Lima, los municipios multiplican sus esfuerzos para controlar la seguridad de las nuevas edificaciones, pero no se atreven a juzgar en gustos y colores. Salvo en los centros históricos de Lima y Barranco, ningún distrito regula la estética de sus fachadas o monumentos públicos.

Desde el 2006, el Reglamento Nacional de Edificaciones del Ministerio de Vivienda ordena en su primer artículo "que (la construcción) se integre a la zona de manera armónica", y aclara que son los municipios provinciales los que deben emitir normas complementarias para que esta directiva se cumpla. Sin embargo, la Gerencia de Desarrollo Urbano del concejo limeño admitió que a la fecha no existe una sola de dichas normas en la provincia.

Es que tampoco existen parámetros que establezcan qué es feo y qué no lo es. Quizá por eso, cuando Gregorio Yauri abre cada mañana la puerta de su casa, lo asalta la imagen de un malhumorado dinosaurio con aspecto de iguana. "Cuando los muertos se levanten, este nos va a defender echando fuego por la boca", dice Yauri, que confunde al reptil prehistórico con un dragón.

Desde que el monumento apareció hace seis años en la alameda que separa la Av. Plácido Jiménez del cementerio Padre Eterno, en El Agustino, los más connotados urbanistas de Lima han opinado que es de pésimo gusto. Sin embargo, el dinosaurio se ha vuelto familiar y hasta querido para Yauri y sus vecinos.

Similar contradicción genera la serie de esculturas que se ubica frente a la playa Agua Dulce, en Chorrillos, que busca plasmar el amor conyugal. "Son mamotretos cursis y en absoluto carentes de arte", critica el reconocido urbanista Augusto Ortiz de Zevallos.

Muy a su pesar, una decena de limusinas llega hasta allí cada sábado con parejas de recién casados que hacen cola para fotografiarse con la vilipendiada obra.

En este punto, el lector debe estar preguntándose si es mejor tomar partido por la opinión académica o si, por el contrario, debe respaldar el gusto popular.

Las casitas del Barrio Alto

"Siempre se ha acusado a los conos de tener fachadas con mayólicas, pero la llamada huachafería también domina los barrios de clase alta, donde la imitación de arquitecturas foráneas e inadecuadas para el clima de Lima es producto del complejo y la desinformación", reflexionó Ortiz de Zevallos. Se refiere a los techos a dos aguas, chimeneas y ventanas templadas que abundan, por ejemplo, en la urbanización La Laguna, en La Molina.

"En una ciudad donde no llueve, no se requiere calefacción y las ventanas deben estar abiertas, eso solo puede obedecer a una vanidad ingenua", sentenció a su turno el especialista Wiley Ludeña.

En un recorrido por La Molina y Surco fue fácil descubrir fachadas con forzados estilos orientales, escandinavos, coloniales y hasta medievales.

En La Molina, cerca del Cementerio de La Planicie, también se erige una escultura en forma de ala de pollo. "No la entiendo. Es horrorosa", señala la vecina Raquel Villar.

Pero si de monumentos se trata, el clip rojo que ostenta el bulevar del Parque Norte, en San Borja, ganaría un concurso de desconciertos. "Ahora cualquier cosa es arte", reclama, escéptico, el taxista Miguel Cuadros.

"Las fachadas son de todos y los dueños de los casinos no tienen derecho a imponernos semejante ruido visual", dijo Ludeña en referencia a la estridente decoración exterior de algunos locales de juego de la Av. La Marina.

Ramón Huaroto, Roxabel
En: El Comercio. 24 de enero del 2009.


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